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> vivencias, todo lo que tenemos que decir
mariasun chillid...
mensaje Apr 30 2004, 03:13 PM
Publicado: #46


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Eso ya esta mejor................gracias ,Dios te lo pague con una buena solteria, jajajjaj

De donde has sacado es boca Raimon?...seguro que la has recortado de una foto de Yola Berrocal, jajajjajaj


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Mariasun

En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira


MACOELANBÁ


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alicia balboa ma...
mensaje May 1 2004, 09:19 AM
Publicado: #47


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¡¡¡¡¡¡¡¡menuda boca!!!!! ¿ de onde labeis sacao?. ohmy.gif unsure.gif Se la pongo en alguno de los mensajes a alguien y su pareja me pega un tortazo mad.gif el día 15. ¿podría ser un poquito más "decente" biggrin.gif o mas "de hermano" o "de amigo" y no eso.... :ph34r: :ph34r: :ph34r: :ph34r: De todas maneras que nadie se enfade, la boca es preciosa pero un poco insinuante smile.gif laugh.gif biggrin.gif


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...... lo que él hubiera querido.........

Nuestra WEB: http://macoelanba.org/
Nuestra tienda de arte africano: ART AFRIKA
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albert guineano
mensaje May 1 2004, 11:13 AM
Publicado: #48


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Bueno como veo que esto va de besos, yo no quiero quedarme atras que a mi me encantan los besitos.
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“No guardes nada para una ocasión especial, cada día que vives es una ocasión especial”

Albert


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albert guineano
mensaje May 1 2004, 11:15 AM
Publicado: #49


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Este dedicado a Alicia Balboa,, asi es como la veremos el día 15 M
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mariasun chillid...
mensaje May 1 2004, 06:38 PM
Publicado: #50


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La noche del 15 M en imagenes

Cuando nos veamos
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como niñ@s en el recreo
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hablaremos
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reiremos
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lloraremos
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la sala estará asi
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algun@s acabarán:
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y otr@s......los amigos de Jhony........
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pero Alicia seguirá asi
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algun@s se enamorarán (si no lo han hecho ya)
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y tod@s nos diremos hasta el año que viene ( como muyyyyyyyyyy tarde)
:ph34r:


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Jose Eduardo Pad...
mensaje Aug 3 2004, 03:12 PM
Publicado: #51


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De: Jose Eduardo padilla
Para: Guibubi

Hola Guibubi, el otro dia rebuscando en el foro cosas que leer, me topé con tu escrito sobre S.Carlos.
Me has enseñado algo que no sabia hasta que punto podria ser cierto por lo egocentricos que en general somos los seres humanos, incapaces a veces de ver más allá de dos metros en circulo de nuestra propia persona.

Me has enseñado que mi pasión, emoción y amor por los años maravillosos que viví en Guinea, no son cosas que me pasen exclusivamente a mi, hasta ahora habia llegado a pensar que así era en lineas generales, pero al menos en tu caso, cuando alguien es capaz de expresar por escrito, unas emociones como tu lo has hecho, se me disipa cualquier duda de que en eso no estoy solo y que hay más personas que "me entenderian perfectamente".

Gracias por ello amigo y un abrazo.


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Es nuestra, está viva y es por Guinea
Abrazos
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guibubi
mensaje Aug 31 2004, 02:00 PM
Publicado: #52


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.....amigo Jose Eduardo:
creo que entenderse todos los guineanos es cosa facil...todos hemos bebido la misma "leche de coco" y contar cosas bellas de nuestro "paraiso" sigue siendo igualmente facil...en eso ,como dices, no estamos solos...estabamos solos cuando no teniamos esta pagina que ha obrado el milagro de unirnos y de ratificarnos en que lo vivido fue real.
Un abrazo afectuoso
guibubi
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Moncho Núñez
mensaje Feb 21 2016, 08:38 PM
Publicado: #53


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Mi buen amigo Juan Romero Sierra tiene la suerte de vivir en Málaga. Eso podía ser definitivo para no desear nada más, pero es que Juan tuvo también la suerte de pasar unos años en Guinea, años que él mismo califica como los mejores de su vida. Somos muchos-pocos los que podemos decir lo mismo. Días de felicidad que tanto añoramos.
Juan llegó a Guinea un mes de febrero de hace más de cincuenta años y es en otro febrero de ahora que sintió la necesidad de escribir un magnífico relato, como todos los suyos, de la memoria que guarda de aquel tiempo, de la historia de aquella tierra y del destino que sufre.
Este es su relato:

GUINEA

Muchos de los amigos con que cuento en Facebook, lógicamente, no solo son amigos virtuales. La amistad tampoco es reciente. Antes incluso de que naciera Internet, ya éramos amigos. Entre otros, están aquellos que, como yo, tuvieron la fortuna de vivir en Guinea, de la que todos guardamos un recuerdo imborrable. Yo, en concreto, viví en Guinea los mejores años de mi vida. Y como yo, los demás, según me consta y sus corazones proclaman, no a voz en grito, sino como el corazón sabe expresar lo que siente: reservando un lugar en lo más profundo de su cavidad para aquello que verdaderamente ama, hasta formar parte de él y acompañarle dondequiera que vaya.

Algún día alguien escribirá la epopeya (o tragedia, según se mire) de la República de Guinea Ecuatorial, hasta el 12 de octubre de 1968 colonia española primero, y después, a partir de 1959, provincias de ultramar, condición que entrañaba los mismos deberes y derechos que regían para las demás provincias españolas, a las que se sumaron Río Muni, en el continente, y Fernando Poo, que comprendía las diversas islas que hoy completan el mapa geográfico de la joven nación, próxima al Ecuador, circunstancia a la que debe nombre, clima, flora, fauna y exuberancia.

Y cuando ese alguien decida poner manos a la obra y empiece a redactar capítulo tras capítulo, el primer nombre en ser mencionado será, ineludiblemente, el del navegante portugués Fernando Poo, su descubridor, quien, en la segunda mitad del siglo XV, ignorante de su existencia, en una de las travesías que emprendió buscando nuevas rutas para el comercio, se topó en el golfo de Biafra con una isla paradisíaca, a la que, debido a su belleza, llamó Formosa (Hermosa), si bien pronto fue conocida por el nombre de tan insigne navegante, acerca del cual se ignoran muchas cosas, que, con el paso del tiempo, se han borrado de la Historia.

Los nombres españoles se suceden a partir de 1778, cuando España y Portugal zanjan sus diferencias en el continente americano firmando el Tratado de San Ildefonso y el Tratado de El Pardo, en virtud de los cuales España tomó posesión de aquellos territorios. Felipe de los Santos Toro y Freyre y Joaquín Primo de Rivera y Pérez de Acal encabezarán una larga lista, con sus espacios en blanco, que los británicos rellenaron entre 1826 y 1832, en ausencia de los españoles, quienes un buen día, el 30 de octubre de 1780, abandonados a su suerte por la Corona de España, diezmados por las enfermedades tropicales, sin recursos y sin posibilidad de hacer frente a las hostilidades de los nativos, decidieron amotinarse y, preso el gobernador, embarcar y poner rumbo a Santo Tomé, evacuando la colonia.

Los nombres de Juan José Lerena y Barry y Carlos de Chacón y Michelena, entre otros nombres sonoros, también serán mencionados por lo que ambos personajes significaron. El primero encabezaba la expedición que, con el fin de afianzar los derechos de España, culminó en marzo de 1843 izando la enseña española en Santa Isabel, capital de la isla, cuya fundación, en 1827, se debe, curiosamente, a los ingleses, quienes la bautizaron con el nombre de Port Clarence. Con su llegada, en 1858, el segundo puso fin a las luchas que los clanes nativos libraban por el poder en Corisco, otra de las islas, escenario principal de la trata de esclavos, el gran negocio de la época, en el que raro es el país europeo que no participó y se lucró con la bendición de la Iglesia, que legitimó la esclavitud con la bula Divino Amore Comuniti, promulgada por Nicolás V, papa que, con dicha bula, concedió al rey de Portugal el poder de conquistar las tierras de los infieles, expulsar a sus habitantes de ellas, matarlos u obligarlos a la esclavitud eterna. Cuarenta y nueve mil seres humanos, convertidos en esclavos gracias a las disposiciones de la Iglesia, fueron vendidos por los portugueses a Francia en Corisco, por citar solo un caso.

El hombre de letras convertido en explorador, Manuel Iradier y Bulfy, será otro de los nombres que figure con letras mayúsculas en esa lista, merced a los dos viajes de exploración que realizó en 1875 y 1884. Etcétera, hasta llegar el 12 de octubre de 1968, fecha en la que nace la República de Guinea Ecuatorial.

El autor de tan vasta obra, si es honesto, a los nombres reseñados, y otros rimbombantes, deberá añadir los nombres de quienes, ajenos a la política, que todo lo corrompe, sembrando guerras, desolación, esclavitud y demás lacras, levantaron Guinea y la convirtieron en el paraíso que era al rayar el alba de ese día memorable; gente buena, honrada, capaz, trabajadora, íntegra, cordial, afable, sencilla, hospitalaria, sin apellidos ilustres que nada aportan a quien nada es, entre la que figuran mis amigos y cuantos residían allí, cuyos nombres sería prolijo enumerar en este escrito, en razón del número: miles. A ellos, a sus padres y abuelos, y a nadie más, se debe que Guinea, entonces, disfrutara de una renta per cápita superior a la de la provincia más rica de España, y vivir en cualquiera de sus islas o en el continente resultara una bendición.
Y si, ciñéndose a la verdad, el autor quiere rematar su obra con la dignidad que requiere toda obra llamada a ser fiel reflejo de unos acontecimientos o de la realidad, no podrá poner punto final al relato sin antes hacerse eco del pago que recibieron aquellos que tanto trabajaron en pro de Guinea y tanto llegaron a amarla: el peor de los pagos, fruto del conflicto que estalló de repente tras salirle el tiro por la culata al Gobierno de la nación, no satisfecho con el resultado de las elecciones, razón por la que, en su deseo de seguir mandando y disponiendo en la incipiente república, no cejó en su empeño por colocar al frente de ella a un títere que se plegara a sus caprichos, hasta promover, o alentar, un golpe de estado. Consumado el despropósito, y la animadversión y el odio reinando allí donde, hasta ese funesto acontecimiento, animadversión y odio eran desconocidos, España los abandonó a su suerte, y se lavó las manos: iniquidad que inmediatamente trajo consigo la incertidumbre; el riesgo de perder la vida, a continuación, y, finalmente, el éxodo en las peores condiciones y sin nada que ponerse o llevar a la boca para su sustento y el de sus hijos, nacidos en aquellas tierras tan amadas, a las que nunca más regresarían.

Cuarenta años después de su llegada a España, donde tuvieron que empezar de nuevo (unos en el norte, otros en el sur, estos aquí, aquellos allá…) sin ninguna ayuda oficial, gracias a Internet volvieron encontrarse en Madrid. Cuarenta años son muchos años, tantos que en los pasillos y salones del hotel donde tuvo lugar el reencuentro, solo se oía: «Yo soy... ¿Y tú? ¿Quién eres tú?». Y los besos, los abrazos y las lágrimas seguían a tan breves palabras, que no precisaban de más, identificado el interlocutor: aquel amigo o amiga entrañable, aquel vecino que era como de la familia, aquel excelente compañero de trabajo, servicial y atento, o aquel amor que, al quebrarse sus vidas, no pudo fructificar y jamás olvidaron.

El 17 de febrero de 1963, es decir, tal día como hoy de hace cincuenta y tres años, con las primeras sombras de la noche, el Villa de Bilbao, que el día 5 había zarpado de Cádiz, atracó en el puerto de Santa Isabel (hoy Malabo), capital de la isla de Fernando Poo (actual Bioko). Entre los pasajeros figuraba yo, que a la sazón contaba quince años, los mismos con que pisé por primera vez aquellas tierras, que en mayo de 1968 dejé atrás para no volver, consciente de lo que significaría la independencia (próxima a declararse) tratándose de España, que ni entonces, ni antes, ni después, y así hasta nuestros días, ha tratado a sus hijos con piedad, desterrada del reino siglos ha, como lo acredita la Historia, cuya lectura me salvó de sufrir el calvario que padecieron familiares, amigos, compañeros de trabajo y vecinos tan queridos, a quienes siempre llevaré en lo más profundo de mi ser y en cuyo honor hoy, embargado por los recuerdos y la emoción, me he animado a escribir estas líneas.

Saludos.

Juan Romero Sierra


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Asociación de Ayuda a Guinea:

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Moncho
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rosen
mensaje Feb 29 2016, 10:09 PM
Publicado: #54


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CITA(Moncho Núñez @ Feb 21 2016, 07:38 PM) *
Mi buen amigo Juan Romero Sierra tiene la suerte de vivir en Málaga. Eso podía ser definitivo para no desear nada más, pero es que Juan tuvo también la suerte de pasar unos años en Guinea, años que él mismo califica como los mejores de su vida. Somos muchos-pocos los que podemos decir lo mismo. Días de felicidad que tanto añoramos.
Juan llegó a Guinea un mes de febrero de hace más de cincuenta años y es en otro febrero de ahora que sintió la necesidad de escribir un magnífico relato, como todos los suyos, de la memoria que guarda de aquel tiempo, de la historia de aquella tierra y del destino que sufre.
Este es su relato:

GUINEA

Muchos de los amigos con que cuento en Facebook, lógicamente, no solo son amigos virtuales. La amistad tampoco es reciente. Antes incluso de que naciera Internet, ya éramos amigos. Entre otros, están aquellos que, como yo, tuvieron la fortuna de vivir en Guinea, de la que todos guardamos un recuerdo imborrable. Yo, en concreto, viví en Guinea los mejores años de mi vida. Y como yo, los demás, según me consta y sus corazones proclaman, no a voz en grito, sino como el corazón sabe expresar lo que siente: reservando un lugar en lo más profundo de su cavidad para aquello que verdaderamente ama, hasta formar parte de él y acompañarle dondequiera que vaya.

Algún día alguien escribirá la epopeya (o tragedia, según se mire) de la República de Guinea Ecuatorial, hasta el 12 de octubre de 1968 colonia española primero, y después, a partir de 1959, provincias de ultramar, condición que entrañaba los mismos deberes y derechos que regían para las demás provincias españolas, a las que se sumaron Río Muni, en el continente, y Fernando Poo, que comprendía las diversas islas que hoy completan el mapa geográfico de la joven nación, próxima al Ecuador, circunstancia a la que debe nombre, clima, flora, fauna y exuberancia.

Y cuando ese alguien decida poner manos a la obra y empiece a redactar capítulo tras capítulo, el primer nombre en ser mencionado será, ineludiblemente, el del navegante portugués Fernando Poo, su descubridor, quien, en la segunda mitad del siglo XV, ignorante de su existencia, en una de las travesías que emprendió buscando nuevas rutas para el comercio, se topó en el golfo de Biafra con una isla paradisíaca, a la que, debido a su belleza, llamó Formosa (Hermosa), si bien pronto fue conocida por el nombre de tan insigne navegante, acerca del cual se ignoran muchas cosas, que, con el paso del tiempo, se han borrado de la Historia.

Los nombres españoles se suceden a partir de 1778, cuando España y Portugal zanjan sus diferencias en el continente americano firmando el Tratado de San Ildefonso y el Tratado de El Pardo, en virtud de los cuales España tomó posesión de aquellos territorios. Felipe de los Santos Toro y Freyre y Joaquín Primo de Rivera y Pérez de Acal encabezarán una larga lista, con sus espacios en blanco, que los británicos rellenaron entre 1826 y 1832, en ausencia de los españoles, quienes un buen día, el 30 de octubre de 1780, abandonados a su suerte por la Corona de España, diezmados por las enfermedades tropicales, sin recursos y sin posibilidad de hacer frente a las hostilidades de los nativos, decidieron amotinarse y, preso el gobernador, embarcar y poner rumbo a Santo Tomé, evacuando la colonia.

Los nombres de Juan José Lerena y Barry y Carlos de Chacón y Michelena, entre otros nombres sonoros, también serán mencionados por lo que ambos personajes significaron. El primero encabezaba la expedición que, con el fin de afianzar los derechos de España, culminó en marzo de 1843 izando la enseña española en Santa Isabel, capital de la isla, cuya fundación, en 1827, se debe, curiosamente, a los ingleses, quienes la bautizaron con el nombre de Port Clarence. Con su llegada, en 1858, el segundo puso fin a las luchas que los clanes nativos libraban por el poder en Corisco, otra de las islas, escenario principal de la trata de esclavos, el gran negocio de la época, en el que raro es el país europeo que no participó y se lucró con la bendición de la Iglesia, que legitimó la esclavitud con la bula Divino Amore Comuniti, promulgada por Nicolás V, papa que, con dicha bula, concedió al rey de Portugal el poder de conquistar las tierras de los infieles, expulsar a sus habitantes de ellas, matarlos u obligarlos a la esclavitud eterna. Cuarenta y nueve mil seres humanos, convertidos en esclavos gracias a las disposiciones de la Iglesia, fueron vendidos por los portugueses a Francia en Corisco, por citar solo un caso.

El hombre de letras convertido en explorador, Manuel Iradier y Bulfy, será otro de los nombres que figure con letras mayúsculas en esa lista, merced a los dos viajes de exploración que realizó en 1875 y 1884. Etcétera, hasta llegar el 12 de octubre de 1968, fecha en la que nace la República de Guinea Ecuatorial.

El autor de tan vasta obra, si es honesto, a los nombres reseñados, y otros rimbombantes, deberá añadir los nombres de quienes, ajenos a la política, que todo lo corrompe, sembrando guerras, desolación, esclavitud y demás lacras, levantaron Guinea y la convirtieron en el paraíso que era al rayar el alba de ese día memorable; gente buena, honrada, capaz, trabajadora, íntegra, cordial, afable, sencilla, hospitalaria, sin apellidos ilustres que nada aportan a quien nada es, entre la que figuran mis amigos y cuantos residían allí, cuyos nombres sería prolijo enumerar en este escrito, en razón del número: miles. A ellos, a sus padres y abuelos, y a nadie más, se debe que Guinea, entonces, disfrutara de una renta per cápita superior a la de la provincia más rica de España, y vivir en cualquiera de sus islas o en el continente resultara una bendición.
Y si, ciñéndose a la verdad, el autor quiere rematar su obra con la dignidad que requiere toda obra llamada a ser fiel reflejo de unos acontecimientos o de la realidad, no podrá poner punto final al relato sin antes hacerse eco del pago que recibieron aquellos que tanto trabajaron en pro de Guinea y tanto llegaron a amarla: el peor de los pagos, fruto del conflicto que estalló de repente tras salirle el tiro por la culata al Gobierno de la nación, no satisfecho con el resultado de las elecciones, razón por la que, en su deseo de seguir mandando y disponiendo en la incipiente república, no cejó en su empeño por colocar al frente de ella a un títere que se plegara a sus caprichos, hasta promover, o alentar, un golpe de estado. Consumado el despropósito, y la animadversión y el odio reinando allí donde, hasta ese funesto acontecimiento, animadversión y odio eran desconocidos, España los abandonó a su suerte, y se lavó las manos: iniquidad que inmediatamente trajo consigo la incertidumbre; el riesgo de perder la vida, a continuación, y, finalmente, el éxodo en las peores condiciones y sin nada que ponerse o llevar a la boca para su sustento y el de sus hijos, nacidos en aquellas tierras tan amadas, a las que nunca más regresarían.

Cuarenta años después de su llegada a España, donde tuvieron que empezar de nuevo (unos en el norte, otros en el sur, estos aquí, aquellos allá…) sin ninguna ayuda oficial, gracias a Internet volvieron encontrarse en Madrid. Cuarenta años son muchos años, tantos que en los pasillos y salones del hotel donde tuvo lugar el reencuentro, solo se oía: «Yo soy... ¿Y tú? ¿Quién eres tú?». Y los besos, los abrazos y las lágrimas seguían a tan breves palabras, que no precisaban de más, identificado el interlocutor: aquel amigo o amiga entrañable, aquel vecino que era como de la familia, aquel excelente compañero de trabajo, servicial y atento, o aquel amor que, al quebrarse sus vidas, no pudo fructificar y jamás olvidaron.

El 17 de febrero de 1963, es decir, tal día como hoy de hace cincuenta y tres años, con las primeras sombras de la noche, el Villa de Bilbao, que el día 5 había zarpado de Cádiz, atracó en el puerto de Santa Isabel (hoy Malabo), capital de la isla de Fernando Poo (actual Bioko). Entre los pasajeros figuraba yo, que a la sazón contaba quince años, los mismos con que pisé por primera vez aquellas tierras, que en mayo de 1968 dejé atrás para no volver, consciente de lo que significaría la independencia (próxima a declararse) tratándose de España, que ni entonces, ni antes, ni después, y así hasta nuestros días, ha tratado a sus hijos con piedad, desterrada del reino siglos ha, como lo acredita la Historia, cuya lectura me salvó de sufrir el calvario que padecieron familiares, amigos, compañeros de trabajo y vecinos tan queridos, a quienes siempre llevaré en lo más profundo de mi ser y en cuyo honor hoy, embargado por los recuerdos y la emoción, me he animado a escribir estas líneas.

Saludos.

Juan Romero Sierra

Menos mal que de vez en cuando alguien pone algo. Gracias.
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