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Cuestión de disculpas...

Ansha, Nov 19 2008, 02:25 PM




“Fue una buena persona”. He aquí un modesto y digno epitafio humano, deseado por unos cuántos y canonizado por otros muchos.
Sin embargo yo prefiero éste otro: “No es seguro que aquí haya algo, no obstante no pises”.

Después de decir algo así, no sería extraño pensar que a más de uno no le ha hecho ni pizca de gracia, con lo que es seguro que ha de padecer una falta inquietante de sentido del humor, amén de ser susceptible hasta la médula. Y eso es un problema, no muy grave si no se entera, pero es un problema, no obstante, como el problema lo causa una sobra de capacidad para no salirse del ombligo ni cuando duerme, el problema revierte en él y se convierte en “su” problema, por lo que, para bien de los que se ríen hasta de su sombra, no hay problema.
¿Pero qué pasa con quién, aún muriéndose de risa, o serio como una acelga, se mosquea con la forma en que se le dice aquello con lo que no comulga ni de rodillas?...
Eso sí que es un verdadero problema, al menos sí que lo es para quien dice cosas sobre algo y no se molesta en cuantificar la susceptibilidad que puede asistir al término medio. Sin embargo, pese a tener en cuenta cuándo lo dicho puede ser causa de daño, si dices acabs por hacer daño a alguien, Como montar en moto, te caes quieras o no. Todos nos caemos de esas preciosas bestias metálicas, pero no todos lo hacemos con la misma frecuencia. El que más practica la actividad, más posibilidades tiene de provocar consecuencias indeseables, es ley de vida. Pero hay quien montra tres veces y organiza todo un rosario de desgracias. estos no abundan, pero los hay. ¿Son los más peligrosos?... Puede, depende de si se animan y practican con más frecuencia, aunque si lo miramos bien eso puede trducirse en que reduciran su tasa de riesgo...
Lo que no debemos es callar, y si hablando nos equivocamos y pisamos donde no debemos, tendremos que solucionar... y seguir diciendo... y haciéndola de nuevo... y vuelta a empezar... Merece pues que piense seriamente en todo eso.

¿Qué hacer entonces respecto del damnificado?... Hay dos alternativas, y como tal hay una correcta y otra improcedente.

Si metes el remo hasta mojarte y eres un irresponsable, tras errar a modo te das la vuelta, silbas o cantas y que salga el sol por Las Alpujarras. Esto no es una alternativa, es una desgracia.
Pero si eres consecuente con lo que dices, porque eres generoso y quieres que se sepa, en cuanto detectes la posibilidad de que haya alguna víctima al paso de tus palabras, debes frenar en seco y dedicarte por entero a cualificar lo que has dicho. Aquí es cuando aparecen las dos alternativas: Razonar y/o retractarte, no retractarte sin más, y menos limitarte a lamentar como un memo el haber causado perjuicio a nadie.

Si razonas la verdad de lo que dices, la disculpa huelga, aunque el llanto se escuche bajo la mar, ya que nadie se disculpa por comunicar la verdad sobre algo que es cierto por sí mismo. Sin embargo, si el razonamiento es para dar a conocer dónde y porqué se erró en lo dicho, éste es el mejor (si no el único) medio para contrarrestar los efectos de tal error.
El lamento y la manifestación de pesar no es munición que llegue al corazón ofendido. Un “lo siento, no era mi intención” no dice más que lo que ya se sabe, sólo transmite la voluntad del ofensor en aclarar lo que nunca ha sido un misterio para el ofendido y eso no compensa debidamente el daño causado sin intención.

¿Cómo decir algo capaz de zafarse de la siempre presente sombra del error que tarde o temprano vas a mostrar? ¿Cómo evadirse de esa necesidad imperiosa de reparar el daño cuanto antes y así poder ser uno mismo en cada instante que dedicas a los demás?...
La clave la encuentro en el comienzo: Una declaración de intenciones… Una tirita suspendida de la nada, que con sólo un ligero gesto de la vista hacia arriba procure su propia evasión al que escucha tu ofensa involuntaria o tu verdad menos subjetiva.
Comenzar asumiendo que hablas como eres, te hace ser parecido a lo que piensen de ti cuando recapaciten sobre lo que leen. Dale a los demás un reconocimiento de tus posibilidades infinitas de causar daño sin querer y se sentirán aliviados cuando tus palabras o tu talante les roce demasiado, o cuando te interpreten y sean ellos los que se equivoquen.

El comienzo te da la fuerza que necesitas para centrarte en lo que dices, así haces lo que puedes cuando mejores condiciones has sembrado para lograr lo que quieres.

Este es mi comienzo…

Sin un fin definido…
Sin otro motivo que el de hablarme a mí contigo…
Sin las troneras de mis cien cañones por banda abiertas de par en par…
Sin pabellón alguno que dirima mis causas y juzgue mis actos…
Sin espíritu guerrero que dibuje mi talante…
Sin ánimo de mostrar el llanto que a nada sabe…
Sin sueños preconcebidos ni fracasos mal reconocidos…
Sin esa parte de mí que me aconseja parar…
Sin nada con que empezar…
Sin nada tras lo que ir…
Sin miedo de desnudar las sombras que se proyecten…
Sin ganas de claudicar…
Sin motivos por callar ni penas que redimir…
Contigo y sin ti… hoy escribo…
Por mí y contigo… hoy te he escrito… hoy escribo…

Y lo hago agradecido por el respeto que tu silencio me ha dejado concebir, vulnerando de nuevo el tuyo con la venia que me da el que detengas tus ojos, una vez más, donde nunca hubo nada capaz de saber bien poco o que sirviera de algo… o que dijera de aquello que haya quedado roto a fuerza de sostenerlo con el alma de este loco…
Y lo hago sin pensar en si pienso qué he de pesar para hacerlo, o en si el pensamiento ya va impreso en cada una de las palabras que mi mente se niega a enlazar antes de teclearlas.
Y lo hago para mí, que es tu “yo” menos tuyo y mi “yo” más querido y más auténtico… más tenaz, el que quiero para ti cuando más te niegues a tenerlo (es por fastidiar...).
Así escribo hoy y espero que lo notes, para que leas más de lo mismo que siempre has leído por aquí y que te sepa diferente, más cercano, más real, menos tuyo y más veraz…menos mío…más cabal.
Y…
Y…

A veces pienso con la piel y no con la cabeza, y el interruptor que pone a una y otra en funcionamiento debo de tenerlo en el talón y en forma de botón, y mi costumbre de pensar paseando tengo de caminar con las manos cogidas a la espalda va activando de forma alterna la sensibilidad y la lógica, el impulso con la razón, la pasión con… la pasión (esa va por libre y no está sujeta a ningún interruptor de tipo alternativo, se encendió una vez que pisé y ya no hay forma de apagarlo -y que se mueran los feos, caray-).
Así resulto… a veces un loco cuerdo y otras un cuerdo sin ápice de lógica. La variedad de situaciones pensantes me gusta, el problema aparece cuando me estoy quieto pues locura y cordura están a sólo un clic y dependo de en qué posición haya quedado.

Y…
Y, como el conejito de Alicia, me voy de ti, se me hace tarde, los papeles se me acumulan sobre la mesa y amenazan con caérseme en cascada, y si mis jefes no me echan porque soy la pera, me echarán ellos, que ni con peras limoneras consigo que desaparezcan.

¿Sabes?... no he dicho nada de lo que esta mañana, afeitándome y dándome un baño de espuma y esencias, me había propuesto decir sobre la disculpa. La responsable de tamaño fiasco ha sido la anécdota que me ha regalado el tráfico esta mañana temprano y que me ha hecho aterrizar aquí en modo gusano confundido.
Llegar en esas condiciones tiene su encanto, es como chutarse en vena una dosis y media de “tranquitronqui” y perdonar de antemano al que tenga cara de “te la voy a hacer antes de las dos y media”. Pero también he llegado con la mente aún perdida en esa carretera, imaginando que aún sigo a lomos de mi burra y que aquellos ojos negros siguen buscando los míos tras la oscura visera de mi casco.
Día a día vengo y voy como vamos y venimos todos, unos con flores a María y otros pensando a quién fastidiar primero. Otros, los menos, venimos a veces en moto, que es una manera de no estar allí donde vas hasta que por fin tienes la desgracia de acabar llegando. Día a día ocupo ese tiempo en ser dios, para matar al malo y darle doblones de oro al bueno, para acariciar al niño, para respetar al prójimo que decida no meterme a mí en su idiosincrasia puntual y, sobre todas las cosas mundanas, tratar a la mujer como yo exijo bajo pena de muerte dolorosa que se trate con guante limpio y blanco a quienes sólo me tienen a mí para que así sea y así siga siendo hasta dos eternidades después de que abandone este mundo de tarados.
Pues bien, hoy, eso de ser dios en ruta (que no es circular por encima de los demás ni sobre sus derechos) ha tenido una repercusión positiva más allá de la experimento habitualmente. Esa experiencia (permítaseme que llame así a lo que he experimentado) me ha hecho sentir un equilibrio especial, una certeza sobre principios con los que vives y que difícilmente tienes la suerte de experimentar.
He llegado a mi despacho con la sensación de estar aún en otro lado, muy distante, en algún lugar entre mi casa y la oficina, negociando curva tras curva y controlando la falta de concentración de tantos conductores como hay circulando con sueño, cabreados o con ganas de quitarse de en medio llevándose al “maligno motero” por delante. El mundo de preocupación de cada conductor se reduce a la seguridad que le proporciona su cubículo con ruedas, dentro de él no hay pareja, hijos, jefes y subalternos están en otra parte, ahí sólo está él y su “yo” verdadero. La frustración es mala compañera, y el sueño y la impotencia y…
El motero es uno más entre todos, sin embargo hay quienes dentro de ese todo de circulantes lo ve como uno menos, y eso si lo ve, que ya es mucho…

Pues bien, en ruta hacia aquí y a lomos de mi máquina he vivido durante media hora todo el día en un momento. Después, ya en territorio distinto, quedó la sensación de estar aún presente allí y que aumentaba poco a poco mi ausencia del lugar en donde estaba…

He llegado sin estar, y antes de saber cuándo llegaría, me he ido…
Ha sido todo menos una llegada triunfal…

Me han saludado mis populacho laboral y les he mirado con cara de “lo siento, no os conozco”, también lo ha hecho mi jefe, y entonces mi mirada se ha transfigurado en “aún no estoy, apártate”. Ni las damas se han salvado de mi cara de lechuga. Una, la más pija de entre todas las pocas pijas que hay, me ha guiñado un ojo y yo he deseado sacárselo y pisarlo. Creo que se me ha notado, porque a renglón seguido se ha elevado dignamente sobre sí misma y se ha ido a desayunar con cara de estar hasta merendada.
Y faltaba la guinda de ese pastel de bienvenida que no viene a cuesto. Casi estaba a punto de salir de mi crisálida existencial cuando el bedel, que es colchonero de corazón e idiota de mente, se me acerca y me dice que mi Madrid sólo puede fichar mierda (es textual) en este mercado de invierno. Ahí he sido malo, le he citado a su hora del café para que me encuaderne siete copias de una orden de despliegue operativo de treinta y tantas páginas, que quiero entregar dentro de tres meses a quienes colaborarán con nosotros el verano que viene. Si antes era antimadrista ahora se hará del Barça y bailará la sardana cada vez que me vea aparecer. No importa, configuro una orden completa de operaciones aeronavales como quien se toma un helado, así que, a poco que sea un hombre previsor ya pede ir ensayando una muñeira.

Y no voy a disculparme con los que no han tenido de mí más que el estricto saludo debido ni con los que se han llevado un gesto añadido por lo que se merecen, como tampoco voy a llamar desagradecido a quien saludó sin cara de “¿cómo te va?” o “¿y qué te cuentas?” y ahora me mira con ojos de estar amándome con verdaderas ganas.

Ante ti sí me disculpo, por lo que tú quieras y cuando elijas. Pero antes tengo que ofenderte (que es diferente a que tú te sientas ofenido), entonces sí, una vez odebidamente ofendido y reconocido como tal, podrás elegir cuándo quieres servirte un completo; aunque eso sí, con todos mis respetos te digo que seré yo quien elija la modulación de la disculpa y su duración. Tranquilo, no quedarás defraudado...
Pero has de darme motivo para que te ofenda ¿no crees?... ¿o he de condiderar como ofensa el hecho de que te puedas sentir ofendido por negarte un derecho que unilateralmente te ajudiques, como que la idiosincrasia de la disculpa pertenece al ofendido en su totalidad?...
Si es así, discúlpate tú primero si quieres mi disculpa... luego ya hablaremos... siempre podremos negociar, y si no, ya sabes... París.




 
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