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Versión Completa: EL HOY Y EL AYER GUINEANO...y otros relatos
FORO DE CRÓNICAS DE LA GUINEA ECUATORIAL > FORO GENERAL > RELATOS DE VIAJEROS
Páginas: 1, 2, 3, 4
malé chillida
SEÑORAS Y SEÑORES .... CON USTEDES ....

Una bella declaración ... 2320.gif


GRACIAS
guibubi
La novia desposada

En ésta fria noche decido escribirte la que será mi única y última carta, por eso debe ser sincera y por ser para tí, de amor; pues con ella quiero decirle adios a un largo tiempo que ahora sé, fué de ensoñación, situandome definitivamente en la realidad y con la edad de ambos.

...¿ Recuerdas...? Fué el destino que como un viejo patriarca estableció las condiciones para nuestro contrato; sin yo conocerte, ni tu a mí; sin habernos visto; sin tú elegirme, ni yo a tí; dijo que seriamos el uno para el otro y... para siempre.

Los dulces años de la adolescencia que permitieron conocernos y amarnos, se volvieron
amargos en la no deseada, ni buscada separación y que ingenuos de nosotros pensamos sería un adios y despedida breve...un hasta luego...momentáneo... un distanciamiento pasajero... quizas algo probatorio...un exámen.

Mil veces acudí en estos años, a mi orilla yerma para desde allí, otear la tuya y seguir viendola hermosa, frondosa, con sus intensos verdes, húmeda; percibir desde tan lejos los olores, reconocer tus voces y músicas, ver bailar tus ritmos y oir tus sones...y mil veces, cobarde de mí, me volví sin atreverme a dar el gran salto recuperador... sin reclamar mi contrato... sin consumar mi noche de bodas...

Otros más valientes han estado en tu casa...te han visitado y hablado contigo...; por ellos sé
algo más de tí desde la separación...; sé de tu actual espléndida madurez...que tambien eres suficiente y tienes vida desahogada ... me han contado que conservas los rasgos de aquella tu belleza adolescente...que por tu hospitalidad han disfrutado de tí y de todo lo tuyo...les has acompañado en sus recorridos por valles, praderas y montes...por los transparentes rios y caudalosas cascadas...que han estado en tus, y tambien de ellos, los mejores rincones de sus recuerdos...que se han reconocido en tus hijos...que han disfrutado de tus diversos colores...
Me han dicho que me esperaste durante mucho tiempo...que en tus horas de soledad me necesitaste y no acudí...que los mensajes de amor que enviaste no los recibí...que en tus noches de pasión a tus parejas, sustituí..que al final tuviste que decidir vivir sin mí...que por eso te desposaste...

No te culpo de nada y aunque tarde, si deseo liberarte de aquel contrato, pues fuí yo, quien lo incumplió...; digo en mi descargo que tampoco lo tuve fácil; yo tambien tuve que desbrozar mi bosque...abrir sendas por mi selva, plantar mis yucas y malangas, recolectar mi café...pero te aseguro que en las noches tropicales te recordé mientras miraba la Cruz del Sur y con las estrellas fugaces que cruzaban, te envié mis pensamientos y deseos...mis ilusiones... y además, mis gracias... porque las semillas que allí recojí o me diste, me ayudaron a intentar con sus frutos, tener siempre la mejor y mas bella finca...

Ahora... pronto... o algún día volveré...; no sé...; quizás quede todavía tiempo para suscribir un compromiso tal cual somos...sin ataduras ni condicionantes... ya sea una risa..., un recuerdo..., una mirada..., un beso...,lo que nos permita gozar del espacio, lugar o tiempo...o de lo que va o hay desde la temprana ensoñación a la madura realidad.
Jose Eduardo Padilla
Tu, yo y otros amantes más o menos tímidos, furtivos, apasionados o anónimos (que muchos tuvo y tiene aún y por siempre nuestro amor), sabemos que fue, es y será generosa sin límites.

Esa generosidad sin condiciones era y es, uno de sus mil escondidos embrujos amigo mío.

No te preocupes, no pienses, dale solo una oportunidad si eso deseas y ella te recibirá como siempre, sonriente, sin reproches, reproches ¿por que? , te dirá con la mirada, te mirará con dulzura y un femenino desdén ( fingido claro), como si el último encuentro hubiera sido ayer.

Solo tienes que decir, hola, ¿ como estás?
Te veo preciosa niña.

En ese momento el Fui y el Soy se funden en Uno solo con ella y el tiempo que pasó, es un fugaz instante, un pestañear del que : ..................................................................................... ¿quién se acuerda?.

Créeme, tu libertad ella te la habría exigido ahora como te la exigió entonces aunque no te acuerdes y por eso no hay reproche en su regazo.

No te atormentes, ella sabe mejor que tú mismo que la amas aún, no podrías engañarle en eso, ya la conoces, ........................................................................................................................ Ella es así.

wink.gif wink.gif
malé chillida
.. Gracias .... que fina sensibilidad la tuya para entresacar de este silencio estuporado en el que nos vemos atrapad@s una imagen tan sutíl y noble de lo que se nos ha mostrado en este retorno al ayer .... que no por afirmarse en sí mismo y demostrarnos con amabilidad que el ayer es sólo eso .. un soplo en el recuerdo ... ha dejado que nos sintieramos extranjer@s en su ahora, más al contrario, nos ha acogido con alegria y felicidad inesperadas y con su brazo sobre nuestros hombros se nos ha mostrado madura y vital .... y de nuevo acogedora y amable ..... invitándonos a volver.

Hoy es hoy, ella y nosotr@s somos l@s mism@s aunque diferentes y junt@s nos esperan aventuras intensas y plenas de amor y complicidad ... sólo tenemos que VOLVER

Kss
alicia balboa
PRECIOSO wub.gif besin.gif wub.gif
invitado_Monchita
Maravillosa metáfora.
Yop tambien pienso que,para el que quiera y lo sienta asi, es hora de recoger esos viejos amores y mirarlos de frente. No me parece una mala idea aprender a amar de otra forma...posible.
Humanizarlo con la cercania de una mirada mas real de las arrugas,los defectos, las heridas...y respeto.
Respeto de la aceptación del camino propio y libre , del descubrimiento y enriquecimiento mutuo de nuestros largos recorridos por separado.Quizá, yo tambien digo, volver a mirarnos y ...estoy segura....será de otra forma diferente.
Reconozco ese sentimiento eterno de volver siempre a lo que nos hizo felices , a lo que sabemos fue importante, y no me parece una mala fuente en la que beber para ser un poco mejores como seres humanos.
Quizá nos volvamos a encontrar o el destino nos separe para siempre...quizá un buen reto sea como transformar recuerdos bellos en algo útil y posible para todos.
Nuestra inteligencia nos dice que los grandes amores crecen con tiempo, cercania y dedicación.
Pues bien, quizá podriamos empezar por recuperar las palabras, sin las que no es posible ningun tipo de diálogo entre personas y pueblos.
Ha sido un placer charlar un rato ...Un saludo lleno de fraternidad hispano-guineana.
invitado_Moncho Núñez
Este sentido poema lo presenté a los primeros Juegos Florales de Santa Isabel el año 1961, bajo el reinado de María Barea. Naturalmente no lo premiaron. Supongo que sabreis disculpar mis 18 años.

LA CEIBA ME FORMA TECHO.

Hola, vengo de soñar
con el calor de tus noches, con la luna y con el mar.

Soñé contigo y soñé
que una flor roja es color,
que un pájaro es pensamiento,
que una palmera es amor.
Siento Guinea, te siento.

Cuando recién llegado la nostalgia hervía,
no pude comprender.
Pasaron años, meses, día a día,
y te llegué a querer.
Te quiero a ti y también quiero
a la ceiba, a tu canción,
a tu sol, a tus mujeres,
la playa y todos los seres
que en ti nacen, mueren, son.
Ya tienes a quién contar
tus risas, penas y amores,
ya tienes con quien bailar
entre el girar de tu falda.
Tu vestido es de colores,
dos colores, verde y grana.

Tu fiesta tiene sabor
de la danza milenaria
de la faena diaria,
del sonido de tantán.
Ríe y canta sin temor,
que la palma yo te daba
y la palma te darán.

En tus ríos
bebo y veo
los fríos,
las noches del Pirineo.
Tu calor,
rey del día,
tiene el dorado color
del vino de Andalucía.

Del alba quiero cantar
la luz naciente,
la estrella que se va.
Del día quiero contar
el sol caliente,
la flor que morirá.
De noche quiero mirar
luna riente
que el sueño alumbrará.

La ceiba me forma techo,
la palmera de espaldar.

Tu lluvia,
gota a gota va cayendo
y a la tierra va diciendo
cuentos que el viento contó.
El viento,
noche y día va trayendo
perfumes que fue cogiendo
de flor que nadie cortó.

La ceiba me forma techo,
la palmera de espaldar.

Tras la fiesta,
en la choza
se oye el grito del amor,
con la moza,
descansa quieto el tambor.

El aire
bordado está de silencio.

Adios. Me voy a soñar
con el calor de tus noches, con la luna y con el mar.
malé chillida
J .......... R !!!

Y donde estabas Moncho que yo no me enteraba de esta cosas ?????

Qué bello sentimiento el tuyo .. felicitaciones por ser capaz de trasladarlo a palabritas ... no acabo de entender ese << naturalmente no lo premiaron >> .... habría algún adulto por ahi intentando competir contigo wink.gif

Mi padre solía leer estas cosas en publico .. y recitar .... como dice mi madre .. << ... la voz de plata de Guinea ... >> .... hoy me encantaría poderle escuchar recitar tu poema.

Un abrazo
Jose Eduardo Padilla
Pues este sentimiento de Moncho, yo lo veo totalmente al dia y totalmente vigente.
O ¿no es así ?
Enhora buena amigo.
Coincido totalmente con Malé.
Está visto que sois una familia de artistas

GRACIAS
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invitado_Moncho Núñez
Querida Malé: En aquellas fechas, una de mis múltiples estancias en Sta Isabel, yo tabajaba en Viajes Fernando Poo, del 60 al 62, en que me volví a la Peninsula a estudiar. Gracias por tus palabras y por supuesto me hubiera encantado escuchar a tu padre diciendo mis versos. ¡Cuanto hubieran ganado!. Admiré muchas veces en ATAG su gran humanidad y calidad artística.
Y a José Eduardo también gracias. Esto son amigos.
Ramón Núñez Diácono
Cuentos de Santa Isabel, 1960

SOBREMESA

Acaba de dejar el ejemplar de EBANO sobre la mesa, junto al plato de postre en el que solo quedan la peladura de una banana y las pequeñas fibras que la recorren de punta a punta como meridianos de un extraño planeta.
En la primera plana del periódico aparece la última noticia de la eterna crisis mundial: Un paso hacia la guerra nuclear; así ha calificado un lejano político la acción del Presidente enemigo en esa guerra fría que a todo el mundo tiene helado de miedo y que sin embargo a Fernando Poo no le ha rebajado ni un ápice el termómetro, que sigue marcando por encima de la raya imaginaria que separa lo templado del calor.
La guerra nuclear. Que raras suenan esas palabras aquí, donde se respira la paz, desde las flores sin aroma del jardín, solo color, hasta el camíón de la basura que pasa maloliente, signo visible del progreso de un pueblo que aleja de sí los desperdicios.
Sobre la mesa hay algo que no sabe de politica: una botella de vino, vino tinto de Rioja. Se ha sonreido levemente al contemplar los restos de la banana y la botella sin corcho. Ante él Logroño y Santa Isabel. Sin querer piensa en aquello de lo mejor para el mejor.
Hace calor. El calor es enemigo del sueño y del trabajo al mismo tiempo. Entre las brumas del sopor siente que quisiera estar en Punta Fernanda, las manos rodeando la fría barandilla mientras escucha la dulce música de las olas extendiéndose en busca del acantilado. A lo lejos se distinguen las luces rojas de los mástiles de un petrolero que nunca falta a su cita con la noche posado, mas que flotando, en las tranquilas aguas de la bahia.
El escape de una moto le devuelve a la realidad y decide irse a la cama para seguir soñando con Punta Fernanda, uno de los muchos rincones que tiene Santa Isabel que hacen imposible la comprensión de tres palabras: Guerra Nuclear Mundial.
Moncho Núñez
malé chillida
.... leyéndote MONCHO he recordado que hace unos años explicándole a un amigo peninsular como era Santa Isabel y sus "sitios" ... a proposito de PUNTA FERNANDA ... decía yo .. un brazo de tierra que se adentra en el mar y en el que para ver las estrellas no es necesario mirar hacia arriba.... me lo has recordado

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Ramón Núñez Diácono
Amiga Malé: Seguro que haber estado alguna vez acodado en la barandilla de Punta Fernanda mirando hacia el infinito, nos ha situado en un nivel de sensibilidad ante la belleza que es imposible transmitir. (No tenemos abuela, pero no deja de ser verdad)

CUENTOS DE SANTA ISABEL. 1960.

DESDE MI JARDÍN:

Una ligera brisa mueve las hojas del lirio, que ya no ve el sol, oculto en su caida tras el rojo tejado de la casa verde de Muñoz y Gala. La ropa colgada de un alambre sueña, mientras se seca, en volver a cubrir un cuerpo, blanco o negro, que más da.
Dos marineros recorren la calle Sacramento, húmeda en la esperanza de la próxima lluvia. Pasean por parejas. Dos muchachos y dos chicas se cruzan con un ¡adiós! y un ¡hola!. Una ventana de la vivienda de solteros de Banco se abre para mostrar la cara opaca del que ha dado fín a una siesta tradía´.
Cuatro niñas esperan tranquilas a que se abra la taquilla del Cine Jardín mirando las carteleras, mientras recitan, en entusiasta rosario, los nombres de los astros y estrellas del momento y una de ellas cuenta a las demás el argumento de la película que van a ver y que conoce desde su proyección en el cine de cubierta del barco de venida.
Un ramalazo de viento agita el tallo del hibisco y hace caer a un mismo tiempo, como si quisiera demostrar algo, una hoja seca y un calcetín.
El agudo frenazo de un coche rasga el aire. Nadie se vuelve a mirar. Sabemos que no ha pasado nada. Un accidente hubiera roto, ¡sacrilegio!, la tranquila agonía de la tarde.
De una mesa en la terraza del Bar del cine se ha caido un vaso de ginebra y ha terminado formando pequeños diamantes que un día haran ilusión de tesoro a un niño, mientras el líquido, poco antes embotellado, va recorriendo en pendiente las diminutas acequias de la acera, llegando a formar el esquema lineal de un arbol sin fibra.
La taquilla del Cine se abre puntual y las cuatro niñas se lanzan en diminuta olimpiada a la conquista de un pequeño papel verde que representa tres horas de risa y de emoción, sin resquicio para la pena. Llevan en la otra mano el cucurucho de cacahuetes recien comprado, medido con el cubilete de parchís. El cartel de precios de las entradas sobre la ventanilla ve pasar por delante de él caras y caras conocidas. Cuando se acerca una nueva, extraña, la N de niños se tuerce y queda pendiente, ladeada, formando la palabra ziños 10 Ptas.
Junto a mí, distancida por el tiempo, la guitarra puntea una melodía desconocida.
La tarde, eterna enamorada del sol, se ha ido tras él en su viaje a Sirio.
Jose Eduardo Padilla
Así era y así me lo has hecho sentir otra vez.
Esperamos más.
Sin prisas.
Pero más.

GRACIAS

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Ramón Núñez Diácono
Escrito desde la nostalgía de Madrid. 1960.
¡Que alegría!, que aventura para mi alma de niño un despertar en Moka. Todo es fresco, verde y risueño. Son pocos dos ojos para tantas cosas como hay que contamplar: helechos, hierba, niebla, tejas rojas y arroyos de leyenda, caballos, pimientos, el trono del Rey de los Bubis, la Cueva de Morimó...
Desayuno con leche, leche fresca, para el paladar acostumbrado al dulzón y empalagoso sabor de la leche condensada de todos los días allá abajo. Es como una ceremonia mojar en ella el pan con mantequilla y sentirla después gotear por las comisuras de los labios, excedentes de la capacidad de mi boca.
Todavía hay rocio en el prado que rodea la casa, y paso a paso también los calcetines se empapan de humedad. La pista de tenis está encharcada. Anoche llovió. La Iglesia, de madera, vacía, pequeña, oscura y luminosa, con la presencia permanente de Tom Sawyer, para mí.
¡Vamos al río!. Tras la Casa del Gobernador, la cuesta abajo corriendo y el frágil puente de palos carcomidos a cuya sombra practicar el dificil arte de cazar renacuajos con la mano. A la derecha un cercado de vacas convierte en muy valiente al que pasa su frontera para gritar bajito ¡Eh, toro!.
Algo serpentea entre los matorrales y produce un sobresalto colectivo. Correr río abajo saltando de roca en roca. Dar palmadas y hacer galopar caballos hacia el bosque. Volver a casa escalando zarzas hasta dejarse piel y pantalones. Y alli un buen plato de judías verdes, recién cogidas y un filete de vaca, que no cebú, y después jugar escapados del obligado silencio de la siesta para casi saltarle un ojo al amigo con una espada-palo victoriosa.
Luego, por la tarde, en comitiva, el largo paseo de toda la familia hacia el poblado y la escuela, tan llena de rincones increibles recorridos en la breve parada de visita y seguir a la cooperativa donde comprar lo de mañana.
Se regresa a esperar la anochecida oyendo los cuentos soñados del tío Ramón, sentados en la escalera del porche, todos alrededor.
Luz de quinqué de petroleo, la chimenea encendida matando relentes y un libro de pintar colores en esbozadas flores sin color.
Mañana mataremos a pedradas respetuosas de distancia a la mamba verde que asustó a la lavandera. O iremos a bañarnos al profundo meandro de la umbría. O...
Si tuviera un mañana allí.
Jose Eduardo Padilla
Así era Moka cuando eramos solo niños.
Así la veiamos y así la disfrutábamos.

Si señor.

Gracias moncho.

P.D.
(Y así sigue siendo, eso es lo maravilloso)
Moncho Núñez
Cuentos de Santa Isabel. 1960.

La Jura.

Hay un redoble en el aire con vida de tambor. Ya todo ha pasado. Las torres de la Catedral, alma de rascacielos, han escuchado la voz unísona de veinte gargantas rezando esa viejas palabras que huelen a polvora: ¡"Si, Juramos"!.

Las tachuelas de las botas han vuelto, como cada año, a repiquetear marciales sobre las baldosas, entre los bancos de la Plaza de España, testigos silenciosos de promesas a la patria y juramentos de amor.

Después del desfile, cuando la gente, hormiguero de espectadores, empieza a dispersarse, es cuando se siente cada uno por él y por todos mas español que nunca.

Los niños se agrupan estáticos alrededor de unos morteros, guerreros en reserva y los aviones militares dan la última pasada besando las altas palmeras, mientras el sonido de su motor sueña con hacer vibrar las cristaleras polícromas inexistentes en la pequeña capilla vegetal. El tejado de la Misión ha cumplido bien la función de mirador alpino para escaladores de salón.

Y el final de la mañana llega en una mesa del Chiringuito, con un vaso de cerveza fría delante y la mirada perdida en el mar, en busca de un cayuco.
Jose Eduardo Padilla
Como siempre Moncho, es facil acompañarte en tus evocaciones.
Son nuestras.
De todos.
Las revivimos contigo.
La mirada perdida buscando un cayuco......................................¡ así ocurrio muchas veces supongo que a muchos de nosotros !.
¡ Exactamente así !

Abrazos
fernando el africano
Me ha encantado el verso de Moncho que nos tenía oculto su poder poético desde sus dieciocho años, y con mi reconocimiento de que la poesía no es mi fuerte, os envío esta que hice para la presentación de mi último libro, que si no es poética si me parece simpática :

Me permito presentarme a los que saben de mi nombre
a Guinea llegué con ochos años y allí me hice un hombre,
veintidos años de quinina,atepe, ñanga-ñanga y sol,
formaron mi carácter al calor como un buen crisol.

Organicé el baloncesto, jugando y poniendo hasta la cesta,
fuí fundador y secretario del Club Marítimo de pesca,
secretario del Casino y de la Agrupación teatral,
fuí actor, jugador, yo creo que no está del todo mal.

Primer estudiante que hizo el Bachillerato completo,
que eran siete años en el Instituto Colonial, repleto.
Hice en Punta Fernanda con mosquetón, el servicio militar
aunque en esta novela hay otras historias que contar.

El libro está escrito contando la realidad con emoción,
con datos históricos, fechas, personas, y su evolución,
como se perdió por desidia política y total desconocimiento,
se cuenta vida, costumbres, autonomía justo hasta ese evento.

Espero os sirva de recordatorio, de hábitos, expresiones,
paisajes, excursiones, baleles, lugares y canciones,
recordar los momentos buenos, olvidar los malos ratos,
el potopoto, la nigua, el jen-jen, ser siempre sensatos.

Fernando El Africano
Moncho Núñez
Esta pequeñez la escribí en 1960.
Ha reaparecido ahora y parece que tiene ganas de salir a dar una vuelta, desde los jardines de Punta Fernanda a tomarse una copa en Punta Cristina.

RETABLO DE SANTA ISABEL

¿Qué haces montada en esa vieja herradura, mirando al norte de una isla que se inclina al sur?

Te cubriste de traiciones alzando tras de ti la mole inmensa de un picacho que no acaba de crecer.

Te rodeaste de flores y palmeras que son como verde peineta de fiesta roja. Y tu cuerpo, voluptuoso, tendido al sol de tus propias playas, esperaba… esperaba…

Y llegó tu amante. Torso oscuro en largo cayuco que rompe el horizonte. Sus hijos poblaron tus silencios y sonreíste feliz al viejo continente que te mira, sereno, entre la bruma del mar.

Tu supiste de noches de amores en largas veladas sin fin en el tiempo.
Tu supiste de ríos que corren, refrescan tu carne y buscan el mar.
Tu supiste de fríos en cumbres y sol en los valles, profundos, tranquilos, de plata y cristal.

Pero un día…El mismo viento que te acariciaba trajo a tus playas madera y lona mezcladas formando navíos extraños. Blancos marinos llevaban delante un palo de palo cruzado y hablaban sonidos extraños que no comprendías.

Pasó el tiempo, vieja palabra que en ti no tiene sentido, y también descubrieron tu alma.

Habían llegado al final de todos los viajes, de todas sus búsquedas.

Negro y blanco en tu faz de gris y verde.

Permanece, no cambies. Continúa siempre montada en esa vieja herradura, mirando al norte de una isla que se inclina al sur.
rosen
Fernando el Africano, ¿podrías decirme otra vez el título de tu libro del que hablas? Creo que lo has dicho ya, pero no me acuerdo. Gracias.
Moncho Núñez
Rosén, por si Fernando no aparece por esta página en unos días, te contesto por él.
Tiene, que yo sepa, dos libros, imprescindibles en nuestras bibliotecas.
Uno: "El paraiso verde perdido" de Fernando García Gimeno. Editorial PUES S.L.
Dos: "Fernando el Africano" de Fernando García Gimeno. Editorial Arco Press.
Son de lectura rápida, pues una vez empezados no hay modo de dejarlos. Ideales para el verano.
El método de compra que nunca me ha fallado es (perdón por la propaganda) encargarlos en el punto de información de la librería de El Corte Inglés.
Moncho Núñez
Rosén, por si Fernando no aparece por esta página en unos días, te contesto por él.
Tiene, que yo sepa, dos libros, imprescindibles en nuestras bibliotecas.
Uno: "El paraiso verde perdido" de Fernando García Gimeno. Editorial PUES S.L.
Dos: "Fernando el Africano" de Fernando García Gimeno. Editorial Arco Press.
Son de lectura rápida, pues una vez empezados no hay modo de dejarlos. Ideales para el verano.
El método de compra que nunca me ha fallado es (perdón por la propaganda) encargarlos en el punto de información de la librería de El Corte Inglés.
rosen
Gracias Moncho Núñez.Miraré a ver si los encuentro.
bolado
"fernando el africano" me lo acaban de enviar hace 10 días los de www.casadellibro.com
lo tienen en su catálogo
rosen
Gracias Bolado. Ambolos. ROSEN ARNAIZ.
Moncho Núñez
VALLES PARALELOS

Hay, sobre todo, dos imágenes hermosas que me pertenecen, que me son importantes en la cultura adquirida por quien viene de fuera, que no es la que me dieron, sino la que he cogido de andar por ahí, a las que sigo acariciando y arrullo desde la estepa.
Mi más antiguo recuerdo de lo vasco está a cinco mil kilómetros de distancia y a miles de años de añoranza y lejanía. En Africa, en el centro teórico de Africa, Guinea, donde llueve más que en ningún sitio, tan distante aquel allí de mí aquí, secarral en la sequía de siempre.
La Colonia. En la Colonia, los coloniales establecen extraños lazos, amistades insondables, inexplicables alianzas sentimentales que pueden durar toda una vida o toda una noche. En el centro de la red que urdieron los demás, mis demás, en la Colonia, están los domingos, la excursión de los domingos a la finca de los amigos vascos tan queridos, carretera y camión, carroza tambaleante descapotada, llena de sillas, de niños y mayores, divertidos y envidiados, avanzando por la cinta asfaltada, carretera y camión y ronroneo, entre los tres pisos vegetales de la selva, los mil niveles del verde lujuriante, desde la hierba que tapiza el seco potopoto de mañana, hasta la ceiba, solitaria, vecina de otra ceiba solitaria a la que mira por encima de la selva, glomérulos de bróculi infinito, en todos los grados de la vista. Y debajo el camión, excursionero de domingo ecuatorial, hacia la finca, hacia la casa de la finca, tropezando con millonarias ramas de cafeto a las que se puede arrancar las bolas verdes, redondas y amarguientas al mordisco que, rompiéndolas, hacen brotar las frescas medioesferas de café, blanquecinas y sedosas, que crean la ilusión de dejar la sed solo en recuerdo.
La luz es entreverde, el aire limpio y la humedad es tanta que se hace deseosa la entrada en la explanada, delante de la casa de la finca, secaderos de café, tostaderos de café, poblado de los braceros del café a la izquierda y delante del parado camión una escalera que trepa entre la fuerza del sol y la esperanza del amigo, el bacalao al pill-pill o la paella, el whisky, el agua de Vichy, los butacones de anchas maderas y cojines envolviendo miraguanos. La luz, dominada por los años y el saber aprendido cada día, se filtra justamente en la medida querida del momento por entre complicadas celosías que la dejan llegar refilonada a iluminar mi conservado recuerdo que decía. En las paredes del comedor colonial, como otros muchos, la distinta presencia de los cuadros, pequeños, como el palmo, un poco bajos, colocados en todos los pilares, marco oscuro, de color de madera renegrida, enmarcando los fieltros recortados, superpuestos, que componen paisajes tan parejos a los paisajes míos desde siempre. Onduladas colinas que resaltan sobre el azul del fondo su verdura y dejan en los bajos de las curvas suponer que asoma el mar en lo lejano. Casero y neska se miran a los ojos complacidos, rodeados de ovejas y de metas, un grupo de hayas o de robles y al fondo el humeante caserío sempiterno del que algún día partieron los que hoy, en el hoy colonial y caluroso, nos ofrecen la abierta sonrisa de los vascos, su soledad de finqueros tropicales y un seguro de que mañana veré como se cambian los fieltros recortados en los más bellos paisajes de su tierra.
Yo creo en la herejía de decir y sentir, con quien los ha visto también en su momento, el parecido de dos valles como el de Moka, allí, en los lejanos recovecos del recuerdo, y el de Regil en la Guipúzcoa de ahora tan cercana, los dos vistos desde el llegar en alto, desde arriba, verdes, nieblosos, pincelados de casitas y cabañas. Voy a Regil como quien va peregrino al templo de sus más inalcanzables añoranzas, al santuario de lo que un día perdí, mi Moka, rincón en que quisiera volver a refugiarme cansado de no estarle, desesperadamente triste y solo por la ausencia, a que su lluvia me lave la nostalgia y el sol me ilusione de mañanas escondidas en la bruma. Valles como ningunos entre los valles, tan plagados de impresiones pequeñitas, como los cuadros de fieltros superpuestos en la memoria lejana de mis días.
paco alonso
Moncho:

Simplemente..... ¡Te comprendo!

y a la vez te envidio por haber encontrado un lugar (aquí en España) que te traiga recuerdos tan bonitos de nuestra añorada tierra guineana. 3307.gif 3307.gif

Un abrazo,
Paco Alonso
westy
¡SUBLIME MONCHO!.... ME HA GUSTADO MUCHO TU DESCRIPCIÓN ...ESA IMAGEN Y SEMEJANZA DE CIERTOS VALLES DE LA COLOSAL EUSKADI Y DE N/ COLOSAL GUINEA...Y ES QUE ADEMÁS TIENES RAZÓN.....LOS QUE CONOCEMOS ESOS SITIOS SABEMOS BIÉN DE QUE HABLAMOS....
Jose Eduardo Padilla
....................................................Yo creo en la herejía de decir y sentir, con quien los ha visto también en su momento, el parecido de dos valles como el de Moka, allí, en los lejanos recovecos del recuerdo, y el de Regil en la Guipúzcoa de ahora tan cercana, los dos vistos desde el llegar en alto, desde arriba, verdes, nieblosos, pincelados de casitas y cabañas. Voy a Regil como quien va peregrino al templo de sus más inalcanzables añoranzas, al santuario de lo que un día perdí, mi Moka, rincón en que quisiera volver a refugiarme cansado de no estarle, desesperadamente triste y solo por la ausencia, a que su lluvia me lave la nostalgia y el sol me ilusione de mañanas escondidas en la bruma. Valles como ningunos entre los valles, tan plagados de impresiones pequeñitas, como los cuadros de fieltros superpuestos en la memoria lejana de mis días.
...............................

Como te entiendo Moncho, tu has sabido contarlo.
Ese sobresalto del corazón yo lo he sentido como tu dices, alguna mañana de primavera en algún valle recóndito y perdido, en este caso de Asturias.
No sabria nombrarlo, de eso hace ya tiempo, pero se que mis ojos trataban de alcanzar mas allá, escudriñar cada revuelta de la trocha, de querer creer con toda mi alma que a la vuelta del recodo de la senda, bajo la penumbra del sol tamizado de ramajes y copas de árboles tupidos, apareceria algún faisan azulado, veria un aguila en el cielo o me cruzaria con algún cazador bubi.

Como te comprendo.
¡ Chapó !
ely pinto
Precioso tu relato, Moncho. Como te comprendo. Durante mucho tiempo, despues de que vinieramos de Guinea, hemos viajado, con mi padre a la cabeza por rincones del Norte de España tratando de encontrar lugares cuyo paisaje se asemejara a lo que tu describes...
Gracias.
besin.gif
Moncho Núñez
EL MISTERIO DE LA FOTO DE MARILYN.

Uno de los grandes descubrimientos que hicimos los chicos al pasar del Instituto viejo de la

Misión Católica al nuevo y reluciente Cardenal Cisneros es que ya éramos muy mayores. Teníamos

nada menos que trece años y empezamos a darnos cuenta que las chicas no eran solamente unas

compañeras de estudios o de juegos. Eran unos seres estúpidos cuya principal actividad era estar

siempre fastidiándonos, convirtiéndose en una obsesión, tanto en las conversaciones como en las

presencias. Si no venían, íbamos. Resultado, siempre íbamos.


De antes, en esa relación de genero, solo recuerdo la indiscreción de la escalera de caracol de

hierro forjado, situada en la esquina del gran patio de la Misión, junto a la Plaza de España, que

daba acceso al primer piso donde estaban las aulas y nuestra costumbre de situarnos debajo

mientras ellas subían a la carrera dejando entrever enaguas y puntillas a través de los escalones

calados. Pero sin ninguna mala intención.

Como consecuencia de aquella curiosidad que empezábamos a sentir nos pareció de lo más

interesante la información que alguien trajo de que en la Biblioteca, que estaba también en los

bajos de la Misión, con entrada por la calle Jesús, había una revista en la que salía la foto de una

mujer desnuda. Nos conjuramos todos y por la tarde hicimos una masiva aparición en la biblioteca,

nos dirigimos a la mesa sobre la que estaban las revistas, encontramos la que buscábamos, una

LIFE, y en la que, en efecto, estaba la famosa foto de Marilyn desnuda, acostada sobre un fondo de

terciopelo rojo. Y allí estuvimos un rato contemplando detenidamente la obra de arte, apreciando el

enfoque, la luz, etc., aunque no pudimos entender ni siquiera el pie de foto pues estaba en

correcto inglés.

Me imagino la sorpresa de D. José Montenegro, Director de la Biblioteca, que nos contemplaba

desde el fondo, al ver reunido y muy concentrado al grupo compuesto por elementos hasta ahora

tan poco asiduos a los placeres de la lectura pública.

De la misma manera que entramos salimos, quedando para el día siguiente en repetir la visita,

por si quedaba alguna faceta de la artística fotografía que nos faltara por apreciar.

Y así volvimos la tarde siguiente a la Biblioteca, nos instalamos ante la mesa revistera,

localizamos el ejemplar de LIFE, pero, oh misterio inesperado, faltaba la hoja con la imagen de

Marilyn. Comprobamos la desaparición una y otra vez y, aunque no sabíamos inglés, si apreciamos

claramente un salto en la numeración de las páginas.

De modo que uno tras otro, la cabeza gacha, fuimos saliendo de la sala de lectura con la

firme intención de nunca más volver.

El misterio se quedó sin resolver. En la conversación que sostuvimos inmediatamente, sentados

en un banco de la Plaza de España, nos formulamos insistentemente un par de preguntas: ¿Fue

don José Montenegro el que, investigando después el objeto de nuestro interés, eliminó la hoja

para evitar la pérdida de valores morales de los componentes del variopinto grupo?. Estaba claro

que nunca se lo podríamos preguntar.

O la hoja fue arrancada por alguno de nosotros, Paco, Pera, José Antonio, Angel, yo…, que se

adelantó a nuestra segunda visita y se quedó él solo con el tesoro que todos anhelábamos poseer.

Durante el resto de la tarde nos cruzamos aviesas miradas cargadas de sospechas.

Después he visto la susodicha foto innumerables veces, pero hasta hoy, en algunos momentos y

por sorpresa, me asalta la duda. ¿Que se hizo de la foto de Marilyn?.
Jose Eduardo Padilla
Ante la falta de reacciones, veo que..............................................nada ha cambiado, aquello caló hondo.
wink.gif cool.gif laugh.gif
westy
Moncho...muy buen relato....impregnado de esa época juvenil...y locuela....

De la fotografía que describes....me acuerdo perfectamente.....ya que creo fué comentada en todas

partes...

Yo la ví....pero no temas ...no es la de la Biblioteca, pues la observé enterita en una revista Life....que

cayó en mis manos...en Barcelona...y...por lo tanto ...el misterio sigue......y...seguirá ..por lo que veo...

¡Un abrazo!
rosen
Yo creo que, el Sr. Montenegro, al mirar qué cosa podríais estar mirando con tanto interés lo vió, arrancó la hoja y se la llevó a su casa y la puso de poster en su habitación. wink.gif biggrin.gif
guibubi
...voy a descubrir la verdad de lo que paso;

... una noche, a ultima hora, con la biblioteca cerrada y solo con el resplandor de las luces que entraban desde la Plaza de España, vi que Old Shaterdan, el de rifle Henry y Winnetou, el de la carabina de plata, de la mano de Zaney Grey bajaban de una estanteria y se dirigieron al Life...arrancaron la hoja y se volvieron a introducir en la novela " El jefe de los siux"... ;no hay mas secretos ni otras personas...ignoro que hicieron con ella (con la hoja); quizas la raptaron para cambiarla por algun alazan...

...habia muchas otras "Marylines" in Live a nuestro alrededor que contemplar y admirar...

Las cosas siempre son mas sencillas de lo que pensamos...¡ de nada...!!
nkue
malanga
Valles paralelos que cruzan paisajes de lo que fuimos y lo que somos.
Ese escrito corto esta lleno de nostalgia y poesía y quizá habla de cómo es imposible desprenderse de los paisajes de la infancia, esos que dicen tanto de lo que somos.La vida ha continuado después de aquella ausencia y , a veces, lo que parecía que se había olvidado reaparece..para recordarnos lo importante que fue .
Comparto el sentimiento de ese momento y agradezco la oportunidad de acercarme a los valles paralelos de Moncho Núñez...y siguiendo con Marilyn..

...quiero decir algo..es imposible atraparla. NO INTENTEIS retenerla porque ella nunca fue de nadie. Detrás de aquella fascinante imagen de rubia platino prometedora de noches de lujuria y pasión estaba la mirada triste de una mujer que pedía desesperadamente algo mas..sus curvas fascinaban a los hombres ,pero , su mirada me cautivo a mi. Yo me olvide de Marilyn el día que descubrí a Norma en aquellos ojos ..y por razones diferentes , caí rendida a sus encantos en la gran pantalla, seguí aquellas irrepetibles interpretaciones??..o quizá ..era allí donde ella era mas autentica porque era allí donde podía hablar de ella misma. Yo cuando la veo disfrutando frívolamente de sus faldas al viento o semidesnuda descansando sobre terciopelo rojo solo veo a Norma y me entran unas ganas enormes de protegerla...Bueno, chicos, podéis seguir soñando con Marilyn...pero, no penséis en retenerla porque ella nunca fue de nadie y eso que quizá a ella la hizo desgraciada, la hizo también ETERNA

...al final consiguió su objetivo, consiguió que no pudiéramos olvidarla.
malé chillida
Hace años descubrí INTERNET ... hace años eso me permitió conocer a mucha gente estupenda, entre ellas una maestra, que tras la independencia de Guinea fue enviada alli para continuar la enseñanza en el Instituto .... hoy revisando algunas cosas he encontrado esto que os dejo aqui .... sobre todo porque salvando las distancias, mi amiga quedó igual de embrujada que nosotr@s y fue igualmente expulsada con el resto de sus compañer@s ..... por espias de la CIA!!!! ... eran los tiempos del MACIAS.

<< ... Tienes razón, yo llegué a Malabo en el año 1977, y el 2 de marzo del 78 me marché de allí (como tú, sin ganas de irme) y ya no he vuelto más.

Yo tenía 22 años y acababa de terminar la carrera. Junto a unos compañeros fuimos contratados como profesores en el Instituto Rey Malabo . ¿Recuerdas el Instituto?, ¿estudiaste allí?
Mi casa estaba en el recinto de Afripesca (donde guardaban el jurel congelado que los rusos daban al pueblo guineano a cambio de un expolio total), por eso te di como pista la metáfora "donde tiritaban los peces". El hotel al que me refería no era el Bahía, que estaba tal y como tú recuerdas, sino el Ureka. No debía estar hecho cuando tú te fuiste, sin embargo yo lo conocí en un abandono total. Al lado estaba también la Embajada de España, sin embajador: en aquella época, la última de Macias recluído en Mongomo, estaban rotas las relaciones diplomáticas con España.

Hay tantas cosas para contar. Seguiré mañana. Sólo te avanzaré que la gente era encantadora. Nos querían simplemente por ser españoles. Yo me llevaba muy bien con todo el mundo. En muchas ocasiones gente que no conocía le daban a mi querida $$$ -la chica que cuidaba la casa y guisaba- piñas y papayas para mí. ¿Y qué te puedo decir de mis alumnos -los primeros que he tenido-, eran geniales.

Ah, yo también he estado en esa playa que dices. Era de arena blanca y los cocoteros llegaban hasta la orilla. No sé si recuerdas que por el camino de acceso había que protegerse los brazos y las piernas para evitar las picaduras de los mosquitos. ¿Recuerdas los mosquitos? ¿y las arañas mona o arañas peludas, la mamba verde y la mamba negra? .... >>

<< ..... Es verdad, no pensé que los nombres que se usaban durante la colonia ya no se usaban cuando estuve yo. Fíjate que Macías incluso había prohibido poner nombres españoles a los niños.

En el Instituto los alumnos tenían un nombre español, que era el que preferían usar, y otro del país de uso "oficial" para las listas de clase. Recuerdo a una alumna, por ejemplo, que se llamaba $$$$ , y su nombre local era Moñongo. La pobre lo odiaba.

( aqui vendría el nombre de una persona que oculto por seguridad de ella misma .. por si un pos si acaso ) , de la que ya te he hablado, tenía un hijo y quiso que yo lo bautizara. Lo hicimos a escondidas con varias familias más, el oficiante era un sacerdote blanco muy viejo y con problemas evidentes de vista. La elección del nombre por parte de &&& (ella era Pagalu, es decir de Annobón) fue muy curiosa: eligió como nombre español Toribio; Jangus como nombre del país; y Jean Paul porque a ella le gustaba y además porque decía que el padre era un marinero camerunés.

Era tremenda . Yo la quería mucho y ella me adoraba. Cuando Macias (y Teodoro, claro) nos expulsaron del país por considerarnos espias de la CIA y agentes del Imperialismo Internacional (pero esto ya es otra historia ...), $$$ me pedía que me la trajese a España metida en una maleta. Era estupenda. Si vieras la ilusión con que besaba las cosas que yo le traía de España, ropa interior, jabón, colonia,..

Volviendo a los topónimos. No sabía cuál escoger para la contraseña. Dudé entre el pico Basilé; la aldea de Moka, en el valle del mismo nombre; Ureka, al sur; o tal vez el nombre del espíritu que habita la cueva de Moka, el Morimó..... >>

<< ... El mercado de Malabo era todo un espectáculo. Aunque te puedo asegurar que nunca iba allí a comprar. Sólo a ver, a observar, por pura curiosidad. Y no demasiadas veces. Había cosas allí que me quitaban las ganas de comer: ratas de bosque (grombif en pichinglis -el inglés pidgin que hablaban casi todos-) muertas y colgadas del rabo, o asadas enteras como un cochinillo; algún mono -era lo que más me impresionaba-; aceite de palmiste; algo de malanga, yuca, ñame; topé y malamba; y macarrones sueltos: montoncitos de 5 o 6 macarrones.
Nosotros nos traíamos casi toda la comida de España. Íbamos cargados al máximo en el avión, pagando siempre -claro está- el exceso de equipaje. Unos 150 kilos cada uno de los compañeros cada tres meses: llevábamos huevos -unas 8 docenas-, pasta, leche en polvo, aceite, chorizo, atún, galletas, azúcar, sal, legumbres, jabón, detergente, lejía, estropajos, bayetas, champú, gel de baño, detífrico, cepillos.... en fin, todo lo necesario, y además muchas, muchísimas sopas de sobre. En mi temporada en Malabo no había tiendas, ni bares, ni restaurantes, ni electricidad (nos arreglábamos, por suerte, con grupos electrógenos), ni apenas nada de lo que acostumbramos a usar aquí.
Pero también consumíamos productos autóctonos: naranjas de color verde ¿te acuerdas?, deliciosas papayas para desayunar (decían que una vez que te has acostumbrado al sabor de la papaya ya no puedes olvidar Guinea), mangos, coco tierno, bananas de toda clase (de sabor espectacular y textura inolvidable), plátanos para freír; cangrejos de bosque (deliciosos con grin), grafish -una especie de gambas un poco sosas-, sopa de hoja de malanga y pescado fresco que encargábamos a unos valientes pescadores que con un mango de paraguas afilado practicaban la pesca submarina: nos conseguían ejemplares de hasta 10 kilos -colorao y palometa-, les pagábamos con ekuelé, nos lo limpiaban y lo repartíamos después con ellos. Nuestra parte la congelábamos para ir sacando, ya que no era muy frecuente la pesca (en Malabo estaba prohibido pescar con cayuco -por si se escapaban- y los tiburones hacían peligrosa esta clase de pesca). Una vez, después de mucho tiempo sin probar la carne, un cazador nos proporcionó un antílope. Fue tremendo, al volver a casa, me encontré el antílope dentro de la casa vivo y encaramado en una butaca. Me costó mucho probarlo, no es fácil asumir que te vas a comer un animal que has visto vivo poco antes. También comimos una vez tortuga carey. Para variar la trajeron viva también. El mismo nativo que la cazó, la mató y nos la cocinó. Estaba buena, no sabía a carne ni a pescado. Nos propusieron comer serpiente, pero hasta ahí no llegamos.... >>


Dicen que el mundo es un pañuelo, no??

KSS
rosen
Para esta chica, llegar allí con 22 años como profesora tuvo que ser muy fuerte para ella. Me gustaría saber su experiencia como profesora allí. Con un cambio de cultura tan distinta. Y menos mal que los dejaron marchar sin más....
fernando el africano
Como veo que Moncho y otros fantásticos poetas, estaís haciendco revivals, me permito poner algunos retazos de las dedicatorias que he puesto en mis novelas, y que espero sus receptores me perdone mi licencia.
A una persona accidentada en cama, le dediqué :

Deja pastillas, potingues e inyecciones
y sana leyendo en la novela emociones,
que el calor de las tierras africanas,
es mejor que zumos, caldos y tizanas.

Lucha, asusta a elefantes y serpientes,
estruja cocodrilos con ímpetus crecientes,
contempla el sol derritiendo al acero,
y que mejores del todo, eso quiero.

No te pasaré más llamadas y recados,
hasta que tu alta me cuminiquen los hados,
y que no se repita este accidente,
y te vea de nuevo amable y sonriente.

A una maestra que se vino de Guinea :

Julia, mujer que tiene añoranza africana,
que ahora vive en el sol de la tierra valenciana,
fuiste maestra del bubi, del fang, del niño nativo,
y pese a todo te echaron sin motivo.

Cuando oigo de Memorias de África la dulce canción,
lloro de nostalgia y con dolor se acelera mi corazón,
así pienso te pasa a ti Julia, al evocar esa maravilla,
que era tu isla donde viviste desde chiquilla.

Crecimos como las palmeras mirando al cielo,
y al tener que partir nuestro corazón se quedó hielo,
pero hay que recordar los gozos y buenos momentos,
olvidar el sufrimiento, la injusticia y los malos eventos.

Dedicada a Maribel Gómez una de las "niñas de Basilé" :

Gómez tuvo tres hijas, y Maribel fue una,
en Fernando Poo nació, y tuvo su cuna,
Basilé y sus monjas oyeron sus risas,
el jen-jen le picó y su piel hizo trizas.

La quinina, como el atepe fueron su desayuno,
la malaria y el paludismo ocuparon turno,
pero todos recordamos con cariño aquello,
donde dejamos juventud y todo era bello.

Fernando El Africano
Moncho Núñez
.
Moncho Núñez
VUELVO A ESTE QUERIDO RINCON, SACO EL CUADERNO Y ESCRIBO:
VIAJE DE IDA AL PASADO.

UNO.

Detrás de los visillos, la dorada luz del otoño adquiere tonalidades antiguas, copiadas de

recuerdos olvidados, como esos cromos de peponas y angelitos de colores para pegar en

las contraportadas de las enciclopedias, aquellas que servían para estudiar y más o

menos aprender de todo un poco durante años y años, mientras los padres aguantaran

el crecer de las piernas y el menguar de los pantalones, un año más y luego al Instituto

prestado de los curas en la Misión, con la vieja escalera de caracol en que dejarse la piel

de las rodillas contra los arabescos del hierro forjado, subiendo o bajando a la carrera

para esperar agazapados el subir y bajar de las chicas en alocado arrebol de faldas y

puntillas, como aquellas que tiene en el recuerdo y solo en el recuerdo, imposibles de

presencias en el hoy nostálgico de aquí, contemplando la muerte de la tarde,

transparentada de nubes y de brumas, tras los copudos castaños amarillos, que

interrumpen su vista y su mirada, que busca, otra vez, como otras tantas, encontrarse

de golpe con la ceguera de no ver nada de tanto sol como entró por la puerta del avión

cuando la abrieron y se enfrentó, nunca lo quiso, había decidido hacía mucho tiempo que

eso no sucedería, y se enfrentó con su Africa, su Guinea, su tierra de siempre, como si

nada hubiera transcurrido, como si no se hubieran odiado tan profundamente,

perdonándose, sabiendo que esta vez sería, seguramente, por poco tiempo, el tiempo

justo de gastar nueve meses vacíos de otras causas y que había que llenar con las

nuevas experiencias posibles del adulto que no fue en el pasado, ante los paisajes y las

cosas que ya habían sido suyas y que casi tenía olvidadas y que iban resucitando en su

recuerdo cuando la vista las revivía, como esas viejas casas coloniales de madera, dos

pisos, el de arriba sostenido por esbeltas columnas de metal con diminutos capiteles

repetidos y repintados de verdes tantas veces, imitando el paisaje que se adivina al final

de las calles y a lo lejos, camino de la selva doméstica o del bosque, tan ausente de

fieras legendarias, que la memoria recuerda sus ausencias e inventa aventuras

deseadas que luego serán ciertas como el día, como la luz que ahora le deslumbra y le

obliga a entrecerrar los ojos y a ver, como si fueran ciertos, otra vez, los días de San

Carlos, en la rectilínea casa frente al mar que cierra el espigón del puerto, tan en el

centro de la bahía que la parte en dos mitades iguales, curvilíneas, infinitas de negras

arenas y palmeras encorvadas, a cuyos pies se acercan las espumas, las repetidas

espumas de las olas, con la cadencia que en la noche acuna, mientras el sueño le

transporta hasta la nueva mañana de otro día en que jugar con su perro “Canelito”,

cumplir años o pasear hasta el manantial transparente del abuelo,…
Jose Eduardo Padilla
Moncho, uno a veces solo tiene tiempo de entrar, ojear, leer rápidamente y apagar el chisme electrónico este.

Esta mañana leí tu texto y no tuve tiempo de comentarlo como deseaba.

Una vez, nos robaron el futuro a todos y nos lo cambiaron por baratijas de mercadillo, de fácil relumbrón.
Más o menos a todos, nos apretaron el alma y nos dejaron huérfanos de raices.
Ese es uno de los secretos de la emoción de compartir estas páginas con toda la familia guineana.

NOS ENTENDEMOS

Unicamente decirte, que no dejes que la tristeza te embargue mucho tiempo, está bien una temporada y es incluso una buena cosa para el espíritu, pero deja que poco a poco pase el tornado, siempre pasa y finalmente el sol y los cocoteros, retoman su lugar en nuestro ánimo.

Gracias por tu prosa y lo que cuentas con ella.
Son NUESTRAS cosas.
Abrazos.
2570.gif
Moncho Núñez
Amigo José Eduardo. En nosotros, en todos nosotros, en lo que decimos, escribimos y dejamos traslucir, no veo ni un asomo de tristeza y si mucho de nostalgia. La nostalgia es para mi un hermoso y creativo sentimiento en el que permanece viva la belleza de lo que tuvimos, perdimos y retenemos. Seamos nostálgicos, pero no tristes. Un abrazo,

DOS

…o pasear hasta el manantial transparente del abuelo, acanalado, que discurre más

lejos, despacioso, por entre lavanderas afanadas, telas de todos los colores tendidas a

secar sobre las negruzcas piedras de la orilla y ruedas de la gua-gua que acaba de llegar

del Norte de la isla fantástica del trópico, paraíso por suerte disfrutado como algo

natural, consustancial con la suerte que siempre le persigue, dando a la vida las mejores

texturas de la luz, plácidas formas de suaves redondeces, sol y calor, y música y

palabras, y siempre compañía deseada y tenida, amada y compartida, para andar por el

mundo sin espaldas, como sabe desde entonces, desde aquellos paseos cuesta arriba,

hasta el viejo caserón misionero con la Iglesia que encerraba las misas en capillas de

olores encontrados y penumbras, ventiladores subidos a las bóvedas para darle

movimientos verticales al aire caluroso, atravesado de latines africanos, pronunciados

como si nada, como lejano bubi originario, y a la salida, el grupo del bautizo acomodando

sonrisas en la foto que tiene en un rincón especial de su cariño en que aparece como un

niño rubio, polaco le llamaban, de pelo melenoso, sus hermanos y todos sus mayores,

tantos y tantos como siempre tuvo, en un alrededor obsesivo, como el verde del bosque

que rodea su infancia en la subida de Musola, el Parador testigo de lujos entrevistos,

entredichas orgías y partidas de poker con fortunas apostadas en la madrugada,

dejando el Parador a la izquierda en la subida, escalar hasta la cumbre y luego, tras la

pequeña bajada, ver ya la planicie de Moka deseada,
fernando el africano
Amigos Moncho y Padilla :

En realidad cuando se pasa la barrera del cincuentenario y se va ineludiblemente con la meta de ser centenario, uno se alimenta de la añoranza. Añoranza de recordar, esos años en los que se desconocían las palabras : reuma, artrosis, lumbalgia y demás inventos del cuerpo humano que como semáforos de la salud, se ponen rojos y a nosotros nos ponen morados. Pero en realidad esa añoranza nos rejuvenece nos da alegría y nos entran ganas de efectuar movimientos y saltos que en nuestra juventud no nos atrevimos a ejecutar. Tanto es así que en mi juventud tesoro perdido, me dolían los dedos de escribir, ahora se vuelven jugetones y como rascador de guitarras, la sangre llega a las yemas de los dedos y saltarines buscan las teclas de mi ordenador. Seguir contando historias de la añoranza que como tónico del corazón, pauta nuestros latidos.

Un abrazo

Fernando El Africano
fernando el africano
Amigos Moncho y Padilla :

En realidad cuando se pasa la barrera del cincuentenario y se va ineludiblemente con la meta de ser centenario, uno se alimenta de la añoranza. Añoranza de recordar, esos años en los que se desconocían las palabras : reuma, artrosis, lumbalgia y demás inventos del cuerpo humano que como semáforos de la salud, se ponen rojos y a nosotros nos ponen morados. Pero en realidad esa añoranza nos rejuvenece nos da alegría y nos entran ganas de efectuar movimientos y saltos que en nuestra juventud no nos atrevimos a ejecutar. Tanto es así que en mi juventud tesoro perdido, me dolían los dedos de escribir, ahora se vuelven jugetones y como rascador de guitarras, la sangre llega a las yemas de los dedos y saltarines buscan las teclas de mi ordenador. Seguir contando historias de la añoranza que como tónico del corazón, pauta nuestros latidos.

Un abrazo

Fernando El Africano

Fernando El Africano
Moncho Núñez
Tienes razón Fernando; tenemos que seguir contándonos historias, las nuestras...Me gusta cuando alguno de los nuevos amigos que se incorporan al Foro encuentra aquí dichos por otros una parte de sus recuerdos que tenían en parte olvidados.

TRES

…y luego en la pequeña bajada ver ya la planicie de Moka deseada, las alfombras de

helechos milenarios, los verdes de matices infinitos, las chozas del poblado originario, los

campos cultivados, los caminos y llegar, ya cumplida la mañana, a los chalets plantados

en el centro de la chorreante pradera entusiasmada, alrededor de la pista y después de

la iglesia y sentir la seguridad del arroyo, de la vaca, del caballo repetido desde el año

pasado, de la leche ordeñada en el instante, tan distinta del dulzor de la leche

condensada de todos los días, allá abajo en el origen, junto al mar, y recorrer la línea del

sendero hasta el río, hasta la poza de la umbría, bajo la enorme roca de basalto negro,

de sombras permanentes y sentir el frío penetrar en alfileres por los poros sudorosos de

la piel, que discurre, nadando, por el agua en el temor siempre presente de la serpiente

que puede asomar su cabeza triangular detrás de cada una de las ramas que se

descuelgan desde lo alto de la cúpula boscosa hasta la superficie del agua oscura, sin

transparencia, sin luz, tan olvidada, que un poco más debajo de su discurrir se convierte

en una columna vertical de espuma, la cascada del Ilache, y asomarse a verla

despeñarse hacia el infinito, con la mano asida al leve tronco quebradizo, flexible y

solitario, jalón donde muere el camino y se hace imposible seguir y hay que volver, otra

vez, por la línea de la senda, con el cruce silencioso del largo y musculoso cilindro

ondulante de la ceraster que huye de los amenazadores inconscientes caminantes que la

pierden en el sotobosque de helechos, a la vista ya de los tejados rojos, de las voces y

de la reunión vespertina, excursión incipiente de todos juntos a comprar las verduras

frescas en la cooperativa, cultivadas en las huertas del poblado de los bubis, emplazado

en la ladera, alrededor de la choza de su rey, un poco más aquí que aquella otra choza

misteriosa en la espesura del bosque, solitaria, en la que, se dice en voz baja, se

depositan las ofrendas al dios Morimó, omnipresente en ese cielo de la isla festoneado

por las copas de los árboles, altas nubes de redondeados bordes y añoranza de lejanías

olvidadas,
Raimon
Es fantástica la narración Moncho, espero el siguiente capítulo. Muchas gracias
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Jose Eduardo Padilla
Algo tengo que decirte, para que sepas que he leido tu texto.
Pero este no es el momento, mi momento, para algo mas que os mereceis tu y lo contado, algo mas especial que espero saber decir.
Si soy capaz.
Gracias amigo, no sabia de tus carrerias por...............................................................MOKA.

HAY QUE VOLVER
MALDITA SEA

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malanga
Nos alegramos que haya sacado el cuaderno y escribiera..palabras sobre lo que sabemos fue importante y hermoso. Un placer leerlas .
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