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Cuestión de disculpas...

Ansha, Nov 19 2008, 02:25 PM




“Fue una buena persona”. He aquí un modesto y digno epitafio humano, deseado por unos cuántos y canonizado por otros muchos.
Sin embargo yo prefiero éste otro: “No es seguro que aquí haya algo, no obstante no pises”.

Después de decir algo así, no sería extraño pensar que a más de uno no le ha hecho ni pizca de gracia, con lo que es seguro que ha de padecer una falta inquietante de sentido del humor, amén de ser susceptible hasta la médula. Y eso es un problema, no muy grave si no se entera, pero es un problema, no obstante, como el problema lo causa una sobra de capacidad para no salirse del ombligo ni cuando duerme, el problema revierte en él y se convierte en “su” problema, por lo que, para bien de los que se ríen hasta de su sombra, no hay problema.
¿Pero qué pasa con quién, aún muriéndose de risa, o serio como una acelga, se mosquea con la forma en que se le dice aquello con lo que no comulga ni de rodillas?...
Eso sí que es un verdadero problema, al menos sí que lo es para quien dice cosas sobre algo y no se molesta en cuantificar la susceptibilidad que puede asistir al término medio. Sin embargo, pese a tener en cuenta cuándo lo dicho puede ser causa de daño, si dices acabs por hacer daño a alguien, Como montar en moto, te caes quieras o no. Todos nos caemos de esas preciosas bestias metálicas, pero no todos lo hacemos con la misma frecuencia. El que más practica la actividad, más posibilidades tiene de provocar consecuencias indeseables, es ley de vida. Pero hay quien montra tres veces y organiza todo un rosario de desgracias. estos no abundan, pero los hay. ¿Son los más peligrosos?... Puede, depende de si se animan y practican con más frecuencia, aunque si lo miramos bien eso puede trducirse en que reduciran su tasa de riesgo...
Lo que no debemos es callar, y si hablando nos equivocamos y pisamos donde no debemos, tendremos que solucionar... y seguir diciendo... y haciéndola de nuevo... y vuelta a empezar... Merece pues que piense seriamente en todo eso.

¿Qué hacer entonces respecto del damnificado?... Hay dos alternativas, y como tal hay una correcta y otra improcedente.

Si metes el remo hasta mojarte y eres un irresponsable, tras errar a modo te das la vuelta, silbas o cantas y que salga el sol por Las Alpujarras. Esto no es una alternativa, es una desgracia.
Pero si eres consecuente con lo que dices, porque eres generoso y quieres que se sepa, en cuanto detectes la posibilidad de que haya alguna víctima al paso de tus palabras, debes frenar en seco y dedicarte por entero a cualificar lo que has dicho. Aquí es cuando aparecen las dos alternativas: Razonar y/o retractarte, no retractarte sin más, y menos limitarte a lamentar como un memo el haber causado perjuicio a nadie.

Si razonas la verdad de lo que dices, la disculpa huelga, aunque el llanto se escuche bajo la mar, ya que nadie se disculpa por comunicar la verdad sobre algo que es cierto por sí mismo. Sin embargo, si el razonamiento es para dar a conocer dónde y porqué se erró en lo dicho, éste es el mejor (si no el único) medio para contrarrestar los efectos de tal error.
El lamento y la manifestación de pesar no es munición que llegue al corazón ofendido. Un “lo siento, no era mi intención” no dice más que lo que ya se sabe, sólo transmite la voluntad del ofensor en aclarar lo que nunca ha sido un misterio para el ofendido y eso no compensa debidamente el daño causado sin intención.

¿Cómo decir algo capaz de zafarse de la siempre presente sombra del error que tarde o temprano vas a mostrar? ¿Cómo evadirse de esa necesidad imperiosa de reparar el daño cuanto antes y así poder ser uno mismo en cada instante que dedicas a los demás?...
La clave la encuentro en el comienzo: Una declaración de intenciones… Una tirita suspendida de la nada, que con sólo un ligero gesto de la vista hacia arriba procure su propia evasión al que escucha tu ofensa involuntaria o tu verdad menos subjetiva.
Comenzar asumiendo que hablas como eres, te hace ser parecido a lo que piensen de ti cuando recapaciten sobre lo que leen. Dale a los demás un reconocimiento de tus posibilidades infinitas de causar daño sin querer y se sentirán aliviados cuando tus palabras o tu talante les roce demasiado, o cuando te interpreten y sean ellos los que se equivoquen.

El comienzo te da la fuerza que necesitas para centrarte en lo que dices, así haces lo que puedes cuando mejores condiciones has sembrado para lograr lo que quieres.

Este es mi comienzo…

Sin un fin definido…
Sin otro motivo que el de hablarme a mí contigo…
Sin las troneras de mis cien cañones por banda abiertas de par en par…
Sin pabellón alguno que dirima mis causas y juzgue mis actos…
Sin espíritu guerrero que dibuje mi talante…
Sin ánimo de mostrar el llanto que a nada sabe…
Sin sueños preconcebidos ni fracasos mal reconocidos…
Sin esa parte de mí que me aconseja parar…
Sin nada con que empezar…
Sin nada tras lo que ir…
Sin miedo de desnudar las sombras que se proyecten…
Sin ganas de claudicar…
Sin motivos por callar ni penas que redimir…
Contigo y sin ti… hoy escribo…
Por mí y contigo… hoy te he escrito… hoy escribo…

Y lo hago agradecido por el respeto que tu silencio me ha dejado concebir, vulnerando de nuevo el tuyo con la venia que me da el que detengas tus ojos, una vez más, donde nunca hubo nada capaz de saber bien poco o que sirviera de algo… o que dijera de aquello que haya quedado roto a fuerza de sostenerlo con el alma de este loco…
Y lo hago sin pensar en si pienso qué he de pesar para hacerlo, o en si el pensamiento ya va impreso en cada una de las palabras que mi mente se niega a enlazar antes de teclearlas.
Y lo hago para mí, que es tu “yo” menos tuyo y mi “yo” más querido y más auténtico… más tenaz, el que quiero para ti cuando más te niegues a tenerlo (es por fastidiar...).
Así escribo hoy y espero que lo notes, para que leas más de lo mismo que siempre has leído por aquí y que te sepa diferente, más cercano, más real, menos tuyo y más veraz…menos mío…más cabal.
Y…
Y…

A veces pienso con la piel y no con la cabeza, y el interruptor que pone a una y otra en funcionamiento debo de tenerlo en el talón y en forma de botón, y mi costumbre de pensar paseando tengo de caminar con las manos cogidas a la espalda va activando de forma alterna la sensibilidad y la lógica, el impulso con la razón, la pasión con… la pasión (esa va por libre y no está sujeta a ningún interruptor de tipo alternativo, se encendió una vez que pisé y ya no hay forma de apagarlo -y que se mueran los feos, caray-).
Así resulto… a veces un loco cuerdo y otras un cuerdo sin ápice de lógica. La variedad de situaciones pensantes me gusta, el problema aparece cuando me estoy quieto pues locura y cordura están a sólo un clic y dependo de en qué posición haya quedado.

Y…
Y, como el conejito de Alicia, me voy de ti, se me hace tarde, los papeles se me acumulan sobre la mesa y amenazan con caérseme en cascada, y si mis jefes no me echan porque soy la pera, me echarán ellos, que ni con peras limoneras consigo que desaparezcan.

¿Sabes?... no he dicho nada de lo que esta mañana, afeitándome y dándome un baño de espuma y esencias, me había propuesto decir sobre la disculpa. La responsable de tamaño fiasco ha sido la anécdota que me ha regalado el tráfico esta mañana temprano y que me ha hecho aterrizar aquí en modo gusano confundido.
Llegar en esas condiciones tiene su encanto, es como chutarse en vena una dosis y media de “tranquitronqui” y perdonar de antemano al que tenga cara de “te la voy a hacer antes de las dos y media”. Pero también he llegado con la mente aún perdida en esa carretera, imaginando que aún sigo a lomos de mi burra y que aquellos ojos negros siguen buscando los míos tras la oscura visera de mi casco.
Día a día vengo y voy como vamos y venimos todos, unos con flores a María y otros pensando a quién fastidiar primero. Otros, los menos, venimos a veces en moto, que es una manera de no estar allí donde vas hasta que por fin tienes la desgracia de acabar llegando. Día a día ocupo ese tiempo en ser dios, para matar al malo y darle doblones de oro al bueno, para acariciar al niño, para respetar al prójimo que decida no meterme a mí en su idiosincrasia puntual y, sobre todas las cosas mundanas, tratar a la mujer como yo exijo bajo pena de muerte dolorosa que se trate con guante limpio y blanco a quienes sólo me tienen a mí para que así sea y así siga siendo hasta dos eternidades después de que abandone este mundo de tarados.
Pues bien, hoy, eso de ser dios en ruta (que no es circular por encima de los demás ni sobre sus derechos) ha tenido una repercusión positiva más allá de la experimento habitualmente. Esa experiencia (permítaseme que llame así a lo que he experimentado) me ha hecho sentir un equilibrio especial, una certeza sobre principios con los que vives y que difícilmente tienes la suerte de experimentar.
He llegado a mi despacho con la sensación de estar aún en otro lado, muy distante, en algún lugar entre mi casa y la oficina, negociando curva tras curva y controlando la falta de concentración de tantos conductores como hay circulando con sueño, cabreados o con ganas de quitarse de en medio llevándose al “maligno motero” por delante. El mundo de preocupación de cada conductor se reduce a la seguridad que le proporciona su cubículo con ruedas, dentro de él no hay pareja, hijos, jefes y subalternos están en otra parte, ahí sólo está él y su “yo” verdadero. La frustración es mala compañera, y el sueño y la impotencia y…
El motero es uno más entre todos, sin embargo hay quienes dentro de ese todo de circulantes lo ve como uno menos, y eso si lo ve, que ya es mucho…

Pues bien, en ruta hacia aquí y a lomos de mi máquina he vivido durante media hora todo el día en un momento. Después, ya en territorio distinto, quedó la sensación de estar aún presente allí y que aumentaba poco a poco mi ausencia del lugar en donde estaba…

He llegado sin estar, y antes de saber cuándo llegaría, me he ido…
Ha sido todo menos una llegada triunfal…

Me han saludado mis populacho laboral y les he mirado con cara de “lo siento, no os conozco”, también lo ha hecho mi jefe, y entonces mi mirada se ha transfigurado en “aún no estoy, apártate”. Ni las damas se han salvado de mi cara de lechuga. Una, la más pija de entre todas las pocas pijas que hay, me ha guiñado un ojo y yo he deseado sacárselo y pisarlo. Creo que se me ha notado, porque a renglón seguido se ha elevado dignamente sobre sí misma y se ha ido a desayunar con cara de estar hasta merendada.
Y faltaba la guinda de ese pastel de bienvenida que no viene a cuesto. Casi estaba a punto de salir de mi crisálida existencial cuando el bedel, que es colchonero de corazón e idiota de mente, se me acerca y me dice que mi Madrid sólo puede fichar mierda (es textual) en este mercado de invierno. Ahí he sido malo, le he citado a su hora del café para que me encuaderne siete copias de una orden de despliegue operativo de treinta y tantas páginas, que quiero entregar dentro de tres meses a quienes colaborarán con nosotros el verano que viene. Si antes era antimadrista ahora se hará del Barça y bailará la sardana cada vez que me vea aparecer. No importa, configuro una orden completa de operaciones aeronavales como quien se toma un helado, así que, a poco que sea un hombre previsor ya pede ir ensayando una muñeira.

Y no voy a disculparme con los que no han tenido de mí más que el estricto saludo debido ni con los que se han llevado un gesto añadido por lo que se merecen, como tampoco voy a llamar desagradecido a quien saludó sin cara de “¿cómo te va?” o “¿y qué te cuentas?” y ahora me mira con ojos de estar amándome con verdaderas ganas.

Ante ti sí me disculpo, por lo que tú quieras y cuando elijas. Pero antes tengo que ofenderte (que es diferente a que tú te sientas ofenido), entonces sí, una vez odebidamente ofendido y reconocido como tal, podrás elegir cuándo quieres servirte un completo; aunque eso sí, con todos mis respetos te digo que seré yo quien elija la modulación de la disculpa y su duración. Tranquilo, no quedarás defraudado...
Pero has de darme motivo para que te ofenda ¿no crees?... ¿o he de condiderar como ofensa el hecho de que te puedas sentir ofendido por negarte un derecho que unilateralmente te ajudiques, como que la idiosincrasia de la disculpa pertenece al ofendido en su totalidad?...
Si es así, discúlpate tú primero si quieres mi disculpa... luego ya hablaremos... siempre podremos negociar, y si no, ya sabes... París.


... dos mejor que uno

Ansha, Oct 14 2008, 10:13 AM

Con ella lo puedo todo, sin ella puedo lo mismo pero me pierdo…
A su lado camino, como lo haces tú… como alguno parece no hacerlo…
Con ella juego… y se ríe conmigo…
Conmigo se enfada… y aprendo de nuevo que volveré a equivocarme…
Sin ella no soy más que un mero intelecto que busca respuestas interrogantes…
Con ella trenzo la soga que no ha de ahorcarme…
Yo soy soberbia y ella humildad… yo soy apasionado y ella el bálsamo de mi ansiosa voluntad…
Yo soy vino y ella es agua… ella es licor y yo la botella que encierra su aroma…
Con su guía me revuelvo… con su ausencia me sumerjo en el silencio…
Soy dominio… ella es respeto…
Soy primero… y ella me deja serlo…
Soy segundo… y ella consiente en ello…
Soy guerrero… y ella bruñe mi armadura con el tacto de sus dedos, para que causas y lizas se pierdan cuando las vea…
Yo perfilo el pensamiento… y ella es dueña de mi cielo…
Yo rezumo lo que sobra… ella tiene lo que quiero…
Yo sé que está a mi lado… ella siempre me habla dentro…
Ella y yo somos lo única pareja que resiste el paso del tiempo… lo demás es puro cuento.
Ella pregunta… yo cuento, invento, deduzco... miento...
Ella se muestra enfadada… yo corrijo, justifico, retuerzo, trastoco, confundo… me lamento…
Ella lo es todo… yo espero no saber nunca quién soy, sólo sé lo que voy siendo por lo que dice que he sido cada vez que le pregunto…
Yo no soy ella, no sé serlo… ella sí soy yo… cuando la dejo.
Yo me aprovecho de ella... ella permite que esgrima su influencia para darle sentido a que escriba...
Yo la amo... ella ama todo lo que le dedico.


(Permítaseme prescindir de las rayitas... ¿de acuerdo?...)


¿Cuantos tontos son necesarios para hacer el tonto como es debido?
Yo sólo me basto…
¿Crees que eso te hace ser menos tonto que la media?
No, me hace ser tan tonto como varios tontos juntos… Fíjate si soy tonto…

¿Si piensas así, no será que no eres tan tonto como dices y sí un cínico de renombre?
Para ser cínico necesitaría ser algo menos tonto de lo que soy.
Pero un tonto que no sabe ser cínico, puede bien no ser tan tonto como sus tonterías le hacen creer…
O puede ser un tonto que, por tonto, no se sabe tonto y en consecuencia está imposibilitado para ser lo cínico que tal vez si sepa ser para no ser más tonto aún de lo que le pueda parecer a un tonto capaz de saberse tonto.

¿Y al tonto que tampoco se sabe serlo, como te defines tú?…
Ése ser privilegiado, al igual que me ocurre a mí aunque no goce de otro privilegio que el de poder decir tonterías y que nadie me diga lo tonto que soy o cuánto parezco serlo, tampoco tendría cinismo con que tapar la tontería que aparenta, con lo que sería tan tonto como yo y por tanto incapaz de saberse lo tonto que es, y menos aún lo muy tonto que puede llegar a ser.

¿Será entonces que no eres tan tonto como dices, y que para hacer una tontería basta un solo tonto?
Depende de si ser tan tonto va en concordancia con la cuantía de tonto adecuada

Vaya tontería está resultando esto…
¿No te digo que soy tonto en calidad y cantidad de varios tontos juntos?
Lo que quiere decir que no eres el más tonto…
El más tonto no…
Pero sí va a resultar que eres tonto…
Ya te lo digo yo, que de tonto no tengo un pelo y soy cínico hasta cuando parezco tonto.

Por cierto… si todo esto es una tontería… ¿no prueba eso suficientemente que un solo tonto es capaz de hacer la tontería más tonta que imagine cualquier tonto con capacidad de ser cínico para no parecerlo, y también el que no goza de ese estatus y se le ve el plumero en cuanto abre la boca?...
Olvidas que no hay un solo tonto en esto.
¿Yo?... ¿te refieres a mí?...
Por supuesto, a ver si te crees que soy tan tonto.
No seas cínico, yo soy tú…
No soy cínico, no puedo.
Lo estás siendo…
Tienes toda la razón… Pues qué bien, resulta que puedo ser tonto y cínico… no se si alegrarme o tratar de ser aún más tonto…

Olvídalo y no digas más tonterías. Tú eres yo y yo soy tú… ¿no prueba eso que un solo tonto puede concebir la mayor tontería, sin que por ello su capacidad de tontuna tenga que ser la de varios tontos juntos?...
Lo que prueba es que habemos tontos capaces de ser tan tontos como varios tontos juntos.
No me líes…
Te lías tú solita… ¿no te das cuenta de que todo esto no es más que la mayor de las tonterías y que, en éste caso, tubérculo quiere parecerse sospechosamente a ver tu culo?
A mí me gusta…
Porque eres tonta de atar…
A mí no me ata nadie, y menos tú… no te equivoques de tonto
Vale, eres sólo tonta, y aunque estés como para que te aten, nadie va a ser lo suficientemente tonto como intentar parecerse a mí e intentar atarte. No te mosquees ¿quieres?... De acuerdo, corrijo y te ido perdón… es que me lo pusiste a huevo…
No te preocupes…
Sabes que no puedo evitarlo, cuando se trata de ti..
Admito que soy tonta, porque soy tú y bla, bla, bla… pero eso de estar como para que me aten, nada de nada. Ni siendo tú puedo ser tan tonta como para eso…
Ni para mucho menos, cariño… Mira… tonta ella y tonto él, dos tontos en uno … y uno para todo, capaz de hacer la tontería que necesita de dos para tener razón de ser.
Ya hay que ser tonto…
¿No te lo decía yo, amor mío?...
¿Tan tonto eres entonces?...
Tanto como tú y yo juntos… y a saber si no hay algún que otro tonto de por medio… Oye… ¿no me estarás siendo infiel, verdad?...
No seas tonto…
Si yo te contara…
Cuenta, cuenta…
Es una tontería…
Ándale…
No seas tonta, tú sabes…
¿Otra vez con lo de tonta?...
No más que yo, cielo… no más que yo.



...y me la llevé al huerto

Ansha, Sep 30 2008, 02:39 PM

Muchos grandes logros se consiguen tras decisiones sencillas, mientras que las grandes decisiones suelen traer sencillas equivocaciones, no por ello menos relevantes ni más pequeñas.

- Se parece a esa otro pensamiento que dice…
- ¿Se parece un huevo a una castaña?
- Algo sí se parecen… ¿no te parece a ti?
- Piensa en lo que acabo de decir y no interpretes, concuerda conmigo o disiente, pero no te descuelgues sobre la primera estantería de tu archivo retentivo y te pongas a navegar en aguas con calado diferente.
- ¿Algo en contra de la memoria?
- ¿Memoria?, la imprescindible
- Vale…
- Ten cuidado con ese tipo de alusiones, yo no me imito a mí mismo ni para parecerme, tenlo presente.

Algo suele ser mejor que el todo al que pertenece en tanto éste no constituya una parte relevante de otro todo que lo incluya. Así pues, cualquier todo que se intuya, incapaz de formar parte de aquel cuyas propias partes no cuenten con nada de él, se deja entre cada parte lo que no consigue ser. Es aquello que no es lo que le hace no ser parte, por lo que ciertas partes del todo que sí lo es, siendo sólo simples partes, consiguen ser más que él.

- Muy interesante…
- Ten cuidado… Si quieres decir vasectomía dí vasectomía, no me hagas juegos malabares porque me descentras. Ojo al parche.
- Vaya… ¿estamos susceptibles?...
- ¿Lo has entendido o no?
- ¿Parte de contenido puede ser más relevante que la idea continente?
- Sí, cuando el continente no sea un contenido relevante a su vez.
- Muy subjetivo… ¿note parece?
- Me parece. Todo es subjetivo, no existe la objetividad, ésta se maneja con el simple fin de calibrar el grado de subjetividad que empleamos cuando manifestamos un criterio.
- También eso es subjetivo…
- Por supuesto
- Vale…
- ¿Vale?...
- Creo que sí… aunque…
- Eso me basta

………………………….

- Tengo mis dudas…
- Eso también me basta


……………………………

- ¿Por qué no decir simplemente que la parte es superior al todo, cuando dicho todo no constituye parte de otro todo diferente?
- Por lo mismo que responder con un “sí” a la pregunta de si te quiero, no es igual que hacerlo con un “sí, te quiero”.
- No me vengas con esas…
- Ni vengo con esas ni me marcho con otras, te respondo. Y Te digo más, si ese “sí, te quiero” lleva añadido un “¿cómo puedes dudar de eso?”, la diferencia con ese “sí” raquítico es tan grande que incluso un “no, pero qué se le va a hacer” resulta una respuesta más acertada. Si respondes con un simple y sencillo “sí”, la interpretación es inevitable. Hay quien con toda una estrofa dedicada a confesar cómo y por qué se quiere, interpreta, fíjate si tiene lógica que los monosílabos sean para mí los demonio más truculentos o los ángeles más soberbios…
- Subjetivo… muy subjetivo…
- Como todo… ¿Sabes qué supe el otro día en boca de un científico?... Pues que la materia es una degeneración de la antimateria, una aberración de la existencialidad más lógica y primitiva: la antimateria. A donde convergerá todo en el fin de los tiempos (nunca mejor dicho)
- Hay que joderse…
- Eso es el paradigma de la subjetividad… la sinceridad más flagrante y honesta con la que me he tropezado en mucho tiempo

……………………….

- ¿Y si a fuerza de bordar el continente desvías la atención que precisa el contenido?... Con esas florituras semánticas quitas peso a lo que dices y lo vuelcas en cómo lo dices… ¿sabes el error que puede suponer eso?
- Para ser un error, antes tendría que ser acertado lo contrario. ¿Acaso el fin último de toda manifestación ha de ser exclusivamente lo que se dice y no cómo se dice?
- Exactamente
- Pues no para mí. Si me manifiesto sobre algo lo hago con estilo, que guste o no es ya otra historia, de no hacerlo así prefiero callarme y dejar que la mente procese en silencio, más deprisa, mejor. Eso me priva de la música, y como lo único mejor que la música es la música, por eso hablo.
- ¿Escribes por ti únicamente?
- No sé si únicamente, pero escribo por mí, y que no te quepa duda de lo claro que lo tengo.
- ¿Y si lo que dices de manera tan musical constituye una estupidez supina?
- Jamás he dicho una estupidez en mi vida. Pero si intuyo que algún cerebro ocluido le ha de resultar estúpido lo que no será más que una simple equivocación, unto la idea con el dulce elixir de la semántica y doy miel a cambio de ira, adorno el contenido con la confesión de que por tal la tengo y sigo siendo todo lo generoso que no siempre acaba gustándome ser.
- Eso es manipulación
- Manipulamos cada vez que abrimos la boca. No confundamos los términos, no llamemos al cojo tarado de piernas Eso no es manipulación, es dar. Doy como me da la gana, pero doy. Hablo, no me callo, pero hablo como me apetece hacerlo, no como le pueda gustar a los del tendido del siete.

Si tras las consecuencias de las vivencias por haber nacido, un día nos cuestionamos si debimos de nacer o si mejor habría sido dejarnos queriendo ser, ha de ser que nacer es el primer acto del que dispone la voluntad para equivocarse.

- ¿Me permites?...
- Te permito
- Quiero ser yo ésta vez quien te responda…
- Hecho
- Amplíame el contexto en el que centras ese pensamiento, por otra parte poco sustancioso…
- Nadie es perfecto
- Si yo te contara… Venga, dale…
- Voy a meter a tu dios en él, espero que no sea un agravante del tono de tu respuesta…
- No soy manipulable ni condicionable, es propio de toda conciencia…
- Sea pues

Dado que en el acto de nacer, el instinto modula nuestra incipiente voluntad a experimentar lo que más desconocemos y que es responsabilidad de nuestros padres asumir que sólo mañana estaremos preparados para saber qué hubiéramos querido, ¿no será que su primera obligación para con sus hijos ha de ser la de pedir perdón, a la vez que perdonar a quienes como ellos dejaron que ese instinto sellara su destino, y que tu dios, padre universal e hijo por empeño en doblega la lógica es el único sin derecho a perdonar y ser perdonado?...

- Por eso los padres tienen la obligación moral de encaminar nuestros pasos hacia ese umbral de vivencia que lleve a la aceptación de la vida como un privilegio…
- ¿No me digas?
- Te lo estoy diciendo
- Hablas de poner una zanahoria delante del burro…
- Hablo de poner una zanahoria al alcance de la vista del burro, no delante…
- Ya me dirás cómo narices veo una zanahoria, aunque sea monumental, si no me la colocas delante…
- Tú me entiendes, no me amagues con la izquierda para golpearme después con la rodilla… Atiende… Tú ves una tía reventota, bramas en a berrenda… y tus padres te colocan al costado a Santa Eduvigis. Tú tiendes a darle una estocada en el corazón al que te mire atravesado… y tus padres te compran un capote para que evites que el mirón te dé una cornada cuando falles o para que no vayas por ahí devolviendo intereses desmesurados. Tú te caes y te quedas en el suelo para ponerle la zancadilla al segundo que pase con intención de pisarte… y tus padres te levantan para que nadie tropiece contigo y se rompa la crisma, mientras sufren en silencio tus dudas sobre su valentía… Es cuestión de enfoque.
- No sé…
- Yo tampoco

Si tu alma reclama la paz que venera y la guerra que defiendo mata la paz que tengo, toma la paz que queda y haz la guerra que no tenga.

- Vaya, eso es buen…
- Ya lo creo que es bueno…
- Déjame que lo desenfoque y vuelva poco a poco a perfilarlo…
- Cuidado con interpretar… si lo haces te lo cargas y sólo dejas el gustillo del soniquete. Por lo que más quieras no destroces…

Sobre mis hijas…
Necesité estar sólo para vivirlas, hoy necesito vivirlas por no sentir la soledad que reporta estar sin ellas.
Por tenerlas, dejé de verlas… Hoy necesito mirarlas para lograr que me vean.
Con Ellas viví engañado… y sin ellas descubrí lo que nunca he deseado, lo que aún no he olvidado… lo que no quiero que sea… Hijas que como yo son hojas del mismo árbol, capaces de darlo todo y orgullosas de no darlo.

- Sin comentarios…
- Faltaría más…

Cuando algo te aflige, es que tu conciencia no sabe si aceptar el dolor de un error o dejar que te equivoques de nuevo para seguir engañándose.

Cuando algo termina todo empieza y cuando algo empieza… termina todo lo demás.

Las Juventud es una curva inalcanzable que sólo las manos del tiempo consiguen trazar con pericia. La ruta de la vida es una sucesión de mojones de presentes que no sabemos mirar si no es con la vista atrás, donde se hace eterno y las ganas de recorrerla desaparece cada vez más tras la curva que nos obliga a mirar hacia delante.

Más sufre quien imagina que quien sabe a ciencia cierta, pues mientras que éste acaba asumiendo la causa de su dolor, aquel nunca termina de creerse aquello por lo que sufre.

No permitas que hacer realidad tu sueño te haga olvidar la realidad en que lo sueñas, no sea que por soñar realidades éstas acaben por no dejarte soñar.

Los castillos en el aire son los únicos cuyas bases no ocultan el horizonte de quienes pueden seguir caminando ignorándolos. Los castillos en el aire son capaces de albergar amores imposibles y hacerlos realidad desde los sueños más altos, que si la realidad del sueño no es la realidad que vives, soñar es la realidad de aquello que concibes como único posible.

La seguridad induce al error, la inseguridad lo inventa. La única forma de no equivocarse es contemplar el error como fruto de una causa contraria, involuntaria e imprevisible.

El diablo no sabe más por viejo que por diablo, pues mientras que la vejez le da a éste la sabiduría que la nuestra le adjudica, lo que sabe por diablo sólo lo sabe él… salvo que seas el mismo diablo, entonces sabrás muy bien de aquello que no te hablo por saberlo ser también.

Dos y dos resultan… Pero si sumas el uno una vez por cada vez y observas el resultado más allá del propio cuatro, te das cuenta que ésta vez, aunque siguen siendo cuatro como los pares juntados, cada cual va por su lado…el cuello bien estirado, unidos ante la causa, juntados y separados, conformando lo logrado sin el triste y vil recuerdo de que antes eran rectos… y hoy se los ha doblado.
Las parejas, sin embargo, a duras penas conservan recuerdo de lo que fueron… antes curvas y ahora rectas, ayer cisnes… hoy peldaños.
Moraleja… mejor resulta estar sólo que tan bien acompañado, no sea que con el tiempo y fruto de algún pecado, acabes por ser asiento de quien ya te ha calculado.

Isabel y Fernando parece que se lo montaron bien… No obstante, y pidiendo disculpas anticipadas por dar rienda suelta a mis ganas de jugar impunemente con la semántica, déjame decirte algo…
Si por montar monta tanto aquellos que menos montan como montan los que más… ¿será que ha de dar lo mismo tanto si montas tanto cómo si montas a tiempo tan sólo una sola vez?... ¿será tal vez que al montar no importa sobre qué montas, o cuantas veces lo hagas, sino vivir lo que montas y montárselo así bien?...
Moraleja… Móntate si es montado como concibes estar. Pero bajo ninguna circunstancia te dejes montar si no puedes desmontarlo con sólo pensarlo, ni por ti ni por quien diga que está a tu lado, que nadie como éste para montárselo bien a costa de tus ganas de montártelo y nadie mejor que tú para montártelo mal si te montas demasiado y no sabes desmontar. Que monte Isabel de lado y quede Fernando a pie, o que se cambien las tornas y monten por separado, o que monten agarrados en la grupa del corcel para decir que han montado tanto ella como él... Yo me monto y descabalgo, o no me monto jamás… que montar es un infierno a la hora de parar.

- ¿No montar por si te duele luego apearte?
- Si me duele apearme, no me apeo
- ¿No montar por si le coges un gusto insano al asunto?
- Si le cojo gusto a montar, puedo perderle el gusto a no hacerlo, en una situación así decido no montar.
- ¿Te niegas a experimentar?
- Me gusta manejar la información que se me muestra como verdad y encontrarle la lógica que he de presuponerle si respeto a quien también presupongo que le ha dedicado su intelecto, analizarla, sopesarla y medirla para después asumirla, o colocarla en otro contexto y ver cómo se desenvuelve.
- No me has contestado…
- Creo que me he expresado con claridad. Me va el cine y no el teatro, no me gustan las sorpresas.
- No te va eso de descubrir por ti mismo...
- Una vez más interpretas mal…
- Coño, si eres una pura metáfora con patas… ¿cómo no voy a interpretar?
- No son metáforas, cerebro. La metáfora te sitúa en otro entorno dentro del mismo contexto, yo te pongo alfombra de terciopelo para que vayas con zapatillas a buscar el pan.
- ¿No es eso una metaforaza?
- Mira que eres quisquillosa…
- ¿No decides cuándo montas o desmontas?
- Monto cuando sé que podré desmontar a voluntad, y desmonto cuando soy igual de sabio.
- ¿Y los demás?
- Como si se operan
- ¿Significa eso que no tienen el mismo derecho?
- Por supuesto que tienen derecho, por eso sólo monto en esas condiciones, y bajo esas mismas respeto la monta de los demás. Si no es así me aparto y dejo que se monten todos en el mismo jaco si quieren.
- Postura cómoda esa…
- Soy africano, padezco de indolencia crónica.
- Sin embargo bien que te tiras a la yugular…
- Sólo si hay causa, entonces provoco ese efecto.

La humillación es el único acto voluntario capaz de conferir a su autor la patética imposibilidad de cometer con éxito cualquier otro de distinta especie.

La humillación tiene el indigno privilegio de convertir el acto generoso en el menos deseable, confiriendo al verbo dar la rara incapacidad de ser conjugado con éxito.

Si dar tiene su único sentido lógico cuando alguien necesita, humillar es el compendio de todo lo que nunca es necesario.

Sólo el que humilla una sola vez es quien volverá a hacerlo tantas otras veces como circunstancias similares haya de atravesar.

La humillación no redime al autor con una contrición que le muestre lo vil de ese acto, lo alienta con los resultados únicos que consigue.

Tras humillar no se corrige, se adquiere la práctica para humillar más y con peor estilo.

Humillar es fácil, lo difícil es llegar a hacerlo.

Humilla quien no sabe reconocer su incapacidad de hacer de forma distinta aquello por lo que reacciona como un imbecil.

Humillar mata la posibilidad de perdonar a quien, por ser peor que nada, odia siempre que le dejan.


- ¿Oye… no crees que hay mucha soberbia por aquí?
- ¿Tú crees?...
- Yo creo
- ¿Celosa?...
- Preocupada…
- Mírame… anda, mírame…

(Vaya manera de mirar… ¿Habéis visto alguna vez los ojos de vuestra conciencia, cuando se clavan como dos lunas en el fondo de vuestro ser y te recorren entero?... Yo la amo y la odio, a la vez, pero sobre todo la respeto. He de calmarla… Lo que ve de mí lo interpreta, es su derecho… ella sí lo tiene, y cuando baja la guardia y me sitúa a su nivel, pierdo el sentido y es cuando soy lo que teme, así es cómo me comporto como lo que intuye… así es como más me gusta…)

- No hay soberbia, hay sinceridad…
- ¿Tú crees?...
- Sabes que no miento, ¿cómo voy a mentirte a ti entonces?...
- Pecas por ambos extremos, a veces te enrolas como una persiana y no hay manera de seguirte –amén de los errores que cometes, de los que no te das cuenta y sigues como si nada.
- ¿…y por eso me quieres menos?...
- Calla, anda. Otras veces sin embargo eres demasiado directo y conciso…
- ¿Yo?...
- Sí, a veces utilizas conclusiones o das respuestas que corresponden a razonamientos intermedios que no manifiestas, y si además te da por ser conciso, cuanto menos parees soberbio, ¿sabes por qué?, pues porque eres consciente de cómo estás procediendo y eso te disgusta. No importa que tu intención sea altruista, léase que quieras no alargar la cosa para simplificarla cuando menos debes, sea que temas perder el reluciente chicote si cuentas cómo y porqué aparece. La cuestión es que describes cómo vas de Madrid a Burgos de noche y te pones a contar por qué la vaca que está en Valladolid nació con manchas azules, cuando lo sabes porque la creíste oír mugir hace un mes, cuando distraído paseabas por la Alhambra y Pepito, que es su dueño, te contó como la echaba de menos. Como sabes que lo del tono de la vaca sólo tiene la explicación que tú puedas arrojar y no dices nada, hablas del mugido como si fueras capaz de escuchar el vuelo de la mosca que la incordia los viernes por la tarde, con lo que te sale lo más parecido a la soberbia que yo pueda imaginar… y mira que te conozco y sé que no me mientes…
- Anda… ven, que tengo un hueco para ti y tus comidas de coco… Qué sabe la gente… ¿qué nos importa a ti y a mí que nos piensen con la neurisma y se empapen de nosotros con aquello de lo que ya están completamente convencidos?... Además no nos escucha nadie… ¿es así, no?...
- Por supuesto, todo esto es entre tú y yo…
- Entonces olvídalo… Si soy soberbio, tú me perdonas, y si tú eres más pesada que la vaca de Valladolid, yo te pongo un elevador bajo el palmito y te como los morros.
- Seriedad… Claro, como soy yo quien te cubro las espaldas…
- Y yo a ti el palmito…
- Caray, qué fijación con ese lugar de vicio…
- Sí… de vicio y perversión…

-----------------------

- ¿Me quieres, soberbio?
- Hasta que digas basta… entonces sabrás cómo puedo llegar a quererte…
- Oye cariño… ¿cómo le vamos a llamar a esto?...
- ¿”Le vamos”?...
- ¿No…?...
- Le vamos… claro que “le vamos”… Y erá una sorpresa… hoy estoy que se me lleva el viento en pos de la realidad más incierta y la hago añicos con tal de que cada pedazo sea una verdad completa que a ti te baste.
- De ésta nos echan…
- Qué va, si no se enteran…
- Repasa un poco todo esto…
- De eso nada, va como ha salido, nada de corregir, tendría que rectificar tanto que acabaría siendo completamente distinto.
- Entonces estate quieto…
- ¿Quieto con toda tú ahí, mirándome como si fuera san Benedicto?...
- Calla, anda…
- De acuerdo…que sea en silencio...


Cuestión de agradecimiento...

Ansha, Sep 24 2008, 01:11 PM

Dicen que ser agradecido es de bien nacidos...

De lo que sé de mi porque no me haya dicho nadie lo contrario, no debí nacer mal del todo, aunque por lo que sí me han dicho varios, a punto estuve de no poder contarlo.
Lo importante es que nací y que aquí estoy, o al menos lo es para mí y para mis hijas -de momento-
Pero no es de cómo el buen nacer puede repercutir en la capacidad para agradecer, por lo que hoy te hablo aquí y ahora. Hoy y aquí, contigo y para ti, quiero hablarte agradecido.

Hablar sobre el agradecimiento no es lo mismo que agradecer.
Hoy quiero agradecer, no ser agradecido.
Ser agradecido es motivo de que se te agradezca, agradecer es un acto que pretende ser en un único sentido. Ese es hoy el sentido que elijo.

Deseo hacer un hueco en mi lugar de esparcimiento mental, para salir un momento y hablarte de manera más directa, más personal, de mí para ti y de ti para... bien, dejémoslo en de ti para ti.
Será tan corto que resultará extraño haberle encontrado refugio en un lugar como éste, donde me suelo explayar en disquisiciones y acabo por perder cualquier chicote del que me dé por halar. La culpa de que sea así la tengo yo, que soy aún más rarito de lo que ya era cuando te dijiste a ti mismo… ¡mira que es rarito este tío!, y la tiene también ese espacio conspicuo que la gélida sección del perfil dedica a los comentarios de fuera hacia dentro y viceversa.
Pues bien, es ese viceversa el que me ha dejado sin otra alternativa que hablarte por aquí… Nunca acabas por hacerte a la idea de cuán poco puedes decir, hasta que dices algo y te corta la parte más sublime.

¿Mensaje privado? –Me preguntarás tú
Esa no es alternativa -Te respondo yo
¿Correo del zar? –Insistirás sin acritud
Sigue sin ser alternativa -Añado yo poniendo cara circunspecta
¿Qué nos queda?... –Pregunta el populacho a coro
Pues nos queda París… -Aventuro a responder con no demasiada convicción,
Está lejos de narices… –Concluimos todos a la vez y cogidos de las manos

Así pues, héteme aquí que es aquí donde la cosa va a tener su razón social de ser. ¿Qué mejor lugar que éste, donde los “te digo y no dices” que he venido practicando evitarán que nos enzarcemos en idas y venidas de dignas opiniones contrastables? No por hablarte desde aquí, este espacio atemporal dejará de ser el lugar donde quepa todo aquello que a nadie importe si es como se entiende o sólo trata de ser como parece, ni perderá esa identidad propia, sustentada por el hecho de que sus contenidos muestran de manera impersonal lo que bien pueda ser coherente o disparatado para muchos.
Aquí, y no en otra parte, es donde hoy no voy a tratarte como uno más de ese universo humano que soporta con estoicismo lo que le endilguen porque ya está cansado de ser diferente y pasar por estúpido. Es aquí, en este mi espacio finito, que a duras penas logra no ser ingerido por ese otro total -al que pertenezco por derecho y sufro por que no hay otro remedio- desde el que hoy quiero darte las gracias por tu comentario.

Me dirijo a ti, que has tenido el acierto de hablar cuando más parezco pedir el mismo silencio que vengo transmitiendo desde hace cierto tiempo, y lo hago con la mejor predisposición que consigo salvar de entre toda la que ya he perdido, a fuerza de contemplar la ridícula dignidad del mediocre o la maligna influencia del envidioso. Quiero agradecerte tu gesto porque trasmite sinceridad, respeto y desinterés, y sobre todo porque no has interpretado los idus de marzo para saber si septiembre es buena época para mirarle el ombligo a un octubre que se te antoja cálido.
Hay algo más.
Tu indicación no ha sido sólo un reconocimiento a la validez de una reflexión, que hasta ese momento sólo tenía ese carácter en la conciencia de quien tuvo la suerte de analizarlo, sintetizarlo y disponer de la ocasión para plasmarlo. Tu comentario ha sido una reflexión en sí misma a partir del pensamiento que sobre ella te ha suscitado su forma y ritmo. Eso, y la interpretación que yo sí me permito hacer sobre respuestas que me trasmites a preguntas que no me hago, es mucho más que agradecimiento por tu parte. Mereces más que un sencillo agradecimiento por la mía.
Mi agradecimiento va desde que comencé por alegrarme de tu comentario y hasta cuando tú te canse de él… tan detrás como tu quieras del punto que no ponga fin a lo que venga seguido.

Seguiré pues haciendo un poco más lo que ya estoy haciendo y sí sé hacer, aunque no practico, y lo haré porque tú has hecho que merezca la pena. Te hablaré sobre ello, retomaré ese pensamiento durante unas líneas y verás cómo el mérito consiste en condensar el todo lógico y elevarlo de categoría en un currículum de palabras que lo respeten de principio a fin.

Los aplausos privan a la imaginación del hambre que anhela para ser fértil, a la vez que impulsa la voluntad en pos de aquello que necesita imaginar para saberse útil.

La respuesta silenciosa concede a una reflexión los perfiles que le otorgue la imaginación, sin embargo, el reconocimiento tácito del valor que encierra la hace real y perpetúa su enseñanza. Calla pues si admites que algo no tiene límite, pero jamás guardes silencio cuando comprendas completamente aquello por lo que respondes con alabanzas.

Una reflexión no es más que la vida en un instante y es tanto como eso, salvo que la vida acumulada en otro instante reconozca tu propia vida y encuentre su propio instante para hacer su reflexión. Entonces, el instante que provoca ese otro instante, adquiere vida propia y prevalece, sin que la imaginación, dueña del pincel más fino y de la brocha más burda, pueda darle esa forma caprichosa con que la mente duerme sus dudas.

Gracias por tu reflexión…



Cuestión de ofensas (1)

Ansha, Aug 5 2008, 02:23 PM

Dice el saber popular que no ofende quien quiere sino quien puede…

Hay que ver las cosas que se dicen por ahí… Y no sólo es por ahí que se dicen cosas así, también por aquí y por allá se dice de todo y no vale para nada.
Déjame escribirte algo, sobre eso que se dice y que acaba decir más o menos casi nada, tal vez te suene distinto.

Dicen, dice, decimos… digo, y digo que es preferible no decir nada y permanecer tres vidas callado antes de decir algo que suene a clarines y tenga menos fundamento que poner una piedra en un plato y esperar a que se pudra.

Se afirma y se niega con una rotundidad que no deja de sorprenderme... y mira que ya tengo edad para estar curado de espanto. Qué fácil nos resulta sentenciar y qué poco parece importar el contenido de la sentencia, y si ésta suena sublime ya ni te cuento. Cuando pienso cómo mentes respetables pueden concluir en errores tan absurdos imagino que la respuesta ha de tener algo que ver con que alguien, o algo, nos ha llegado a convencer de que la forma lo es todo y que el fondo es algo sólo útil y relevante para los peces, donde el intríngulis de una mayor profundidad no radica en un descenso acusado de temperatura o en una mayor presión sino una gratificante menor posibilidad de que el error sea descubierto.

Largamos una conclusión llenos de dignidad y luego regalamos un extra de silencio para que se cuele suavemente en el gaznate del sorprendido, y cuando éste pasa de sorprendido a escéptico, es tal la carga de señorío que lleva el bolo alimenticio que aquel, atontado ya con el soniquete que aún perdura en sus oídos, se queda sin opción de dudar y traga lo que venga. Pero si eso es triste, más triste aún es verlo soltar lo que sea que tenga en las manos y ponerse a aplaudir como un loco agradecido.

¿Cómo es posible que nos cueste tan poco pensar tan a la ligera antes de llegar a una conclusión?... ¿O es que pensamos poco?...
Una cosa es plasmar lo que vas pensando y disparatar, y otra muy distinta afirmar con cara de ceremonia lo que previamente otro ha pensado con el culo. Quien piensa con semejante parte de su anatomía necesita de alicientes para poder hacerlo dos veces seguidas, pues ni utilizando una sola vez el coco lograría la ignición necesaria para ponerlo en marcha. ¿Qué aliciente puede haber mejor para él que un aplauso bien ruidoso?... Para lograrlo recurre al ombligo. ¿Qué hace entonces?... Pues como su generosidad para no respetarte es grande, tras su sentencia insostenible te regala un silencio, y no lo hace para que pienses sino para poder escuchar mejor cómo empiezas a batir el aire con tus manos y le das esa temperatura que necesita para elevarse como un globo, a la vez que ruído.

- Contrólate…
- Déjame en paz, estoy controlado
- Vigila esa vehemencia…
- No estoy siendo vehemente, la vehemencia es el reverso de la inseguridad y ese no es mi caso. Estoy cabreado
- Vigila el cabreo pues…
- Mucha vigilancia pides tú. ¿Qué hago, me callo?
- Sólo vigila…
- Piérdete...

Es fácil ofender, demasiado fácil por desgracia. Ya ves, para ofenderme a mí bastaría con que alguien diera por hecho que soy estúpido cuando afirmo que sólo un estúpido se cree sus propias estupideces, pues si el estúpido que no se sabe serlo cree estúpido a quien le dice lo estúpido que resulta lo que ha dicho, es que su estupidez no tiene remedio. Pero si no siendo estúpido comete el error de decir estupideces y tacha de estúpido a quien le muestra la estupidez que ha cometido, es digno de que lo empalen, taponando así y de una vez el orificio por donde saca sus brillantes conclusiones.

- ¿Estás vigilando?…
- Sí, estoy vigilando
- No parece que se te dé muy bien…
- ¿Eres de Opus o qué?
- ¿Por qué te coges esos rebotes?...
- ¿Tanto te molesta que pronuncie la palabra culo?
- Tienes otras opciones… nalgas, palmito, posaderas…
- … bendito sur, sublime ojal, tierno final, rotundo terminal..
- ¿Lo ves?... anda que no hay alternativas…
- ¿Culo no es una alternativa más?
- Lo es…
- ¿Entonces?
- Eso digo yo… ¿entonces por qué no?
- Como quieras
- Quiero así
- Vale
- Pues vale

No me gusta dar consejos lo mismo que no admito que se me den, por eso no los doy. Me dirás tal vez que ese gusto porque las recomendaciones se queden quietecitas en el bolsillo más interior de todos dependerá de quien lo dé y de su actitud al darlo, pero yo te digo que ni pintándomelos de color fucsia acabarán por gustar, adminístramelos con un tañer de campanas y te armaré tal escándalo con cacerolas que creerás estar cocinándote a ti mismo. Que no me gustan ni un pelo, vaya. ¿Cómo puedo revestir como una sentencia lo que sólo puede ser una opinión? Las sentencias las reservo para mí y ni de manera implícita se me ocurre decir nada intentando que se te pegue a la piel.

Pero que no aconseje ni cómo hay que poner el timón para caer a la banda contraria al peligro, no implica que no sentencie. Si razono y no encuentro contrapuntos que echen por tierra el más mínimo matiz en todo el proceso que he empleado entonces sentencio. No vincula a nadie, pero sentencio. Y si mi conclusión puede reportar que algo provoque un pensamiento paralelo a raíz de él, entonces hago pública mi conclusión, publicidad que tanto puede ir dirigida al cuello de mi camisa como hacia el infinito y más allá, con lo que mi responsabilidad sólo alcanzará a las repercusiones que para mí, y sólo para mí tenga el que haya estado o no acertado, y de ti depende encontrar el error que no he detectado yo o complementar esa sentencia y desarrollarla en una línea acorde a tus propias necesidades.
Las conclusiones hay que mostrarlas de manera inequívoca, no como una opinión. Una opinión asume la posibilidad de que el enfoque utilizado no sea el más apropiado para sacarle el verdadero sentido a lo que baraja, una conclusión sin embargo implica que ese enfoque no sólo tiene la conclusión a la que has llegado sino que, como conclusión que es, ninguna otro enfoque puede contradecirla.
Pues bien, si mi talante a veces es de indignación no es porque se contravenga lo que acabo de decir, y que constituye uno de los principios por los que se rige mi pensamiento sobre la posibilidad de algo, es porque se muestran las opiniones como conclusiones y se elevan a sentencias sin más.

¿Quieres un consejo?... Tienes suerte entonces, pues odiándolos hasta su raíz y sabiendo que mi conciencia sacará los pies del plato para leerme la cartilla, te lo voy a dar. Eso sí, con el mejor de mis cariños.

- Eres un cínico…
- No te pases…
- Admite que lo eres…
- Te estás pasando…
- ¿No lo eres?
- Soy tan cínico como la propia existencia me obliga a serlo a veces
- Eso sí que es cinismo…
- Cierto, eso si es ser cínico, un cínico realista pero sí, un cínico. Lo que no soy es ese cínico que tú crees haber visto antes de que me mostrarme cínico
- ¿Tanto te cuesta ceder?...
- ¿Tú me preguntas eso, tú que me conoces y sabes que soy flexible como una espiga de trigo?… ¿acaso no confundes flexibilidad con adecuación?… ¿desde cuando niego la verdad que cualquiera puede mostrarme?
- Vas a dar un consejo que dices odiar dar…
- Cierto… ¿y?...
- Vas a sentenciar, mientras eres de los que dicen que todo es opinable y que por ello la sentencia ha de ser de puertas adentro…
- Sentenciar no es lo mismo que aconsejar. Sentencio cuando tengo los fundamentos y aconsejo cuando no me queda más remedio que comunicar mis conclusiones por que ellas pueden afectar de manera directa a los demás…
- ¿Cuándo no te queda más remedio?... ¿Es o no es eso cinismo?...
- Cinismo sería edulcorar la opinión con una sentencia. Aconsejar sin embargo es sentenciar confiando en que se asuma que puedes equivocarte si no cumples determinados fundamentos que han sido previa y suficientemente valorados y medidos. No me gusta aconsejar porque no confío en que los consejos se tomen con esa calidad de percepción, muy al contrario, se aceptan tal cual si se ajusta cómodamente a un tipo de alternativa desconocida por el aconsejado y provoca en él la esperanza de conseguir así sus objetivos. Que no me guste aconsejar no significa que no aconseje, y el que mi opinión sobre los consejos sea tan negativa como he intentado sentenciar no implica que deje de aconsejar cuando sólo así es posible evitar el probable daño que una simple opinión no evitaría.
- No te digo lo que pienso porque antes tendría que saber qué pensar para pillarte en un renuncio, ¿pero siendo los consejos algo bastante habitual, no será que tu gusto por no hacerlo sea la señal inequívoca de un egocentrismo que se retroalimenta con la ignorancia de los demás?…
- Aunque sí sé por qué dices lo que dices, tampoco te digo yo lo que pienso, pues lo que te mereces que te diga te gustaría aún menos que lo poco que te gusta admitir que la responsabilidad de no entender algo puede ser tanto porque no entiendas un pimiento de lo que te digo como porque tratas siempre de ver complicaciones donde sólo hay un sencillo y bonito lazo de terciopelo. Ese es tu problema, que mientras te hablo te dedicas a preguntarte cómo rebatirme, en lugar de asimilar lo que te digo, para luego analizar y que sea tu propio razonamiento el que te diga si me equivoco y dónde.

- Me das miedo…
- Me desquicias…

Pues te voy a dar ese consejo, aunque puede que llegue ya tarde.
Aparta de ti los objetos cortantes que sueles tener en casa tales como cuchillos, navajas de afeitar, tijeras, sierras, guañas, guillotinas y demás insignificancias, y te aconsejo que hagas lo mismo con caramelos y piruletas -aunque estés enganchado a ellos-, no vaya a ser que te atragantes con un disparate o al dedicarme un improperio. Es sólo un consejo, ahora tú haz lo que más te apetezca, o lo que menos, que como no te veo ni te escucho ni te siento, ni te… En definitiva, pélate si quieres, yo ya he cumplido con avisarte.

(Acto de contrición)
¿Crees sentirte ofendido con el tono que empleo?... Pues mira a ver si en realidad lo que te está pasando es que todo esto te importa un bledo y que no es tu santo. Oféndete y reclámame en silencio una disculpa más tarde, pero no olvides que pocas actitudes como la mía serán tan claras y sinceras.
¿Que no me quieres nada de nada?... Ya me querrás cuando me muera y sólo leas cosas dignas de ser leídas. Todo acaba por ser una monotonía, hasta la bellaza. ¿Has visto alguna vez la mirada de una mujer con bolsas violáceas bajo los ojos?... te aseguro que si esos ojos son negros y miran desde más allá de sí misma, la mirada queda grabada en tu retina hasta que un día te hablan.
¿Que me den?... Si me das lo acepto, si me dan devuelvo…
¿Qué te olvide?... Eso es fácil, a veces hay unos maravillosos instantes de mi vida en los que incluso me olvido de si tras un paso he de dar otro o girar como un trompo.

(Ya no hay contrición que valga)
Voy a plantearme la pregunta de manera directa y sin implicarte en ella, ya tienes motivos suficientes para aborrecerme por “tanta sinceridad” y por el silencio al que someto tu deseable opinión y el no menos interesante razonamiento.
¿De verdad solemos pensar lo que decimos, o por el contrario nos falta tiempo para manifestar lo primero que creemos ver porque no volveremos a pensarlo con mayor profundidad? Yo creo que una mayoría de las veces ni siquiera pensamos, intuimos. Eso está bien, es ideal, pero no es suficiente para tener un criterio, porque bien está que te pongas a escribir -o a decir, que no soy racista- y largues como un loro todo lo que en ese instante se te pase por la mente, pero que al sentar cátedra e inmortalizar tus conclusiones vayas y te desparrames con cosas como las que nos quieren vender por tres pesetas…

- Tienes que irte…
- ¿A dónde?
- Tú sabrás a dónde, pero tienes que hacer mutis.
- Vale
- ¿Pedo despedirme?...
- Hazlo, pero sé conciso y parco. Y sobre todo no te pases.
- Prometido. Ya casi me estoy yendo…

He de dejarte… Mi tiempo hoy se ha terminado.
Cierto es que no he dicho nada de lo que pretendía. Bueno, tampoco ha sido tanto como nada, algo sí ha salido. En serio, lo siento pero he de hacer encaje de bolillo en otra oarte (mi trabajo, ya tu sabes...), no obstante me voy dejándote mi compromiso de retomarlo en cualquier momento, tal vez cuando éste calor sea menos sofocante, o cuando vea que tu balcón vuelven tres o cuatro oscuras golondrinas despistadas.
Cuídate y mantén tu honor a salvo de depredadores, hay mucha envídia agazapada por las esquinas.

Fuerza a quien fuerza da y honor a quien ya lo tiene; o lo que es lo mismo, fuerza de mí para ti porque la tuya me llega o me llegará, y para honor el tuyo, que al mío hace grande cada vez que me lees.


Cuestión de sorpresas...

Ansha, Jul 17 2008, 01:14 PM

Siempre he reaccionado con incredulidad y escepticismo ante la actitud ciega e insistente de los amantes incondicionales de la sorpresa, y me declaro enemigo moral e incondicional –que no mortal, por supuesto- de quienes alegremente practican esa insana, desafortunada e ingerente manera de perseguir sus propias emociones a través de motivaciones ajenas.

Tú bien puedes pensar de manera diferente, no sólo es tu derecho sino que delata que piensas, con lo que mi exposición no será más que algo rebatible y sin fundamento bastante como para que cambies de actitud, cosa que no pretendo y ni me he cuestionado siquiera. Siempre es un privilegio saber a ciencia cierta que tienes fundamentos sobrados para cuestionar acrtadamente mi manera de pensar, pero he preferido prescindir de esa certeza en aras de la individualidad que me permite el sistema. No te lo tomes a mal, me dolería de verdad, no dudes de ello.
En definitiva, si hago alusión a tus gustos éticos y doy por hecho lo que sólo podría constatar dejándote participar, es por mantener un aislamiento en el que me siento a gusto y, sobre todo, por reconocerte de manera inequívoca que bien puedes tener muchos más motivos que yo para pensar como piensas. Te diré más, estoy mentalmente preparado para asumir que incluso puedas pensar totalmente al contrario a como lo hago yo, con lo que verás mi actitud como la propia de un ser egocéntrico, egoísta e introvertido, o descaradamente antisociable si tú quieres, y bien puede ser que tengas razón y que tal vez mi sesera sea ya un sonajero irremediable; en ese caso -sólo en ese aso- los asíduos a las situciones sorpresivas deberían de proliferar como las chinches para alegrarnos a todos la vida aunque no queramos, mientras que a mí deberían encerrarme donde mis ideas maquiavélicas no se colaran por los resquicios de las puertas y mis palabras no pudieran ser escuchadas por quienes de voluntad propia tienen lo que yo de esa bendita santidad social que parece animarlos a dar noticias con un bocinazo.

Pero si quien se equivoca eres tú, porque te va el rollo de hacer el bien cuando ni medio bien se te pide, y te vuelve histérico de emoción ver la manifestación exterior del drama interno que sufre –sí, sufre- quien es sorprendido en pleno equilibrio más o menos conseguido a fuerza de romperse los cuernos por no pisar al vecino, entonces es que has de entrar en su mismo cubículo y hacer cola en la fila de los que, por economía de mercado, se han quedado sin su más que merecida papeleta. Pero no nos engañemos, saquémonos el dedo del ombligo y miremos el de nuestro beneficiado sorprendido, en lugar de redondo y mondo se le queda a cuadros cuando le susurran bendiciones a golpes de oído, porque es un drama ético lo que ocurre en el interior de quien está en equilibrio y se ve sorprendido con algo que no espera o que medio espera aterrorizado, y no te digo nada si ese equilibrio del que goza es inestable.

Mi propósito hoy es mostrarte los fundamento que esgrimo ante mí mismo para entender la lógica de mi actitud ante los que, si te parece y sin ánimo de ofenderte, llamaré “donantes” en lugar de cualquier otra cosa, más que por no ofender a nadie es por no ofenderte a ti.
Para los elegidos, para los teóricamente beneficiados por las maravillas de una actitud sorpresiva no tengo más que bendiciones y parabienes, así pues me referiré a ello de la única manera capaz de hacerles justicia y serán, lógicamente, los “sorprendidos”. Y perdóname si después de haberlos definido no los utilizo y me dejo arrastrar por la emoción del momento, qué le voy a hacer si soy así de apasionado…

Pues bien, déjame ponerme en situación para ver la cosa desde una buena perspectiva, así podré detectar de manera más cómoda el hilo verdadero y evito que se me licuen los sesos queriendo abarcarlo todo.

Donantes y sorprendidos conviven con el gran grupo universal de los existentes, entre lo que me encuentro yo, que ni practico las donaciones ni admito –siempre que ello me es posible- que se me sorprenda. Ya seas uno u otro, o como yo te encuentres en medio de ninguna parte de la que es parte cualquiera de los susodichos donantes y/o sorprendidos -ya los he utilizado; una preocupación menos-, poseemos un particular estado existencial que sólo presenta dos alternativas posibles: se está en equilibrio o bien se está desequilibrado.
Ambas situaciones son estables, del equilibrio no hay nada que puntualizar, pero sí del desequilibrio. Puedes estar desequilibrado y sin embargo mantener un grado existencial similar al provocado por un equilibrio en toda regla, pues puedo dudar de lo que me sostiene pero ser consciente de que estoy sostenido y de que me sostiene bien y hasta que a mi me dé la gana. Eso sería un desequilibrio estable (sólo se nos ha ensañado sobre la estabilidad que ésta es aplicable al equilibrio, no al desequilibrio, pero no veo por qué hemos de limitarnos a eso si es perfectamente asociable a lo que indique lo opuesto, ¿no?).
Pero puede que sea inestable, o lo que viene a ser lo mismo o parecido: me vengo hacia acá para luego irme hacia el otro lado. Eso sólo ha de representar para cualquiera el que ha de dejarse de elucubraciones y dejar que vaya y venga a mi arte. Ya sea que esté aquí o allá estoy donde bien puedo haberme acostumbrado a estar cuando nadie me da la murga de por dónde parece que hay que ir porque lo ha dicho el de la esquina, que sabe mucho y es buena gente. Moraleja: no toda inestabilidad es inestable. Tú ya me entiendes.
Y la inestabilidad inestable?... y la indiferente?... Mejor será que no nos metamos en ese terreno, dime tú si no cómo sigo si me enzarzo con la posibilidad de que una inestabilidad inestable pueda ser la estabilidad en estado de gestación o una estabilidad no detectada o asumida… Tela.

Quedamos entonces en que estamos en equilibrio o desequilibrados, unos totalmente fuera de márgenes y otro saliéndose por la tangente y tendiendo al infinito menos dos, la cuestión es que estamos donde nos encontramos, nos guste más estar en otro sitio o no.

Entonces viene un elemento donante y te regala su idiosincrasia, te sorprende, te altera el estado en el que te encuentras y se carga el equilibrio que tanto te ha costado conseguir, modificando los parámetros por los que estás como estás y consiguiendo que todo se mueva y se descoloque. Si era equilibrio lo que tenías, es equilibrio lo que pulveriza, y si era un desequilibrio conocido lo que te impedía mover las alas hacia el Olimpo, pues te quedas a punto de no poder ni mover los pies para no caerte. En cualquier caso te hace la pascua, porque si ya cojeabas de algo y piensas que no hay mal que por bien no venga no has de preocuparte, constatarás de que tampoco hay mal que no pueda ser llevado a peor cuando así se empeñe el iluminado de turno, que esperará a que te recobres del susto para que le des las gracias por hacerte más desgraciado de lo que eras o por regalarte de sopetón un grado de felicidad mayor, del que no sabes aún si te va a gustar disfrutar y con el que, en cualquier caso, lo primero que ha logrado es desequilibrarte.
Con lo sencillo que resulta ponerse una corbata cuando sabes que eres tú quien elige el diseño y color, que sólo a ti importa el que haya o no de merecerlo la ocasión o si lo mejor en cualquier caso es ir con taparrabos porque así somos más sinceros y naturales. Pues no, hay que ponerse corbata por que alguien decide que así es como hay que ir a la boda de tu amigo Ricardo, que se casa con ese amor de tu vida que siempre creíste que había muerto en el hundimiento del Titanic y por quien te sacrificaste y estuviste diez años comiendo saltamontes a la pata coja.

No puedo evitar –tampoco hago nada por conseguirlo- pensar en esa especie como en una comunidad estúpida de egoístas recalcitrantes y cínicos, capaces de romper un equilibrio del que no saben absolutamente nada, y no parece que tengan otro propósito que chutarse en vena una reacción emotiva que por sí mismos no son capaces de conseguir, o no les basta. No se me interprete mal, por supuesto que excluyo de mis malos pensamientos vengativos a quienes reparten sorpresas en nombre de la alegría y las buenas noticias, sin embargo no dejo de incluirlos en esa curiosa y maléfica etnia de amates del impacto.

Si definitivamente no piensas como yo, o piensas de manera no tan diferente pero adjudicas cierto grado de permisividad a quienes tal vez sólo traten de alegrarse la vida con las alegrías de los demás, tal vez también es que tu equilibrio necesite ser alterado de vez en cuando para que, a volver a su condición inicial te ratifique en un estado del que no sabes bien cuánto ha de durarte.
Pensar que una noticia sorprendente ha de ser dada de manera sorpresiva, es a mi entender un error monumental. No digo que se edulcore, o incluso que se omita, nada de eso. Lo que defiendo es que cada modificación, por pequeña que sea, ha de llegar tal y como lo haría si cayera por gravedad sobre tu consciencia y no desde una dirección por la que no esperas otra cosa que continuidad.

Me dirás que habría que distinguir entre las buenas sorpresas y las malas, y yo me manifiesto con un no rotundo.
Si lo que se pretende es calificar el grado de ineptitud del comunicante en función de la dosis de escándalo mental provocado, entonces admito que sí, que las “buenas” sorpresas no son tan malas porque terminan creando un clima grato en quien ha visto vulnerado su equilibrio. Sin embargo, como las consecuencias de la “buena sorpresa” difícilmente alcanzan a algo más que a devolver el equilibrio que previamente arrebató con su presencia inesperada, el que siendo buena acabe por no ser mala es una paradoja. Es como si me dicen que me atiborre de sal para disfrutar como un mico tomando después azúcar.
Ya sé… ¿Qué pasa entonces con la novedad?, ¿acaso ha de ocultarse lo bueno y lo malo para que no altere un equilibrio existente o un desequilibrio conocido?. Por supuesto que no, privar de información es peor que mentir, es preferible saber lo contrario a l cierto que no saber nada. La mentira puede ser descubierta, mientras que la omisión es indetectable, carece de datos con los que cuestionarse nada.
Lo que yo trato de transmitir no es la procedencia de una información en cualquiera de sus modalidades, ya sea cierta, errónea o adulterada en parte, ni tampoco respecto de su omisión, esa es otra historia. Lo que aquí trato de mostrar es la improcedencia de una información susceptible de ser comunicada de manera sorpresiva. Odio las sorpresas, y éstas no son más que una cínica y egoísta modalidad de información.

Dentro de ese mundo de donantes y sorprendidos hay una subespecie de lo más voraz: los “yeperos” (ya sabes, los que dan saltitos al ritmo de la canción y la acompañan diciendo yea..yea..yea). Son los amantes de dar sorpresas, que se pasan la existencia cazando al vuelo la oportunidad de desvirgar al más tranquilo para hacerle un ocho en la cabeza, y si acaso no consiguen su ocasión de meter cuchara en la vida de los demás, se conforman haciendo lo que mejor saben hacer, dar saltitos y animar al resto de presentes a que bajen sus defensas para que penetre la vida configurada por sus manos de artista universal. Su idiotez alcanza cotas que cuesta cuantificar, pues a su actitud descaradamente egoísta hay que añadirle y mezclarle la sensación que produce su rostro iluminado por la emoción cada vez que entrega su donativo a la comunidad. El sorprendido, por poca percepción que tenga, primero detecta la emotividad mal contenida que refleja la actitud del donante y se pone en guardia. Si percibe emoción positiva sospecha que lo único que va a perder es su equilibrio, con lo que su queja soterrada se desvanece en aras de un futuro prometedor, pero si crees que obrando así, y siendo la noticia mejor que buena, se consigue que el sorprendido se entregue abiertamente a la bondad de los buenos augurios estás equivocado. Sea lo que sea que perciba, la victima se va a poner automáticamente en guardia porque desconoce lo que aún no sabe, pues lo que sabe lo conoce en grado de intuición, no en vano puede haber variantes respecto a matices de lo que siempre supo, y lo que no sabe le va a hacer trizas por dentro, sea bueno, malo o de color diamantino, alterará su equilibrio como una gota de sangre sobre la superficie acuosa de un vaso de agua, éste acabará siendo rosado en el mejor de los casos pero antes será lo que es, un vaso de agua manchado de sangre.

(Vaya, creo que me he pasado...)

No sé si será más nefasto sorprender con algo conocido por el sorprendido o, por el contrario, hacerlo con una información sobre la que éste no sepa nada.
En fin, eso ya es para licuarse el coco.

Y te dejo, voy a ver si detecto a un donante despistado y le meto un dedo en el ojo… veras qué sorpresa se lleva…

Fuerza a quien fuerza da y honor a quien ya lo tiene. Y sobre todo paz, que sólo con paz se pueden recuperar la fuerza para una guerra que sólo pretenda paz a los seres de buena voluntad.


Cuestión de soledad...

Ansha, Jul 3 2008, 11:10 AM

Soledad, divino tesoro...

La soledad no es únicamente una situación donde sentirse ajeno a uno mismo, es la única situación donde sentirse único.
La soledad daña y repara, a la vez y por etapas, procura la necesidad de evitarla y la urgencia de disfrutarla.
La soledad habita en nosotros como parte de nuestra propia condición, pero no vive su esencia hasta que se disfruta o padece.
La soledad se añora cuando falta con quién acompañarla, haciéndose insoportable cuanto más cerca logras estar de los que la disfrutan.
La soledad sólo se puede encontrar buscándola a solas, entonces sientes que lo haces en la mejor compañía.
La soledad no sólo cubre los pensamientos con un alo de tristeza y sume en la apatía, sino que ayuda a pensar cómo y por qué no necesitas a nadie. Basta con sentir que no se te necesita para que dejes de necesitar que nadie te diga lo mucho que puede llegar a necesitarte.

La soledad no es un manjar que pueda ser degustado en una primera instancia, necesita de su conocimiento profundo para que las visitas sólo sean lo que son y no una necesidad de intercambio. Hay que haber tocado fondo bajo su influencia para poder disfrutarla en su presencia.
Estar solo no es carecer de compañía, es saber que a los demás no les importe si la tienes.
La soledad no es sentir que aquello que te falta tarda en llegar, es saber de ti mismo estando a solas contigo.
La soledad no sólo es sufrir el peor tormento que pueda conocer tu espíritu, es el detonante necesario para conseguir estar por fin solo y dejar de sentirte sin nadie.
La soledad se vive, no se siente. Pero si más que vivirla mueres teniéndola, no es soledad, es no tener a nadie que te comprenda.
No nos sentimos solos porque nadie nos acompañe, nos sentimos solos cuando la mente se sale de nuestros márgenes y no encontramos a nadie que nos la remita de nuevo.
La soledad es temor a perderla cuando más acompañados estamos, pues es estando solo cuando más solo necesitas estar.
La soledad se odia cuando la ausencia de alguien te pide estar solo, y se ama cuando más acompañado te sientes por quien sufre el que puedas llegar estarlo.
La soledad no sólo es cuna de preguntas sin respuesta, es el bastión donde las dudas se convierten en certezas.
La soledad no sólo es querer tocar el cielo con la yema de los dedos cuando los pies se aferran al suelo, es rozar el suelo y sentir que el cielo se deja pisar.
La soledad no sólo es un estanque de aguas turbias donde todo se adormece, es el lago de agua de lluvia que te invita a sumergir el pensamiento mientras nadas dos metros bajo su superficie.
La soledad acapara el pensamiento y lo hace esclavo de uno mismo, por eso me gusta estar solo, pues sólo si aquel me da todo su tiempo, se adueña de cómo pienso.
La soledad es un tesoro que hace avaro al que lo tiene y miserable a quien lo padece, da vida donde sólo hay silencio y muerte cuando no se escucha a nadie.
Soledad es decir lo que piensas y pensar lo que no dices, callando cuando más necesitas escuchar tu pensamiento y hablando con tu conciencia cuando más precisas no pensar.

Hablaríamos de soledad hasta que te sintieras más solo que la una o tan acompañado como yo con la mía, pero sería a costa de abrir demasiado las compuertas de este viejo embalse de ideas que amenaza rebosar con tan sólo una gota de las tuyas.
La soledad es abierta y no tiene fronteras ni cinchas que la limiten, tiene márgenes de colores que ordenan las sensaciones que siempre se mezclan.
La soledad es lineal en un espacio circular, donde el bamboleo de los sentidos se orienta caprichoso en pos de planos inimaginables y distintos.
La soledad que añoramos eres tú sabiéndote conmigo y sin mí, y soy yo contigo y sin ti; por mi la pierdes y sin ti la quiero, juntos conseguimos no tenerla y damos vida a esa triste utopía de no querer separarnos. Soledad en compañía o soledad a solas… soledad que se padece o compañía a solas.

La soledad es una palabra que sólo en plural se hace inaceptable.
La soledad contiene 7 letras que juntas hacen de ti el ser que no las necesita para saberla completa.


Cuestión de locura...

Ansha, Jun 25 2008, 10:50 AM

Piensa el loco, en su locura, que todo en él es cordura y que los locos son otros.
Piensa el cuerdo, en su cordura, que saber de su locura se lo debe a que está cuerdo.

Piensa el loco en la cordura con que se siente ser cuerdo y reafirma su postura, pues comprende de esos locos que se dicen estar cuerdos el que le tachen de loco, que para locos, el cuerdo, que creyendo en la locura del que no sabe ver cuerdo, se jacta de ser más cuerdo que lo loco que estaría si se tuviese por loco.

Piensa el cuerdo, en su locura, lo loco que puede ser pretender que cualquier loco reconozca que está loco, adjudicándose así la prueba de ser más cuerdo que tantos y tantos locos que no reconocen serlo.

¿Si la locura de loco no le impide descubrir la locura de los cuerdos y éstos no pueden ver la cantidad de cordura que atesora cualquier loco, no será que sólo el cuerdo es más loco que los locos?... ¿Será que no existen cuerdos y que sólo estando loco es posible comprender la cordura de saberlo?...

Será tal vez que estoy loco y quiero que mi cordura me ayude a reconocerlo, o será que la locura de creerme sólo un loco sea causa de que piense si no seré sólo el cuerdo al que asalta la locura de pretender no entenderlo.
Loco o no, estoy loco…
Cuerdo o no… he de serlo, para poder ser un loco que no enloquezca con ello.

Yo prefiero ser un loco que pretender estar cuerdo, descubrir con mi locura la locura de los cuerdos y regalarles cordura para que puedan verlo.
Dime tú si no es de locos pretender vivir tus sueños con el dormir de los cuerdos, que tras abrir las compuertas de un mundo lleno de cuentos, te invitan a visitarlo... sin saber meterse dentro.

A los locos... vaya un beso.
A los cuerdos... buen provecho.


Me dirás que...

Ansha, Jun 12 2008, 12:49 PM

Me dirás que nada es verdad ni es mentira y que todo es según el color del cristal con que se mira.
Yo te digo que no. No hay verdad que sea dicha ni mentira que no diga si no rompes el cristal tras el cual ambas habitan, pues si tiñes la verdad con cánticos y mentiras, y a éstas las haces dueñas de tonos con varias tintas, jamás sabrás la verdad y nada será mentira, todo será una mierda del color que te apetezca.

Me dirás que al arrimarse a un buen árbol se consigue el cobijo de una buena sombra..
Y yo te digo que hay bosques que no pueden silenciar la luz que no necesitas, ni árbol capaz de dar esa sombra que tu elijas.

Medirás que más vale pájaro en mano que ciento volando.
Yo te digo que es preferible vivir sabiendo que puedes elegir el pájaro que ni sabes si existe, a quedarte para siempre con lo elegido una vez o a tener que andar luego con cambios antipáticos que sólo te acarreará consecuencias indeseables. Con la posibilidad siempre hay esperanza, pero con la decisión forzada nunca llegas a saber si elegiste para bien o si eligieron por ti. Por cierto, dicen que la paciencia es la madre de la ciencia.

Me dirás que el camarón que se duerme se lo lleva la corriente.
Y yo te digo... ¿No será que aquella vez, flotando corriente abajo, en lugar de por dormirse fue por no volverte a ver que dejó las aguas limpias, consiguiendo así descanso cuando no lo pudo hacer debido a que te empeñaste en que siguiera nadando, descalzo y con sólo un pié?... Piensa bien si la corriente te lleva porque te duermes o si es el sueño que buscas el que pide deslizarse con las aguas hasta el mar, no sea que duermas poco por no sentirte arrastrado y termines atascado y dormido de verdad.

Me dirás que al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios...
Yo te digo que, si a Dios le das lo que te tocaría darle al Cesar, ni Dios te salva de lo que el Cesar te va a dar a ti por no darle lo que es suyo. Y si al Cesar le das lo que es suyo y también lo que es de Dios, puede que se conforme y no te quite lo tuyo
Así pues, al Cesar todo y a dios las gracias, que para eso eres hijo suyo y a su imagen y semejanza. Eso dicen al menos, porque hay cada uno que...

Me dirás que si crío cuervos acabarán sacándome los ojos.
Yo te digo que si se crían cuervos siempre se sabe lo que se está criando, y a poco que no seas poyuelo y sepas cómo manejarlos, siempre puedes, con cuidado, sacarlos del criadero, ordenarlos por tamaños y sacárselos a ellos. Una vez de nuevo dentro, sin sus ojos y contentos, a ver quien pide la vez para perder el tercero.

Me dirás que al pan, pan y que al vino, vino.
Yo te digo que los mezcles y verás lo que es divino, pues si con pan bebes vino y con vino mojas pan, conseguirás olvidarte de si buscas cómo hartarte o si quieres olvidar.

Me dirás que no hay mal que por bien no venga.
Y yo te digo que no necesito bien tras un mal que no he pedido, pues si mal y bien caminan compensando sus efectos prefiero quedarme igual o sufriendo de ese mal, sin que el bien que aquel persiga me haga reflexionar sobre por qué no está mal recibir bien con fatiga. Si bien quieres para mí, y por dármelo me das el mal que lo facilita, quédate tú con los dos y que a ti te venga el mal que mi bien no te dedica.

Me dirás que si Dios da algo, que San Pedro extienda su bendición sobre la dádiva.
Y yo te digo que envido, salvo que aquello que con tanta generosidad es dado sea distinto a lo pedido o se reciba de manera gratuita... A ver si ahora además de asumir el capricho de dar del que da, o la equivocación del que entrega descuidando lo pedido, encima hay que estar agradecido.

Me dirás que el mal de muchos es un consuelo de tontos.
Y yo te digo que de tantos, y que consuela. Si por obtener consuelo a mi pesar preciso ser un tonto de esos muchos que hacen tantos, tonto sea yo y listo quien no quiera consolarse, que por no saber ser tonto y quedarse sin consuelo, se es más tonto que nadie y yo no me chupo el dedo.

Me dirás que los polos opuestos se atraen.
Y yo te digo, como ya te dije una vez, que sí, pero sólo para apreciar mejor cuales son las diferencias por las que no debes ni acercarte.
Si algo te interesa hasta el punto de acercarte a compartir, hazlo hacia el polo que en principio haya de repelerte, pues siempre te será más fácil acostumbrarte a lo que practica quien se parece a ti que a quien no sólo practica lo contrario si no que, con ello, estará cuestionando lo acertado de tu propia práctica.

Me dirás que quien esté libre de culpa que tire la primera piedra.
Y yo te digo que no hay piedra suficientemente capaz de contener el efecto provocado por ciertas causas. Pero si de lo que se tratara fuera el compensar de manera proporcional el efecto de la generosidad que suele practicarse, no encontrarás piedra tan pequeña capaz de mantener el equilibrio.

Me dirás que para muestra basta un botón...
Y yo te digo que tal vez, salvo que lo compres en los chinos, donde no hay dos iguales en la misma remesa ni queriendo.
Para muestra, un botón te muestra el número casi infinito de otros parecidos a él, pero si te gusta que el matiz sea lo que defina tu gusto por algo, compra toda la partida con los ojos cerrados y luego elige en qué forma y orden colocarlos, verás cómo la diversidad te permite ir siempre distinto.

Me dirás que no hay dos sin tres.
Y yo te digo que dos puede ser fin en sí mismo, al igual que tres puede ser un principio. Dos sólo es la unidad contada dos veces, no la consecuencia de que uno suscite la mitad del que es doble que él.

Me dirás tanto, y a veces tan poco, que con decir algo más me dirás siempre lo mismo: No dice más quien más dice sino quien dice distinto, pues a lo dicho de otros, que siempre dicen lo mismo, añade decires nuevos que enriquecen o rebaten lo que ya se tiene dicho.


Cuestión de meteorología...

Ansha, May 16 2008, 07:31 PM

Muchas cosas se dicen y quedan más o menos dichas. Pero cuando las dicen quienes recogen el decir de tantos durante tanto tiempo, hay que saber qué se dice y por qué a veces se llega a decir algo con tan poco acierto.

Al mal tiempo, buena cara...

De entre todas las majaderías que el saber popular ha sido capaz de imprimir en nuestras mentes, ésta seguro que entra en la final.
¿Es que la conclusión a la que llega la sapiencia del vulgo puede ser tan descabellada como para pretender caminar de espaldas y justificarlo con que el culo es tan válido como la cabeza, tan sólo por que tiene un orificio al que se le ha dado en llamar ojo?.

Cierto es que se debe de mostrar permisividad ante las cosas, dar a las ideas un tiempo para que asienten su enseñanza en nuestra retentiva y luego, paso a paso y con humildad desmenuzarlas. Tal vez así podamos admitir la posibilidad de que al enemigo no haya que darle ni agua.
Es más, si te quieres sentirte fiel a tus principios has de ir aún más allá y admitir como posible el que, puestos a dar, al enemigo hay que darle de todo, de manera que le sobre y en cada sitio que alcances, y que mentirle es más un deber que un derecho. Pero animarle con aspavientos a traspasar la barrera de contención que se merece cualquier aura es un sin sentido, se mire por donde se mire.
Si ya es un disparate ir sonriendo con motivos, qué tipo de cinismo no será el hacerlo cuando menos apetece?.

¿Que cuando se hace mención de la “buena cara”, el sentido que hay que aplicarle es el de unactitud positiva y no al puro y simple gesto de un semblante?. Pues me parece muy bien, a eso es precisamente a lo que me estoy refiriendo.

Creo (y lo creo sin ningún género de dudas) que mostrar al prójimo tu estado de ánimo es bueno para uno mismo, y lo es también (o sobre todo) para el prójimo. No puede haber gesto más positivo que mostrar de manera más exacta la disposición en la que te encuentras, ya se encargarán los demás en interpretarla y amldarla a sus propias necesidades. Bastante adulteración sufrirá entonces lo que muestras como para que la interpretación que no deberían hacer no termine por reflejar que nadie pretende entender sino amoldar a sus circunstancias. Engaña para alejar, nunca para acercar.
Por eso no comprendo cómo se tiene como práctico (que no como moralmente correcto) mostrar con una sonrisa lo fastidiado que estás. Eso es sinónimo de idiotez. ¿Jodido pero contento?... No, no es lomismo. Si estoy mal y digo que estoy contento, previamente constato ante los demás que estoy mal, para que no haya equívocos y que, de paso, me alaben por mi optimismo, mi entereza o mi constancia, que es muy diferente a aparecer en el ruedo con cara de drogado y pasando las de Caín.

Pero mira tú que al revés la cosa sí funciona con lógica.
Si al buen tiempo le pone uno mala cara, ese uno evita el que se lo coman con patatas.
Tengo un día soleado y estoy como unas castañuelas. Tú, que no sabes dónde arrimarte para pillar sol me ves, ves los rayos del astro rey incidiendo sobre mi larga y sedosa melena y se te dispara la adrenalina. Ahora sí que pillo –te dices. Y sin más, te acercas a mí, me doras la píldora y te quejas. Te escucho, tengo ganas de pegarte un tiro pero te escucho. Tras un tiempo entre escuchándote y odiándote acabo por entenderte, con lo que mi odio va quedándose en nada y empiezo a preocuparme, tanto porque no tiene sol en tu planeta gélido como del por qué eso es así.
Sin darme cuenta me estás amargando el día, y también me voy quedando frío por que, también poco a poco te has abierto un hueco y ya estoy que no pillo ni un rayo. Tu te sigues quejando porque necesitas que sea yo el que justifique tu derecho a dejarme a mí sin sol, así lo tomas con la conciencia tranquila. Me sigues amargando la existencia y ahora sí que me voy percatando de ello. Lloras y jadeas sin parar (sí, jadeas, estás ansioso por pillar más y más sol, y jadeas).
Tras un tiempo, y antes de que pueda acostumbrarme, tus rebufos aumentan, te quejas con más insistencia porque no estas lo suficientemente cerca como para que te llegue el que te apetece. Me miras de reojo, como al enemigo de un sol que ya te sabes correspondido por derecho de conquista o por gracia divina (o por hermano en Cristo, qué más da). Mi voluntad se quiebra ante tu plañir insistente y la conciencia me muerde al oído si no habré de sumirme en el frío exterior y dejarte a ti mi sitio, pues quieres más y más, y durante más tiempo. Tus ganas de más rayos van en aumento... ¿Y sabes cual es el que te apetece a las dos horas?, pues el que me viste disfrutar cuando te giraste y me viste iluminado como una divina candela. ¿Cual te va a apetecer una hora y cuarto después de esas primeras tres?, pues las que a mí me pueden apetecer de otro que, por no estar sufriéndote, se lleva atiborrando de sol el tiempo que ya llevara hasta que lo vi más cuatro horas y cuarto, que es el tiempo que tú llevas dándome la murga.

Si al mal tiempo le pones cara de buen tiempo, no sólo te debe de costar un esfuerzo extra sobre el que ya te cuesta soportar lo malo, estás invitando con engaños a que te fastidie quien cree que estás como una flor.
Tentar a los demás (amigo, enemigo o neutral) para que se te acerquen a disfrutar del sol que no tienes y te amargue el día amargo que a duras penas consigues que no te amargue tanto, es de necios.

Que al buen tiempo le pongas mala cara no deja de ser una lógica medida de precaución, y si lo piensas sin sumergirte cínicamente en esa parte de humildad que no necesitas y que con tanto empeño esperas que te aparezca por arte de magia, resulta de lo más sano, pues evita la libre práctica del santo y seña más común gozado generosamente por el ser humano y temido como la peste: la envidia. No nos engañemos, ésta no es pura ni sana, es autentica caca.

Empeñarse en poner cara de felicidad cuando los chuzos caen de punta y en cascada, es convertir el gesto en un rictus cínico, falso, característico del memo integral, amén de tener más mala leche que la caducada. ¿Cómo se explica si no que, teniendo el ser humano una tendencia lógica hacia lo bueno y pasando las de Caín, le mostremos que es invitado a decir más estupideces de las que habitualmente está acostumbrado a largarte sin permiso?... ¿No es eso una memez integral?. ¿Qué pasa, que toda esa patraña es en aras a tener luego una justificación moral para apartarlo de una patada? ¿es eso? ¿se trata de desahogarte con artimañas de ese mal tiempo que padeces, tendiendo un anzuelo emponzoñado?... Eso no se hace ni para pescar, pues aunque el susodicho ser sea más rastrero que el gusano utilizado de carnada, es rastrero pero no estúpido. ¿Quien te dice que el pez no se ha tragado tu señuelo hasta las entrañas y te va a dar arte y parte de lo que tú ya le has endilgado?...
Imagina que no hay nadie, que estás solo y el tiempo es de perros. ¿Se trata tal vez de una actitud de ti para ti?... ¿Masoquismo voluntario?... ¿autocomplacencia?.

Claro que, todo tiene su lado positivo, porque si al mal tiempo le pongo buena cara -ya sea que me vea el vecino o esté solo en Marte-, cuando venga el buen tiempo, una de dos, me duermo del relajo o me enamoro de mí mismo. ¿O le pongo mala cara para “no confundir” al que antes ya me vio con la de perro?.

¿Puede alguien cuestionar que, habiendo buen tiempo para uno, una mala cara evita que venga el listo de turno, alegre como unas castañuelas por el tiempo excelente que tiene, a ver qué tal tiempo tienes tú y te chafe la fiesta a la que para nada invita un sencillo y simple gesto, ó qué igualmente te la fastidie cuando, mal disfrutando él de un tiempo de perros, venga compungido a ver si le cedes un poco de la bondad del tuyo, pasando de ti como si fueras Mariano Medina y te repartieras siempre la mejor parte del mapa meteorológico cada vez que te viene en gana?.
Por supuesto que se puede cuestionar, y también puedo decir que debajo de la baldosa 3x, 2y está la momia de mi tía. Nadie va a levantar ni la de al lado para comprobarlo mientras no tenga una foto tridimensional del suelo y el testimonio de mi tío, firmado y sellado por el albañil.

Pienso que, si quieres mantenerte íntegro en tus principios más básicos y comunes, la cara a poner al tiempo que sea, sea cual sea que quiera ser éste, ha de ser la que indique cómo y cuánto va a incidir en ti la madre que parió su causa. En todo caso, si no te andas con remilgos mentales y eres más práctico que un abrelatas, pondrás la que indique que ni tiempo tienes, ni tiempo quieres, ni tiempo al tiempo hay que tú concedas o te interese, pues al tiempo que te haga, ya sea peor o de película, siempre le saldrá una novia no deseada. Ésta, con su empeño en disfrutarlo y no importándole un comino el inquilino o convencida de que si ella es feliz yo he de serlo por 17, conseguirá que no sea lo bueno que era, o que sea peor de lo que ya estaba siendo. Una vez te ha mermado suficientemente la calidad de tiempo que tuvieras, como mucho se disculpará y te dirá que no era su intención, con lo que no sirve de nada y te lo fastidiará un poco más si cabe, pues tanto a ti como a él (o ella. No es cuestión de sexos) no os valdrá de nada saber que la intención era buena. La intención no es lo que cuenta, cuenta cómo repercute en los demás un empeño enconado en causar bien a espuertas. ¿Bien para quién?. Te vio bien, se acercó a chupar del frasco y te dejó la botella a la mitad. Eso si te deja algo.

Nunca me interesó ningún texto de religión, y cuando tuve que aprobar esa asignatura me limité a no decir tacos delante del profesor (o a que no se oyeran) y a inventarme algún que otro pecado para que el cura me diera su hostia con cara de místico y mis padres me dejaran ir el domingo al cine y poder levantar pasiones.
Mi manera de expresarme, los temas que toco, obviando utilizar cansinamente “en mi opinión” o “a mi modo de ver” o “creo que”, junto a las tal vez demasiadas metáforas que suelo utilizar, puede hacer pensar a alguien (como ya ha ocurrido) que he hecho mis pinitos en el mundo de las sotanas o que bien puedo tener alguna afinidad con ese entorno, y no es así. Al contrario, es un mundo que carece de cualquier sentido para mí.
Pero el respeto hacia los demás y para con lo que nos rodea y que constituye el mundo en el que vivimos está tan manipulado y vulnerado, que su falta de contenido lógico ha terminado por ser punible sólo cuando repercute en terceros.

Ya termino por hoy, no sin antes darte un repaso sobre lo que ahora, y tras ir sacando un poco la cabeza de todo esto, aparecen como una manera de ser que en nada puede perjudicar a nadie salvo al que así sea.

¿Quieres sol?, pues pídeselo al que tenga los rayos incidiéndole sobre la coronilla y sude como un mamut, deja en sus santas paces al que veas sonriendo y deduzcas por ello que es el sol el que le hace sonreír. Y pídelo, en voz baja y sin aspavientos, sin que el vecino coarte al generoso en sus ganas de regalarte un “no” como un castillo.

Las deudas para con uno mismo han de ser saldadas con un grado de prioridad más acusado que el otorgado a las adquiridas en el colectivo humano al que nos sentimos obligados a pertenecer. Protégete de las fluctuaciones de quienes no vas a saber nunca de qué van, ya vengan al paso o trotando. Sobrevive intacto y concédele a los demás sus dos opciones para contigo, la posibilidad de disfrutarte (que para eso no hay que acostarse con las ideas de nadie) o la desgracia de soportarte. La primera de esas concesiones depende exclusivamente de ti, por ello te manifiestas. La segunda es responsabilidad de quienes se acercan y tienden su saber hacia ti, pues como tú, también portan un bagaje que ha de hacerlos soportables a su vez.
No permitas que te moldeen “a su imagen y semejanza”, porque además de acabar con quien eres te arrinconarán y buscarán dónde realizarse nuevamente. Si para disfrutarte no solo necesitan que bailes, sino que se te pide que lo hagas en plan jota y vestido de lagarterana, defenderán con aires papales que al mal tiempo hay que ponerle cara de flauta. Apártate y deja que sus auras blancas se estampen contra la pared, que siempre podrás después pintar tu propia conciencia donde más acertada descubras esa tonalidad.

Si das calidad, unas veces te aplaudirán y otras serás crucificado. Si das maldad, según los referidos sesudos, al ser reconocida o sufrida por los demás, ayudas al prójimo a superarse y columpiarse en la complicada soga de la autoestima, que unas veces te mece y otras te ahoga. Pero si no das cuando esperan recibir, bien por que nada tengas que dar o porque no vas a dar calidad, te apartarán. Y cuando seas tú quien se acerque a dar, satisfaciendo tu porción de generosidad, en lugar de apreciar lo que das, ensalzarán su propia satisfacción por haber sabido confiar en que acabarías dando, con lo que la calidad con que das no será apreciada y siempre quedará descompensada respecto a lo que esperaban recibir. Ante sus ojos sigues estando equivocado porque no diste cuando se te pedía, cegándose ante el echo de que antes nada había que dar y que ahora llega lo que sólo de ti y en ese instante se puede recibir. Entregas calidad y recibes un perdón que no mereces porque no hay culpa achacable.
Pero nada de eso importa. Lo verdaderamente importante es lo irrecuperable, pues al no obtener la respuesta acorde a tu entrega, nunca sabrás si lo que dabas era o no necesitado y si los demás llegaron a saber de su calidad alguna vez.

No permitas que tu vida sea reflejo de las frustraciones ajenas y rechaza las donaciones que sólo sirven para satisfacer la necesidad que el ser humano tiene de dar, pues alimentarás la tendencia a desprenderse y dar se convertirá en un mero acto impulsivo, incapaz de satisfacer a nadie, ya sea donante o receptor.

Tal vez el dicho con el que me he enzarzado tenga su hueco en la lógica en cuanto a que pueda comulgar con otro que también se las trae: “no hay mal que cien años dure”... Pero por qué no inyectarle también la misma filosofía que recorre de cabo a rabo el meteorológico y pensar si no habrá que entenderlo aplicando el “al revés te lo digo para que me entiendas”... No sé, pero o los doctores que tiene la iglesia entraron por enchufe o soy más tonto aún de lo que tú piensas, pues sólo hay un mal que dura 127,3 años, y es precisamente el mal que dura 127,3 años, ni más ni menos... aunque ese "al revés te..." puede muy bien referirse a que donde quiere decir mal hay que leer bien y donde pone no, es un sí, o donde quiere decir que hay es que no hay nada, o que...
En cualquier caso esto tendría un pase cuando se trate de poner la cara que corresponda al año 99, por que pretender que pueda ser válido también para tres meses después del doceavo...Aunque seguro que a alguien se le puede ocurrir encontrarle sentido con eso de “haz el bien y no mires a quien”... Si tal es el caso, puestos a hacer bondades y siendo tú tan digno de recibirlas como lo son los demás, ¿por qué no poner cara de lechuguino mientras caen rayos y centellas sobre la villa que no has tenido la suerte de poder hacerte?... Sólo hay que poner cara de propietario, que te caiga el rayo y, si no te mueres, te denuncio por eutanasia.

Si he de sonreír cuando no te quiera cerca, porque no hacerlo me traiga tu mal de ojo y la naturaleza vengadora se cebe en la sonrisa falsa, sonreiré como un poseso cuando me empujes exigiendo hermandad y calor del sol que a mí me bañe. Ante el tiempo lluvioso, amenazante de rayos y centellas miles, si por evitar que confabules contra mí he de mostrarte la sonrísa que no quiero darte, mi rostro pintará para ti una que no sabrás entender, y será aquella que conciba la esperanza de que, si pasas de mí y te acercas para regalarme tus buenos sentimientos, el primero de esos rayos que no quiero para nadie te parta a ti y no a mí. Sólo así seré capaz de sonreír sin que se me note que deseo fervientemente que el rayo que no consiguió partirte ayer en dos, hoy te parta en tres.

Si me ves sonreír no te acerques, estoy disfrutando sin ti, y si tengo cara de perro tampoco lo hagas para saber de su raza, o ni me palpes la entrepierna para ver si estoy en celo o soy semental de primera, bastante tengo con aguantarme a mí mismo.
No te acerques, yo no me acerco a nadie, ni dando saltitos como Caperucita ni dinamitando tus cerrojos. Y no es porque no sepa dar un paso tras otro. El motivo es muy simple: No quiero.
Para cuando me de cuenta de que estoy equivocado ya llevaré muerto un buen tiempo.
Si miras mi cara entonces, sigue tu instinto y sabrás el tiempo que hará mañana.

¿Al mal tiempo buena cara?... Será que la cara no debe ser el espejo del alma... será.
O será que sí lo es, aunque en día de tormenta y bajo el amparo del derecho otorgado por ese cada día más insigne saber popular, se conceda a bien el que pueda caerle un rayo al que no lo espera, mientras que la falsa pero generosa sonrisa campa por sus respetos y concede al causante de tal desatino el inmenso favor de engañarle. Curiosa reflexión. Viva el pueblo y su ética, sí sr.
Si ese gran hombre dijo que su reino no era de este mundo, yo, que también soy el que soy, o estoy como una cabra o mi mundo no es éste.


Cuestión de polaridad...

Ansha, Apr 7 2008, 03:39 PM

Los polos opuestos se atraen...
Sí, pero sólo para apreciar mejor cuales son las diferencias por las que no deben ni acercarse.

No cabe duda de que una de las intenciones, si no la mas importante, de que se recoja y se plasme ésta verdad, es la de aceptar como mas que posible el que exista entendimiento entre entidades manifiestamente distintas. No obstante hay matices que provocan pensar en ello como en un posibilidad, mas que en la aparente lógica de que sólo así es concebible que dos sea sinónimo de uno. En otras palabras, analizando un poco esa afirmación, y sin cuestionar para nada su veracidad, sí que me cuestiono el que sea el paradigma de la permanencia entre dos. Antes de adoptarla como digna de ser esculpida en los tratados de conjunción, y por tanto una invitación a creer que los polos distintos son los únicos con garantías de permanecer unidos, es un signo de esperanza ante el empeño de unificar identidades antagónicas.
¿Todo es posible?. Lo que es posible sí, lo que no lo es, es imposible, y de nada vale que haga sol y trinen las golondrinas en fa bemol.

Si un polo permanece aislado no deja de ser el polo que es, otra cosa es que precise de otro igual o distinto para sentirse más a gusto con el signo de polo que le ha tocado disfrutar o padecer.
Se necesita de otro polo para valorar la propia polaridad. Si no percibes la identidad que te muestra un polo igual, o la diferencia que te procura uno distinto, tu polaridad deja de tener sentido y te sientes solo. De ahí que tarde o temprano la tendencia del ser humano sea la de acercarse.
Una vez percibida esa necesidad una primera vez, conocer de la carencia hace que la tendencia a acercarse rumoree en todas y cada una de las actitudes de la vida. Nos aproximamos y dejamos que se nos aproximen, para después necesitar valorar la diferencia a solas y disfrutarla, a ella y por tenerla. Es por ello que el ser humano necesita compañía y soledad, una y otra, y a la vez. Soledad, sabiéndose acompañado por quien estará ahí cuando necesite reafirmar la diferencia o coincidencia, y compañía, para luego disfrutar cualquiera de las dos en la soledad de una compañía ausente de presencia.

La novedad de lo desconocido y la lógica necesidad del ser humano por saber qué hay fuera de él (bien para conocer de qué se priva y adquirirlo, o qué no padece e identificarlo como negativo) provoca en los polos opuestos una la tendencia innata a aproximarse, permaneciendo ésta en el tiempo en tanto no exista causa suficiente para temer que invada el espacio vital en el que se desarrollan las bondades que proporciona el propio polo.
La invasión de ese espacio se produce tarde o temprano, es irremediable, forma parte de la parte más común del ser humano y es inherente a él. Es una tendencia que va más allá de la más férrea voluntad y se explica en la necesidad imperiosa de echar un pulso a lo que de antemano sabe que no puede ser dominado por la voluntad. No obstante, se tiende a ello. Pero acercarse a un orbitar diferente, aunque ambas actitudes tengan la misma predisposición conlleva el desequilibrio del propio sistema orbital. En consecuencia, las órbitas interaccionan y la esencia de cada ser se ve alterada, desajustada, violentada, hay fricción y la armonía provoca que la mente no acepte lo que antes eran verdades desde las que comenzar cualquier razonamiento. La calma que antes reinaba en brazos del convencimiento de los propios criterios se torna caos y nace la inquietud, la entereza se desgasta ante una injerencia de tal magnitud y la inseguridad se adueña de la voluntad, trata de doblegarla y la distorsiona, y la somete al juicio inapelable de lo poco que aún va quedando inalterado e inalterable del "yo" que se resiste a ser manipulado. Roto el equilibrio, sin el orden lógico que procura un funcionamiento normal y con la necesidad de prevalecer a cualquier precio, la voluntad dañada y mermada se yergue en paladín del subsistir y pacta con el diablo, vuelca su último aliento en excomulgar las premisas que no son blasón de su existencia habitual y arremete de forma ciega, dolorida... harta. Y harta de no ser ya nada se derrama sobre el ser ante y por el que casi desaparece. Perdida y tras una causa que a duras penas puede ya defender, esa débil voluntad se realiza, al fin, de la única forma que nunca había sido antes rechazando sin condiciones el presente que le confunde y le crea un vértigo existencial, renunciando a la razón y abandonándose al vacío de sí misma. Reacciona silenciosa y violentamente negando hasta lo que le es común con quien la invade e impone su castigo con la única reserva intacta que aún está seguro de poseer: la negación absoluta.
Tras negar por sistema y rebatir de manera enconada, aparece el demonio con el que ya no va a poder ver otra cosa salvo que también está en el otro: el reproche con recelo.

Te amo... me amas... Me miras... te evito... Te odio... te ignoro... Te mueres... te quiero.

Los polos opuestos se atraen, sí... pero acércate a él y verás cómo termina lo que nunca tuvo posibilidades de empezar. Terminar sin empezar es un capacidad del ser humano para auto convencerse de que nada es imposible, y pocas cosas ha de haber menos apetecibles que vivir con un fracaso anunciado, del que sabes su sabor en presente y que vas a repetir en cuanto recuperes la confianza perdida por acercarte a quien no debías sabiendo que ibas a equivocarte.
También me atrae el fuego y no me meto en sus entrañas para poseerlo. No se deja, y el agua, única capaz de no dejar de ser lo que es cuando penetra en su esencia, no lo posee ni lo comparte, acaba con él.

No aconsejo porque, por suerte, no sé si lo que deduzco es fruto de mis aciertos o mis fracasos al considerarlos como tales, y sobre todo porque muy bien puedo saber menos que tú. Pero aunque no tuvieras más dedos de frente que la tercera parte de los que yo necesito para medir la mía, tampoco me daría ello la razón para incidir en lo acertado de mis errores o en el error de mis aciertos. Deducir no es patrimonio de los filósofos ni acertar lo es de los cuerdos, así que sé tú mismo quien decida si esto te sirve de algo o es sólo un soliloquio de los muchos que, a buen seguro, te habrás encontrado a lo largo de tu vida. Eso, como todo, es cosa tuya.

Ya que no es lo mismo el hecho de acercarse a que se te acerquen (sutil diferencia), si el polo es contrario al tuyo y detectas su presencia dentro de tu ámbito de influencia, ni te acerques. Mídelo de lejos, sopésalo, disfruta de lo que no te es habitual y añora lo que le distingue, pero no quieras hacer filigranas con hilos de oro ante quien sólo hace encaje de bolillos. Y si es aquel quien se acerca a ti, no te dejes tentar porque la pasividad no te habrá de servir de nada cuando rindas cuentas ante tu conciencia, sal por patas antes de que la fuerza gravitatoria de su órbitas más compactas te cieguen el raciocinio y silencien a tu Pepito Grillo, hazlo antes de creer que luego tendrás aún tiempo, porque sin que te des cuenta, y sin que él se percate de que no lo estás haciendo, le estarás dando la primera de las razones por las que no deberá de quejarse cuando le des la espalda que no se merece.

El que dos polos distintos, que con lógica y curiosa tendencia a conocer sobre lo que suelen ignorar estén predestinados a contratar asesinos a sueldo, no implica que los iguales hayan nacido para entenderse y evitar la gresca eterna, pues los errores propios, comunes a ambos, son difícilmente digeribles cuando los vemos permanentemente reflejados allí donde más necesitados estamos de mirar o mas nos tienta estar mirando. Es utópico (si no una estupidez) pretender asumir tus errores cuando alguien te los muestra constantemente con su propia actitud, pues tanto más negaremos ser como nos vemos reflejados cuanto mas y durante más tiempo nos esté desagradando lo que vemos.

La igualdad y la diferencia separan. Pero es inevitable que previamente exista un acercamiento, bien para separarse más aún tras detectar la entidad del contrario, bien para iniciar una carrera meteórica al suicidio y su consiguiente patada previa de venganza.
Así pues, si aún y así, creyendo que cualquier cesión a la tentación de acercarse está condenada al asesinato, suicidio o resignación anodina, alguien se empeña en necesitar un complemento y tiende a complicarse la existencia, debería hacerse la siguiente reflexión:
Si algo (alguien) te interesa hasta el punto de necesitar acercarte a compartir lo que ya no te resulta tan grato disfrutar a solas, hazlo hacia el polo que en principio y según las leyes de la física haya de repelerte. Siempre resultará más fácil asumir un error propio identificado en un reflejo, que hacerlo tras un razonamiento con el que no acabes de estar de acuerdo, pues tu capacidad para entenderlo puede no ser la que siempre creíste tener o no todos se esfuerzan lo necesario en ser entendidos, o no saben razonar ni para entenderse ellos mismos. Un error identificado es una demostración por sí mismo, pero un error demostrable siempre depende de la conjunción emisor-receptor.

Lo que se sabe en primera persona puede no ser normalmente sabido, como puede no saberse lo que muchos sepan bien. Lo que sí no es de recibo es pretender que tenga fundamento de sabiduría el saber adquirido sólo porque muchos lo digan. Lógico es que muchos tengan un conocimiento más contrastado que el saber de unos pocos, pero no es menos cierto que sólo unos cuantos consiguen librarse del saber de muchos para encontrar la verdad que todos buscamos.

Por cierto... alguien ha visto alguna vez las constelación de la Osa Mayor y de La Cruz del Sur en el mismo hemisferio?...


Cuestión de sombras...

Ansha, Apr 1 2008, 11:55 AM

Al que a buen árbol se arrima...

Y como el intríngulis de esa sapiencia va por lo arbóreo, respetemos el entorno vegetariano, mantengámoslo y... ¿de ahí al cielo?...
Haciendo del contexto un seguro a la razón, maticemos un poco qué es eso de que un árbol sea bueno en función de su sombra, dónde está plantado y cuanto cuesta. En consecuencia, y como hay que partir de algo (hacer cierta esa afirmación, sin más, es demasiado para mi cuerpo), hemos de admitir que, la pretensión táctil de tal afirmación estriba en que la sublimación de ese tipo de bondad, necesariamente, habrá de estar en lo afrodisíaco de su sombra. En otras palabras: el arbol es bueno si su sombra es buena. Si para saber si el arbol es bueno he de constatar la bondad de su sombra, ¿cómo puedo hacer bueno el que haya de andar arrimándome como un torero a cada árbol que vea? ¿qué se pretende, hacer un gráfico con la ubicación de los árboles con buena sombra, o de detectar una sombra y elegirla en función de si me queda o no otro remedio?.
Como primera cuestión no está mal. Pero no es ahí donde quería ir a parar. Al menos no tan deprisa.

No cabe duda de que cualquier árbol da sombra, y ésta será tanto mayor cuanto más frondoso y grande sea el susodicho. Incluso si sólo tiene tres ramas esmirriadas y peladas, da sombra; sombra igualmente esmirriada, pero sombra al fin y al cabo. ¿Que no?... Incluso un tronco mondo y lirondo regala su trazo oscuro si se sabe situar uno en el lugar adecuado.
El texto madre, leído sin otra pretensión que la de entender lo que el saber popular ha querido inmortalizar, no tiene resquicio alguno, y hay que reverenciar su acierto. Es más, me atrevería a decir que es de lo más asumible desde el frente, desde el flanco o por detrás. Vamos, que es un modelo de acuerdo popular. No obstante, si lo que nos planteamos es la categoría intelectual del saber popular, es posible que lleguemos a una conclusión algo menos determinante respecto a las ventajas de una sombra tipo que te cagas. Entiéndaseme bien. No pretendo, para nada de nada, cuestionar la sapiencia del
prójimo, y mucho menos dar a entender que me siento en el mismísimo cenit de su paupérrimo planeta mental. Al contrario, muy al contrario, pues por muy atractivas que resulten las dudas (cuantas más tienes, más puedes disfrutar mareándote con la verdad camuflada) éstas son producto de no saber lo suficiente sobre muchas cosas, o demasiado sobre pocas. Desequilibrio por tanto.
Pero centrémonos en el límite exterior de esa sombra de película y miremos hacia los adentros de su reconfortante oscuridad, sin olvidar que, para razonar una alternativa a cualquier cosa primero hay que entender de cabo a rabo la cosa y luego, convencido de haberlo entendido con la humildad que ha de provocar la sapiencia de tantos, darle la vuelta y ver dónde puede hacer agua.
Analicemos el dicho en cuestión con algo más de detalle y veamos qué ocurre.
En primer lugar, se me antoja que es preciso determinar qué y hasta dónde abarcan los calificativos empleados al hablar de árboles y sombras. ¿Qué condicionantes se han tenido en cuenta para hacer de un árbol, un buen árbol, ó cuando un árbol es de segunda categoría y por tanto indigno de formar parte del bosque de unidades elegidas?.
Si nos acercamos de nuevo al dicho de marras, esperando que arroje algo de luz sobre qué y como hay que considerar qué para encontrar la bondad en un árbol, nos damos cuenta de que podemos estar columpiándonos, manejando la idea con mucha más profundidad que la empleada por el saber popular. El dicho sólo hace referencia al árbol en cuanto que es buen árbol, no trata ni cuestiona los condicionantes por los que haya de resultar bueno ó malo. La afirmación que defiende el grupo sólo habla del árbol que a cada cual, quien, cuyo, le de por catalogar como bueno. Así, si para alguien el árbol no constituye más que un seto, el dicho no deja de ser cierto, pues para otro puede ser el paradigma de los árboles del paraíso o puede no estar incluyendo aquel entre los árboles elegidos para la gloria. Es más, un árbol puede ser un buen árbol para mí a las 3 horas y 37 segundos y a las 4 y 23 ser poco menos que un arbusto; todo depende del talante, ánimo y apetito con que lo esté mirando.
Un buen árbol. De ahí parte la afirmación y no hay lugar más que para saber si tal condición le otorga una buena sombra, o lo que viene a ser lo mismo, es merecedor de los esfuerzos necesarios para disfrutarla. Esa es la cuestión.
Pues en esa cuestión hay un punto débil, tan débil que se cimbrea más que una espiga de trigo ante el soplo benigno de un suspiro misericordioso. No hay sombra buena porque el árbol sea de primera y tenga una copa tan alta como la luna o su sombra se proyecte más allá del horizonte. Una sombra es buena porque resulta buena en un momento dado, o durante más tiempo del que imaginemos, y seguirá siendo buena en tanto concurran las circunstancias por las que resulta ser buena. Un árbol hoy da buena sombra y mañana ni las gracias. Si el que una vez dio buena sombra, hoy ya no la da, o no la da tanto, no es por que haya dejado de ser un buen árbol según los criterios subjetivos que califican a un buen árbol sino que existe una necesidad más imperiosa de cobijarse bajo sombra (siendo mucho más flexible a la hora de elegirla) o la necesidad no es tanta y hay otro árbol más allá que, menos frondoso y más cerca del río, proyecta su sombra sobre ribera y cauce a las 15 y 42.

Existe otra alternativa para reflexionar sobre la sabiduría popular en tema de árboles y sombras. El desierto. Pero no un desierto con oasis plagados de palmeras datileras y agua reconfortante. Un desierto de los de aquí te espero porque yo no voy... donde el espécimen de árbol mejor es el único que hay, una palmera gigante, que atiborra en su base tal cantidad de beduinos que no cabe un alfiler. Sombra da, o daba porque ya ni pizca queda. ¿Qué hacer...?. ¿Se monta guardia bajo el tórrido sol, a la espera de que alguien se muera de egoísmo y así ocupar su sitio, o me alejo del sudor ajeno, me bebo
el mío y paso a paso me pongo arena de por medio, hacia donde la noche me dará más sombra de la que utilizaría en dos reencarnaciones y una eternidad completa?...
Si echas el resto y sigues tu camino, sediento y en soledad, en la noche de tu desierto, no solo encontrarás más sombra que la que te pueda dar todo un bosque si no que estarás hasta fresquito, y con un poco de suerte, disfrutarás de las estrellas que el árbol no te dejó ver cuando paraste a su vera y miraste hacia arriba.
No te arrimes al primer árbol frondoso que encuentres, aléjate del segundo y rehuye el tercero, están abarrotados o lo estarán. Sigue pasando calor hasta que puedas (siempre puedes) y desvía tu caminar hasta la de aquellos otros árboles, frondosos o no pero más alejados de tu camino, o que son sólo un espejismo.

Al que a un árbol no tan bueno se arrima, o se arrima al que no da tan buena sombra como la del árbol cuya frondosidad garantiza sombra de la buena, puede que no pille sombra de una calidad como la que es más que probable que no pille de ninguna forma, pero tiene todos los predicamentos para pillar la que, tras un sueño mas o menos descansado, le provoque un despertar exclamando... ¡vaya, pillé sombra!.
Arrímate al árbol frondoso y allí estará el mundo mundial dándose de codazos por disfrutar de una sombra que, sólo sin ellos, sería sombra digna de tan distinguido árbol.
Prescinde de sombras buenas de buenos árboles frondosos y espera a la noche, donde la sombra no es envidiada y hay sombra para todos.
Déjate de sombras de primera, atestadas de opiniones que han acabado por ser iguales a fuerza de taparlas los aplausos, y aprovecha instantes en sombras que hoy no son ni la mitad de nada y mañana serán menos.
Hay una sombra que aparece todos los días, a la misma hora, que es la más grande y aún así parece vacía de aquello que menos deseas cuando estás a la sombra: compañía. En ella duermen las voces que disputaron por un lugar abarrotado, y su eco no es más que un susurro que los vuelve a convencer de aquello que tanto aplaudían.
La sombra que siempre merece la pena siempre va contigo, y de ti se desprende para hacer del camino un lugar donde elegir quedarte. Es la sombra de las sombras: la que proyectas hacia dentro.


Él y yo

Ansha, Mar 26 2008, 12:11 PM

El hombre en su infinita soberbia creó a dios a su imagen y semejanza, haciendo con ello posible que, tal vez Él sí concibiera a aquel a la suya. Dios, enfadado en plan dios, con su perfecta concepción de la justicia lo castigó, y con esa misma concepción proyectó sus consecuencias hasta quienes no son más que lo que son por cómo tuvo a bien permitir que fueran y no como después resultaron ser.
Autor único de la creación y de fiascos concatenados divinamente, dispuso de todo el divino tiempo que a su esencia divina le dio por concederse y se lo distribuyó en el orden que, también de manera divina consideró que merecía algo tan divino. Tras tamaña obra de arte, y queriendo rizar el rizo de su divina voluntad, tuvo a bien convertir en hecho lo divinamente factible y creo la vida. Y ahí la cosa ya no fue coser y cantar.

Algo salió mal. ¿Mal?... Fatal.
Él sabía que iba a salirle rana esa última virguería y, aún y así, se realizó de manera divina y le puso la guinda agria a un pastel que, todo sea dicho, no le estaba quedando nada mal. Sabía que el ser humano sería lo que asombrosamente ha sido capaz de llegar a ser y, con empeño divino, decidió llegar hasta el final. Un final que bien puede o pudo no haber sido tal en una primera divina instancia, pero que resultó ser lo que se ha dado en catalogar como el último de sus actos creativos.
A partir de ahí (que debió de ser no mucho tiempo después del séptimo periodo interestelar), todo son sombras y cadenas complacientes de “por que si”, denigrando progresivamente al ser que, ya de por sí, quedó violentamente escindido de lo divino por derecho, allende los tiempos astrales.

Es por ello que bien puede dejar de ser lo que enconadamente nos empeñamos que sea y sea lo que siempre fue, y todo lo demás está por ver si es, si fue alguna vez o resulta que esta por ser.
¿Quien no se ha preguntado alguna vez...?.
En un foro la cosa va de silencio divino, compromiso, respeto y miedo a perturbar la paz interior del vecino. Sin embargo, en el silencio sepulcral de nuestros surcos cerebrales hay caudales de información que pululan sin asideros, perdidos, histriónicos, o se dirigen todos en tropel hacia conclusiones que nuestra propia sensación de culpabilidad nos niega a dar cuartel.
Pero esto no es un foro... Aquí manda la mente libre, libre para equivocarse, con derecho a dudar y obligada a no cohibirse ante nada.

Si habiendo sido el origen de que el hombre sea lo que es y no quiso que fuera, a poco que utilicemos lo que dio porque fuéramos como no resultamos ser, resulta que la creación hubo de ser la primera equivocación que tuvo a bien concedernos que viéramos.

Tras un primer error, vino el que siguió a continuación. Castigó al infractor y lo hizo de manera contundente, privándolo de lo único que no había sido un error y haciendo del error un error aún mayor. Le arrebató la condición que le otorgó y le exigió que llevara su alma a lomos del concepto de justicia que mostraba con su decisión.
Causa de tal esperpento, siguió teniendo a bien lo que no acabó resultando mejor y se concedió cometer un tercero, pues las consecuencias de su primer error las volcó en hacer del castigo el paradigma de la desproporción, proyectando sus efectos a cualquier generación y creando en el ser el estigma de nacer bajo el yugo del perdón.
¿Creer en dios?... Aún hoy lucho por mantener una postura digna ante ese credo. Mi actitud ante ese paradigma de la duda no es tanto si existe o no, sino sobre qué contenido me planteo su existencia.
De manera innata distinguimos sin dudar entre el bien y el mal, y el concepto de justicia convive dentro sin causar mayores dicotomías siempre que no quiera entrar en conjunción con la que él aplica. Para el creyente convencido, la justicia divina es maravillosamente incomprensible e inalcanzable. Ha de ser pues justicia divina el que a los que manejamos nuestra sombra mejor que peor se nos pida creer en él sin cuestión alguna y con la capacidad que ya nos fue arrebatada porque somos una equivocación. Privó al ser de su comprensión y le obligó a creer, ungiéndolo a una noria y sin zanahoria que ver. Se nos permitió conservar la razón que ya nos falló a la sombra del ciprés (seguro que era un manzano?...) y ante el precipicio que esta mermada prenda encuentra al tender a él, se nos exige un “porque sí” prestado, porque para todo lo demás se nos niega.
Hoy, que estoy más cerca de ser el que quiso que fuera y no logró, más soy como él, y menos creo que sea quien me exige que crea para tener derecho a sentirme lo próximo a él que estoy.

Creer en dios por necesidad es cegarse, es negar el derecho a utilizar lo único que tenemos para dudar de no tener razón en nuestras conclusiones: la razón.
Aunque desvalorizada desde el momento inmediato posterior a morder la manzana, la razón es lo único que nos queda de aquellos días de gloria efímera. Poco es, vive él, porque aún con ella, no hay manera de entender al hacedor cuando se pone a repartir una justicia que me obliga a aplicar a mí sin estar de acuerdo con la imagen que de ella tengo por él.
En cualquier caso, y nos quede o no París, siempre nos podemos agarrar a un “por si acaso” y balar a modo...
Creamos pues y soñemos con perales, que esos no tentaron a nuestros ancestros, o no los vieron... o no se dejaron ver.


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