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| Francisco Alegre | Publicado el Hoy, 02:35 PM |
¡Hola...! Para a quién le interese.... Aquí "pego"...las memorias Diplomaticas del 1er Embajador de la Independencia D. Juan Duran Loriga.....escritas en 1999. Son su visión de los hechos......... Hay que darle oportunidad para que se defienda....Sin comentarios.... EMBAJADOR EN LA GUINEA ECUATORIAL (*) Conferencia Constitucional. Macías, Bonifacio y Atanasio. Voy a Santa Isabel. Las elecciones. La independencia. Soy nombrado embajador. El colega de Franco: su patología. El problema económico. Los enredadores. Escalada demagógica. La crisis de la bandera. Final de mi misión. "El proceso descolonizador de la Guinea Ecuatorial marchaba hacia su culminación. Puesto que había que seguir adelante, Castiella quiso que se hiciese de manera ejemplar. El nuevo Estado contaría desde el primer momento con una Constitución democrática aprobada por sus dirigentes y más tarde por el pueblo guineano en referéndum. Se empleó para ello la fórmula británica de una Conferencia Constitucional, que se abrió en octubre de 1967 con un discurso de don Fernando Castiella en el que se anunciaba que España daría la independencia a su colonia ecuatorial en 1968. Fue un trabajo bello y generoso, dentro del marco político de la España de entonces, convocar la Conferencia para dar a la Guinea una Constitución moderada y de gran perfección técnica aunque resultase inaplicable, como lo habían sido en África todas las normas fundamentales democráticas. La Conferencia Constitucional avanzó lentamente entre escollos. Contribuyeron a la cacofonía las discrepancias entre los guineos y también el hecho, al que ya me he referido y sobre el que volveré a insistir, de que el Gobierno español estuviese profundamente dividido. Esta confusión fue aprovechada por quienes quisieron, lográndolo, complicar aún más el difícil proceso. El señor García Trevijano respaldó un llamado Secretariado Conjunto que al tiempo que saboteaba la Conferencia ponía en primer plano al político guineano de mayor potencial demagógico y destructor, Francisco Macías. Ramón Sedó presidió las sesiones de la confusísima Conferencia de manera tan paciente como inteligente. Tarea que le debió ser muy ingrata y que aceptó por lealtad a su ministro y amigo. En la Conferencia fueron asomando las características de quienes habían de ser los tres candidatos a la presidencia del nuevo Estado. Bonifacio Ondó o la ingenuidad catequística. Atanasio Ndongo o la ambigüedad neo-africana. Y Francisco Macías o la furia paranoica. Francisco Macías mantenía unas actitudes entre calculadas y demenciales. Parecía saber que lo que más le podía legitimar como campeón de la independencia, en la Guinea y en los medios africanos, era una desaforada hostilidad hacia la "potencia administradora". Tanto más cuando tenía un pasado de entusiasta adhesión al régimen colonial, del que seguía formando parte como vicepresidente y consejero de Obras Públicas del gobierno autónomo. A lo largo de las próximas páginas aparecerán otras facetas de su personalidad. En la Conferencia Constitucional destacó por un sentimiento desmesurado de su propia dignidad, reflejada en desplantes que aumentaban su prestigio anticolonial. Poco antes de concluir la Conferencia ofreció Castiella una cena en el Palacio de Viana a los principales delegados guineos. Macías, que tenía reservado el primer puesto a la izquierda del ministro, no compareció. Cuando quise, a la mañana siguiente, averiguar las causas de su ausencia, empezó asegurándome que no había recibido la invitación. Más tarde admitió que le había llegado un sobre que no consideró dirigido, a él, porque se le daba el tratamiento de "Ilustrísimo Señor" cuando se pensaba "Excelentísimo". Fue en la Conferencia Constitucional donde Macías pronunció su primer elogio de Adolfo Hitler como padre de África. Bonifacio Ondó, antiguo catequista y muy grata persona, tenía una imagen de Tío Tom que caía simpática a los españoles pero resultaba anacrónica en los medios descolonizadores de las Naciones Unidas, que desconfiaban de quienes pareciesen cómplices neocoloniales de las antiguas metrópolis. Atanasio Ndongo, expulsado del seminario como tantos revolucionarios, había vivido largos años en el Camerún donde se casó con la viuda del líder revolucionario Félix Moumié, asesinado en Ginebra en 1960. Era el único político guineano con experiencia internacional, hablaba francés y, frente al colaboracionismo de Macías con la administración colonial, había sido un luchador activo y arriesgado por la independencia. De ahí que se pensase en el ministerio de Asuntos Exteriores que podía ser la persona más adecuada y creíble para estar al frente del nuevo Estado. Le faltaba el tirón demagógico y obsesivo de Macías y a pesar de su inteligencia, o a causa de ella, fue para mí siempre sibilino. Terminada en junio de 1968 la Conferencia con la aprobación del texto constitucional, inmediatamente confirmada por referéndum en el territorio, se había fijado para el 12 de octubre la proclamación de la Independencia. Don Fernando Castiella decidió que durante este complicado período de transición hubiese en Santa Isabel un representante de Asuntos Exteriores. Me mandaron a mí. Se pensó en un momento nombrarme adjunto al Comisario General, en un puesto que acababa de quedar vacante. Desechada esta idea quedó mi status indefinido. Establecí una valijilla en la que enviaba a la Cárcel de Corte (**) unas cartas que yo mismo tecleaba, como lo estoy haciendo con estas memorias. El Comisario General, don Víctor Suanzes, me recibió y trató con gran cortesía. Pero muchos de sus colaboradores me veían con el mismo recelo que nuestros colonos. Yo simbolizaba el final de la época colonial, y con ella el de muchas situaciones e intereses, lo que achacaban, equivocándose, al ministerio de Asuntos Exteriores. Uno de los primeros problemas con que me encontré fue el temor de la población aborigen de Fernando Póo a una independencia en la que temían llevar, por su inferioridad numérica, la peor parte. Esto los llevó a votar contra la Constitución en el referéndum. No puedo olvidar la ayuda que recibí de mi amigo Enrique Gori, asesinado más tarde como tantos otros por orden de Macías, así como la de su suegro el sabio patriarca fernandino Alfredo Jones, a quien recuerdo protegido del sol por dos sombreros superpuestos. Al acercarse la fecha de la independencia fue enviando el Ministerio algunos funcionarios que me ayudaron muchísimo. Emilio Artacho con su conocimiento de las Naciones Unidas y de sus gentes; Joaquín Castillo que trabajó de manera denodada y habilísima; Amaro González de Mesa que empleó a fondo, en Bata, su simpatía y su astucia. Tampoco olvido el gran apoyo moral que recibí del magistrado Ángel Escudero, quien presidió la comisión electoral que vino de Madrid. La situación se decantaba, desgraciadamente, hacia Macías. Para un electorado inexperto que iba a votar libremente por primera y última vez la tentación demagógica no era fácil de resistir. Se produjeron además graves errores en el campo de los competidores de Macías. En primer lugar la intransigencia de Bonifacio Ondó, Había éste decidido presentar a las elecciones parlamentarias una lista de su partido, el MUNGE, en la que figuraban sus leales, que nadie conocía, con exclusión de los caciques principales de esta formación política. Los cuales, a su vez, aceptaban figurar en la lista de Ondó siempre que fuese en lugares preeminentes que asegurasen su elección. Vino Bonifacio a verme una tarde, estando yo en cama con cuarenta grados de fiebre por un primer acoso palúdico. Saqué de flaqueza fuerzas para tratar de persuadirlo de que aceptase en su lista a los citados caciques. Empleé el argumento de ,que lo importante era la elección presidencial porque en Guinea no funcionaría el parlamento. No me quiso hacer caso y se negó a dar cobijo a quienes calificó de "ingratos". Otros españoles consultados le habían hecho creer que podía ganar solo. El hecho es que los principales jefes del MUNGE se pasaron al grupo de Macías. La primera vuelta de las elecciones situó a Macías en cabeza (36.000 votos) pero sin mayoría absoluta, lo que obligaba a una segunda vuelta. Bonifacio Ondó salió en segundo lugar, con 31.000 votos. La clave del resultado final estaba en Atanasio Ndongo que por llegar tercero estaba eliminado pero que daría la victoria a aquél por quien aconsejase votar a sus secuaces. En una reunión con Atanasio Ndongo, en las que estaban presentes sus compañeros de partido y algunos funcionarios españoles, me dijo que daría sus votos al candidato que España quisiera. No tuve más remedio que contestarle que Madrid no podía entrometerse. Hubiese constituido gran ingenuidad, estando en Guinea observadores de las Naciones Unidas, que un representante del ministerio de Asuntos Exteriores de España indicara en público a un partido político guineano sobre a quien votar. Tengo para mí que Atanasio había decidido ya inclinarse hacia Macías y que al consultarme sólo buscaba cubrirse con aquellos de sus colaboradores que propugnaban el apoyo a Ondó. En mis gestiones privadas con ambos me esforcé al máximo para conseguir que Bonifacio y Atanasio se pusiesen de acuerdo. Pero los dos se mostraron inflexibles puesto que se despreciaban mutuamente. De modo que Bonifacio no quiso hacer concesiones suficientes mientras Atanasio planteó exigencias excesivas. Lo que costó a ambos la vida. Macías ofreció a Atanasio Ndongo, a quien odiaba por "intelectual", la cartera de Asuntos Exteriores a cambio de los votos de sus partidarios. Los bubis de Fernando Póo, para salvarse la quema, decidieron también votar a Macías a cambio de la vicepresidencia de la República.(1) Los observadores de las Naciones Unidas fueron testigos de que por parte española no se hizo nada por falsear el resultado de las elecciones que, para desgracia del pueblo guineano, dieron el triunfo a Francisco Macías. No tuvo esos escrúpulos el vencedor quien, consejero de Obras Públicas, había movilizado los camiones de este servicio para distribuir su propaganda electoral ante la inhibición de la autoridad militar en Río Muni. (No había sido descabellada la idea, surgida al margen de la Conferencia Constitucional y rechazada por los representantes de las Naciones Unidas, de que los miembros del gobierno autónomo, al fin y al cabo funcionarios coloniales, fuesen excluidos como candidatos). Me habían llegado rumores de que tenía posibilidades de ser el primer embajador de España en Santa Isabel. Se tantearon primero otras candidaturas para aceptarse finalmente que fuese el ministerio de Asuntos Exteriores quien afrontase, a través de uno de sus funcionarios, las secuelas de la independencia. Entre los diplomáticos conocedores de Guinea y de sus gentes quedaba yo en primera fila, al haber tenido el buen sentido de esquivar el ofrecimiento otros más antiguos y más próximos a Castiella que yo. No era quizás de buen augurio el que el capitán de fragata Ricardo Duran y Lira, mi bisabuelo, hubiese mandado cien años antes la estación naval de Guinea, donde murió. Si examino las cosas, a esta distancia de tiempo, con la mayor objetividad de que soy capaz pienso que lo que era mi mayor ventaja era también un inconveniente. Conocía bien a los protagonistas de la política guineana. Acaso demasiado bien. Había sido testigo de muchas debilidades y trapicheos, había conocido de ordenanzas a quienes fueron después ministros. El estar en Santa Isabel las semanas que precedieron a la independencia me había quemado un tanto. Esto, que veo tan claro ahora, no lo pensaba entonces. Prevaleció en mí la ilusión de ser el más joven de los embajadores de carrera en un puesto de enorme responsabilidad. Estuve a punto, en el último instante, de no tomar posesión. Ausente yo, fue un compañero mío el encargado de proponer mi nombre a Macías. Me contó este muy buen amigo, años después, que Macías torció el gesto y hubiese podido negarme el placet de no habérsele persuadido de los inconvenientes de empezar la nueva etapa de las relaciones entre Madrid y Santa Isabel con un desaire. Macías veía en esos días agravada su habitual confusión mental por los consejos contradictorios de sus diversos asesores: los que le decían que se las mantuviese tiesas a Madrid y los que le sugerían las ventajas de la moderación. En la mañana del 12 de octubre pasé varias horas con el Presidente electo y sus colaboradores. Macías se resistía a aceptar los acuerdos de transferencia, negociados por una delegación guineana en Madrid días antes, en los que se regulaban una serie de aspectos administrativos. Entre ellos el futuro de las propiedades del Estado español en la antigua colonia y el papel de las fuerzas españolas que seguirían allí estacionadas. Insistía Macías en que esas transferencias no habían sido negociadas con él. Yo le respondía que se trataba de papeles ineludibles pero transitorios, en los cuales se decía claramente que el futuro gobierno de la Guinea Ecuatorial y el de España establecerían más tarde textos definitivos. La cosa se resolvió al aceptar Macías mi propuesta de introducir los papeles preparados en unas solapas que los calificaban de "provisionales". Al volver a nuestra residencia pude anunciar a Manuel Fraga, quien representaba al Estado español en los actos, que la dificultad se había superado. Cuando quise contarle las incidencias de la negociación me cortó de manera tajante aunque cordial: sólo le importaba el resultado, por el que me felicitaba. Le dije también que habíamos tenido noticia de un proyecto de discurso de Macías gravemente inamistoso, aunque creíamos que se inclinaría finalmente por un papel más aceptable. Así fue. Macías me consultó algunas cosas en el largo rato que pasé con él aquella mañana. Me enseñó un organigrama muy detallado, al estilo de López Rodó, de su futura administración en el que figuraban tantos ministros como en el Gobierno español y densas ramas de subsecretarías, direcciones generales, secretarías generales técnicas e, incluso, subdirecciones generales. Tuve que decirle que el país nunca podría permitirse una administración tan tupida. Idéntica densidad burocrática en España daría un gabinete con varios millares de ministros. No se mostró contento ya que buscaba convertir en burócratas al mayor número posible de parientes tribales y de enemigos potenciales. Asomó así por vez primera un problema que al pasar las semanas sería gravísimo. Pidió mi consejo sobre la conveniencia o no de ascender inmediatamente a capitanes a los alféreces guineanos. No me resultaba fácil contestarle porque alguno de ellos no andaba lejos. Unos alféreces procedían de Zaragoza, donde habían hecho los dos cursos de la Academia General, mientras otros eran antiguos suboficiales. La mayor parte de estos estrategas incipientes no eran amigos políticos suyos. Le dije que los fuese promoviendo lentamente para que no se sintiesen defraudados pero que tuviese en cuenta las consecuencias, en países vecinos, de las apetencias de poder de los militares. Este consejo mío lo siguió, a diferencia de lo que hizo con otros. Sin duda porque iba en el camino de su desconfianza congénita. En la tarde del mismo doce de octubre se proclamó la independencia de la Guinea Ecuatorial en una ceremonia solemne y sin incidentes. Nos emocionamos tanto Fraga como yo al arriarse la bandera española. Inmediatamente después presenté mis cartas credenciales y le fue impuesta a Macías la Gran Cruz de Isabel la Católica. Tenía yo instrucciones del almirante Carrero de organizar en la Embajada la imposición a Bonifacio Ondó, candidato derrotado y hasta la víspera presidente del gobierno autónomo, de la Gran Cruz del Mérito Civil. Era un gesto noble pero, conocida la psicología maciana, peligroso. Para limitar sus consecuencias negativas rogué al ya presidente de la República que asistiese al acto, lo que sólo podía tener ventajas para él: quedaba ante todos como un vencedor magnánimo y callaba la boca de quienes pretendiesen sacar punta contra Macías a la condecoración a Ondó. Aunque prometió ir, no acudió. Unos días después me convocó Macías a la casa en que vivía provisionalmente. Tenía encima de la mesa una serie de cartas, de las que me leyó párrafos, en lasque se denunciaban supuestas conspiraciones, con complicidades españolas algunas, para derrocarlo y poner en su lugar a Bonifacio Ondó. Traté de persuadirlo de que no hiciese caso de esas denuncias, venidas de personas que trataban de ganarse así su confianza. Necesitaba, eso sí, un buen servicio de información, que Madrid le podría proporcionar. Este episodio me parece revelador de la personalidad enferma de Francisco Macías. Era aguerrido pero miedoso, crédulo pero receloso. La noche de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales la había pasado oculto en casa de un comisario de policía español por miedo a ser asesinado. Estas características, al acentuarse, hicieron de él uno de los gobernantes más sanguinarios de nuestro tiempo. Sanguinario por desconfiado. En una de las primeras visitas que le hice planteó el deseo de disponer a su antojo de las compañías de la Guardia Civil que seguían estacionadas en Guinea. No se fiaba de su propio ejército, la Guardia Nacional, que antes había sido llamada "Territorial" y antaño "Colonial". La Guardia Nacional tenía, junto a oficiales españoles, algunos guineanos que eran de obediencia atanasiana. Le contesté que las fuerzas españolas sólo podrían ser empleadas para las funciones previstas en los acuerdos de transferencia.(2) Macías trataba de copiar, excluido el paternalismo que no entraba en su naturaleza, el autoritarismo y la arbitrariedad de los antiguos gobernadores españoles. Eran sus modelos y sólo les reprochaba su tez. Cuando más adelante empezó a expulsar españoles con un plazo de setenta y dos horas, respondió a mis protestas que si lo habían hecho los gobernadores españoles también lo podía hacer él, Jefe de un Estado independiente. Traté, pobre de mí, de explicarle que la independencia tenía, junto a sus grandezas, sus servidumbres y que los países miembros de las Naciones Unidas habían de seguir las normas del Derecho de Gentes. Música celestial para los sordos oídos de Francisco Macías. Llevaba el mimetismo a todos los terrenos. Guardar las formas de los colonizadores era más importante para él que ser fiel a las costumbres africanas. Uno de los factores que lo radicalizaron, tiempo antes de la independencia, fue la imposibilidad de obtener la anulación de su primer matrimonio, lo que le impidió casarse por la iglesia con su segunda mujer. Hubiese deseado una boda en la catedral de Santa Isabel con la novia de blanco y las autoridades coloniales de uniforme. Este mimetismo le jugó una mala pasada en Bata, pocos días después de la Independencia. Llevó tan lejos su afán de seguir el precedente colonial que, olvidándose de la nueva situación, terminó una arenga con las frases rituales de adhesión inquebrantable a "nuestro glorioso Caudillo", de las que tuvo que desdecirse en cuanto regresó a la realidad. No toleraba compartir con nadie la herencia del poder colonial, que quería asumir solo. La embajada de España, como era lógico e inevitable en esa situación post-colonial, inspiraba un respeto especial, que rayaba a veces con el servilismo. Los ministros guineanos se ponían de pie cuando entraba un guardia civil. Solía Macías, en los primeros meses, visitar poblados de Fernando Póo. No me invitaba a estas excursiones, ni tenía por qué. Atanasio Ndongo, sin consultar con Macías, me dijo que fuese con él en su coche a una de esas giras por estar invitado también un alto funcionario del Departamento de Estado de Washington. Los niños de las escuelas habían sido movilizados para que ovacionasen al autócrata por el camino. Recuerdo que en contraste con el calor ecuatorial cantaban, al tiempo que agitaban banderas de papel con los colores guineanos, cierta canción alusiva a una casita en Canadá. A lo utópico siguió lo anacrónico puesto que al entrar en el poblado pasamos bajo un enorme letrero, usado sin duda en ocasiones anteriores, que daba la bienvenida ¡al Gobernador General! Eso debió forzar a Macías a poner, como hizo después, las cosas en su punto. El Presidente arengó a la población desde el balcón principal del ayuntamiento. Después presentó a algunos de sus acompañantes y finalmente a mí con unas palabras que voy a tratar de reconstruir: "Os voy a presentar al embajador de España. Venga Vd. aquí, don Juan. A este señor me lo ha mandado el gobierno de Madrid para que se entienda conmigo. Como yo mandaré a otro señor a España para que se entienda con mi colega Franco. Pero no es este blanco (señalándome con el pulgar de su mano izquierda) quien manda en Guinea. Quien manda aquí es un negro y ese negro (dándose cachetes en los carrillos) soy yo, Francisco Macías". En uno de mis viajes a Madrid fui recibido en audiencia en el Pardo. Al contar a Franco que Macías lo llamaba "colega" le entró una risa convulsa que tardó algún tiempo en amainar. Tuve un primer problema personal con Macías. A quienes componían el servicio doméstico de la Comisaría General se les había dado la opción de pasar a la presidencia o a la embajada. Aunque todos, no queriendo servir a quien sirvió, preferían la Embajada algunos se quedaron con el Presidente por temor a represalias. Les seguimos pagando durante algún tiempo pero tuve que anunciar a Macías que más adelante tendría que pagarlos él. Al dolerse de la falta de generosidad española entré en su lógica recelosa y le dije que si quería personas de confianza en su servicio inmediato no debería tolerar que estuviesen a sueldo de un país extranjero. El hecho es que el personal que había quedado a nuestro servicio empezó a ser acusado por quienes habían continuado en Palacio de traicionar a la Guinea Ecuatorial. Afectado por ello el mayordomo de la Embajada, cargado de copas una noche, trató de defenderse de estas acusaciones en voz demasiado alta ante los centinelas del palacio presidencial. Fue inmediatamente encarcelado. Pedí a Macías, no como representante de España sino a título personal, que perdonase al pobre mayordomo, a quien conocía muy bien y con el que tenía vínculos tribales. Yo esperaba una reacción humana y obtuve una reacción mimética. Levantando la voz me preguntó si Franco hubiese aceptado que un servidor de la embajada de Guinea protestase a gritos a altas horas de la noche a las puertas del Palacio del Pardo. Se consideraba ofendido por mi gestión y destituyó al jefe de Protocolo por haberme arreglado la audiencia. Sólo logré que readmitiese a su colaborador, porque el mayordomo siguió meses en el calabozo, donde le llevábamos la comida todos los días. Casi diez años después, cuando lo daba por muerto, tuve la alegría de recibir carta suya desde el Camerún. Visitaba yo a Macías con mucha frecuencia. En una ocasión me dijo que estaba informado de que el general Franco no recibía a los embajadores, lo que estaba pensando imitar. Tuve que decirle que cuando pedía verlo no era por razones protocolarias sino para superar, en beneficio de Guinea y de España, los problemas que se presentaban. Aconsejé a Madrid que, puesto que había sido elegido el candidato que no deseábamos -ni en la Presidencia ni en Exteriores-, hiciésemos de tripas corazón con los gestos necesarios para atenuar, en lo posible, sus recelos. Pero hubo poco que hacer porque prevalecía la idea de que, obtenida la independencia, la Guinea había dejado de ser un tema español. Pero Macías no era nuestro único problema en Guinea. Cada mañana, en los cinco meses de mi misión, se planteaban varias cuestiones insolubles. Y algunas, atípicas y triviales, que alcanzábamos a resolver. Como la que contaré ahora antes de entrar en materias cada vez más graves y dramáticas. Tenía la Guardia Nacional su principal acuartelamiento cerca de la Embajada, lo que me forzaba a soportar los estridentes ensayos de su banda. Una mañana creí oír los compases imperiales de Haydn. Intrigado, mandé a uno de mis compañeros para que averiguase las razones de tan sorprendente opción musical. Volvió con la explicación de que preparaban el himno nacional de los Estados Unidos, para tocarlo en la presentación de credenciales de su embajador. Mi intervención, que nadie por supuesto agradeció, impidió que el enviado yanqui fuese recibido a los acordes del ¡Deutschland über alies! Quiero recordar aquí la ayuda que tuve de mis colaboradores diplomáticos Mariano Baselga, José Maeso y José Cuenca. Éramos una familia unida por la intemperie. Familia a la que se unió el agregado militar, Eduardo Alarcón, gran militar y formidable amigo, el capitán de fragata Molla, comandante de la "Descubierta", así como los asesores españoles de la presidencia guineana. Teníamos la cancillería en mi residencia donde también vivían, al final como en estado de sitio, algunos de mis colaboradores. Los problemas estructurales del nuevo Estado eran inmensos. Su economía sólo era viable mientras subsistiese el régimen proteccionista que beneficiaba a colonizados y colonos a costa del erario español. Para ello hubiese sido necesario contar con un presidente dispuesto a mantener estos vínculos con España sin miedo a ser acusado de dejar neocolonizar el país. Éste, evidentemente, no era el caso de Macías. La producción de madera en Río Muni debía ser limitada si se quería evitar que el bosque quedase definitivamente esquilmado. La producción de cacao sólo era posible con mano de obra extranjera y la presencia de unos treinta mil braceros nigerianos en Fernando Póo, la mayor parte de origen ibo, planteaba un grave problema político en plena guerra de Biafra. Siendo malas las perspectivas económicas a largo plazo, a corto plazo eran dramáticas. En la misma mañana del día de la Independencia había quedado ya claro, -lo vimos- el propósito de Macías de inflar la burocracia estatal. Así se hizo y el primer presupuesto se anunciaba con un agujero de quinientos millones de pesetas. Se creían los gobernantes guineanos con derecho a exigir a España esta cantidad, y aún mucho más, por la supuesta existencia de un "tesoro guineano" depositado en Madrid del que se sentían herederos. Y de ello me hacían responsable personalmente. El ocho de diciembre, dos meses después de la Independencia, aseguró Macías en un discurso que si España no le ayudaba a resolver los problemas económicos del país "echaría al embajador". Mi ministro Castiella, cuando le expliqué la gravedad de los problemas presupuestarios de Guinea, habló con su colega de Hacienda, Juan José Espinosa, al que fui a ver. No era fácil mi gestión porque uno de los argumentos empleados a favor de la independencia de Guinea era que con ella se reducirían los gastos que nos producía la colonia. Y lo que yo pedía era que estos gastos aumentasen. Espinosa comprendió la importancia política del asunto y me ayudó muchísimo. Una misión del ministerio de la calle de Alcalá vino a Guinea, donde los funcionarios españoles de Hacienda habían preparado muy bien sus papeles. Venía esta misión apoyada por una carta de Franco a Macías en la que le prometía la ayuda del Gobierno español para superar esta primera crujía económica. Yo mismo, que nunca he sido capaz de llevar mis propias cuentas, contribuí a la redacción de un proyecto de presupuesto para la Guinea Ecuatorial. Nuestra idea, basada en la diferencia que establecía la Constitución guineana entre gastos ordinarios y gastos de ayuda y colaboración, consistía en que la aportación española se dedicase a los capítulos de educación, sanidad e infraestructuras, mientras los gastos "burocráticos" se afrontarían con los ingresos fiscales guineanos. Pero el déspota quería que pusiésemos los quinientos millones encima de su mesa para dedicarlos a los gastos improductivos que le viniesen en gana. Nuestra deseo de que el presupuesto beneficiase a los más necesitados y contribuyese al desarrollo del país lo consideraba rechazable intromisión neo-colonialista. Buscó también Macías otras fuentes financieras. Pretendió, con amenazas, provocar la munificencia de los finqueros. Cayó después en una extraña combinación que encajaba en el mundo de la picaresca. Unos españoles, aspirantes a caballeros de industria, le hicieron creer qué podía constituirse un "Banco de Guinea" con respaldo privado internacional. Querían que los fondos españoles de ayuda garantizasen la claramente oscura operación. Ya he contado cómo Macías podía ser, junto a desconfiado, candorosamente crédulo. Hice lo posible por ponerlo en guardia y le dije que con la aventura bancaria que le proponían no se trataba únicamente de dañar a España, sino también de engañarlo a él. Le insistí en la buena voluntad del Gobierno español para ayudar al guineano a superar el bache económico. Pero los promotores del "Banco de Guinea" se encargaron, tarea no demasiado difícil, de alentar el recelo del autócrata hacia el embajador de España.(3) No era éste, con ser gravísimo, el único problema con que tenía que enfrentarme. Enumeraré otros. En julio de 1968 había quedado instalada en Santa Isabel una emisora de televisión que fue, llegada la independencia, causa de constantes complicaciones. Recibía yo muy frecuentes llamadas de ministros que se quejaban de que se les dedicase menos tiempo en los telediarios que a sus colegas. El ministro de Asuntos Exteriores protestó por un supuesto prejuicio a favor de los palestinos en los comentarios internacionales. (Supimos después que la delegación guineana ante las Naciones Unidas recibía fondos israelíes). Para acabar con estas reclamaciones propuse que el gobierno de Santa Isabel nombrase un director guineano responsable de los telediarios. Como era de temer no se pusieron de acuerdo entre ellos sobre la persona adecuada. Después de mi marcha hubo una ocasión en que el personal español de la televisión fue llevado ante un pelotón de ejecución que no llegó a cumplir su cometido: se trataba de una macabra advertencia. La obsesión por los contenidos políticos de la información televisada es universal pero en el caso guineano fue, ciertamente, extremada. El aeropuerto de Santa Isabel nos trajo muy incómodas complicaciones. El ministro de Obras Públicas guineano, antiguo empleado del aeropuerto, había almacenado resentimientos de los que quería desquitarse. Hizo la vida imposible a los españoles encargados de la buena marcha técnica del campo. Estas constantes interferencias ponían en riesgo su funcionamiento. Los funcionarios españoles sólo querían garantizar la seguridad de los aterrizajes y despegues, lo que el ministro interpretaba como afán neo-colonialista. Hubo gravísimas dificultades con la sanidad. Los médicos guineanos querían dirigirla desde Santa Isabel y Bata y dejar a los facultativos españoles, en el bosque. Tuvieron que actuar nuestros compatriotas en condiciones muy precarias y en un clima de coacción insostenible. Macías dijo más tarde, para justificar la expulsión de nuestros doctores, que los médicos eran innecesarios ya que cuando actuaban los hechiceros también se moría la gente. Afirmación, como tal, poco controvertible. En muchos de estos problemas había, sin duda, cierto grado de responsabilidad española. Los funcionarios que habían vivido la etapa colonial debían haber sido cambiados. Mis esfuerzos por conseguirlo pincharon en hueso. En muchos departamentos el escribiente pasaba a ser ministro y ocupaba la casa y el coche del director español, que quedaba a sus órdenes. Pude lograr, para aminorar los daños, que fuesen enviados de Madrid, para asesorar al presidente Macías, dos personas de valía excepcional: el magistrado Rafael Mendizábal y el abogado del Estado Félix Benítez de Lugo. A pesar de su inteligencia, su competencia y su buena voluntad fueron totalmente marginados y su influencia sólo se reflejó en la excelente redacción de las disposiciones legislativas y administrativas. Cuando se hubieron ido, sus discípulos llegaron a absurdos tan divertidos como el decreto que, en muy correcta prosa administrativa, declaraba fuera de la ley el confusionismo en el territorio de la República de Guinea Ecuatorial. Hubo una cicatería inicial por parte española que estimuló los enfermizos recelos de Macías. No hablo ahora del grave conflicto presupuestario sino de algunos gestos simbólicos que hubiesen indicado a Macías que no era malquisto por Madrid. Pensaba yo en Francia, que halagaba (en casos como el del Emperador Bokassa hasta el absurdo) a los gobernantes de sus antiguas colonias con atenciones y privilegios. El precio del automóvil que se proporcionó a Macías fue descontado de los fondos de ayuda. No se cedió a los guineanos una casa en Madrid para instalar su embajada lo que, aparte del resentimiento consiguiente, hizo gravitar excesivamente la carga de nuestras complejas y difíciles relaciones sobre la representación española en Santa Isabel, Y, por supuesto, no se produjo invitación alguna al Presidente para visitar en España a su "colega". Todo esto era difícil de obtener de un gobierno gravemente escindido en el que Castiella había perdido fuerza y sólo se mantenía por la resistencia del Jefe del Estado a los cambios ministeriales. Las cosas no hubiesen tenido probablemente remedio, porque la personalidad de Macías se fue degradando con el poder. Sekú Turé, Mobutu, Idi Amin, Bokassa, una serie de personalidades frenéticas que en África se han impuesto por su mayor determinación, responden a una tipología especial. Vi años después una película documental sobre Idi Amin en la que el déspota ugandés ostenta un gesto benévolo detrás del cual empieza a crecer la furia: la sonrisa sigue en los labios cuando la ira ya está en los ojos. Me impresionó esta escena porque en Macías había observado reacciones idénticas. Estas consideraciones podrían parecer contagiadas de racismo si no tuviésemos presente que uno de los países más civilizados de Occidente se dejó también arrastrar por la furia criminal de un paranoico. Los países que han sido colonizados nunca tienen una relación natural con la antigua metrópoli. Tienden a hacerla responsable de todo y si solicitan a veces su intervención protectora rechazan otras cualquier gesto de apoyo. En una ocasión acompañé a un grupo oficial guineano, a cuyo frente estaban el vicepresidente de la República y el ministró de Asuntos Exteriores, a visitar al general Alonso Vega, ministro de la Gobernación. Don Camilo, que ya estaba viejo, dijo, dirigiéndose a mí, lo siguiente: "Mire usted, embajador. De estos señores de Guinea habrá uno que toque el violón, otro el violín y otro el trombón. Pero alguien debe llevar la batuta y ése es usted". Preocupado por el efecto de estas palabras traté de explicárselas a la salida a mis amigos guineanos como muestra del gran interés del general por su país. Vi que mi aclaración era innecesaria: estaban encantados con la visita y con lo que habían oído. Semanas más tarde un gobernante guineano, que no había estado en la visita a don Camilo Alonso, me sorprendió al proponerme que reuniese a los ministros de cuando en cuando, en consejillos informales para darles orientaciones. Me imagino la reacción, en este caso justificada, de Macías si yo hubiese tenido la temeridad de invadir así sus competencias. Una cuestión internacional con la que tuvo que enfrentarse la nueva república, fue la guerra de secesión de Biafra. en la que, no sin lógica, tomaron partido por Lagos. Esto les llevó a interrumpir los vuelos humanitarios a Biafra que, con anuencia española, llevaba a cabo la Cruz Roja desde Santa Isabel. Lo que no dejaba de tener un cierto carácter explosivo cuando la mayor parte de los braceros nigerianos en Fernando Póo eran de etnias vinculadas a la secesión biafreña. Estos braceros, además, encontraban dificultades para seguir transfiriendo sus ahorros a Nigeria. Había también en Santa Isabel un número pequeño, pero influyente, de comerciantes hausas identificados con la unidad de Nigeria. En enero de 1969 me informó el ministro de Asuntos Exteriores, Atanasio Ndongo, de que pensaba asistir a la toma de posesión del Presidente Nixon en Washington. Comenté que me parecía de perlas pero que debía tener en cuenta que a esos actos no iban jamás delegaciones extranjeras por lo que podría encontrar dificultades o desaires. El protocolo norteamericano se las arregló para que no fuese así y Atanasio volvió encantado. Mis relaciones con Atanasio Ndongo pasaron por algún momento difícil. Aunque yo tratase de tenerlo siempre al corriente, le irritaba que negociase las dificultades, cada vez más frecuentes, directamente con Macías. Dado el poder personal que había asumido Macías y su hostilidad hacia Ndongo era la única manera de intentar conseguir algo. En una de mis visitas a Atanasio lo encontré extrañamente distante. Me dio la impresión de que conocía una comunicación mía a Madrid que hablaba de él. Supe después que un colaborador español de Ndongo había visitado a un funcionario menor de la dirección general de África en la Cárcel de Corte, quien se había ausentado unos minutos dejando sobre su mesa una carta mía con comentarios sobre la personalidad compleja del ministro guineano y su adicción a los estupefacientes. Las perspectivas para los españoles en Guinea eran cada vez más inciertas. Es comprensible que arreciasen sus críticas contra el embajador como representante de un gobierno por el que se creían abandonados. Recibí cartas anónimas. En una de ellas un estimable compatriota me calificaba, entre otras lindezas, de "eunuco". No es imposible que fuese la misma persona que al estallar la crisis de febrero me acusó de haber puesto en peligro a los españoles "por defender un trapo". Ya he contado cómo Macías empezó a expulsar españoles, al estilo colonial, sin motivo alguno. En algunos casos a los funcionarios que pensaba podían estorbar la tristemente pintoresca operación del "Banco de Guinea". Lo más grave fue la aplicación de una nueva figura: la expulsión con retención. Se impedía en efecto al funcionario expulso salir de Guinea sin un permiso especial, que se retrasaba indefinidamente. Con todos los españoles como rehenes potenciales estábamos al borde de la crisis, de la que paso a hablar con detalle. Durante los cuatro primeros meses el Presidente Macías había regateado su presencia en el Continente, sintiéndose más seguro en Santa Isabel. Pero se fueron dando circunstancias que lo obligaron a modificar esta actitud. En Fernando Póo le intimidaba el descontento de los braceros nigerianos, el sector más numeroso de la población. En Río Muni, según le habían dicho, su ausencia estimulaba una agitación que podía volverse contra él si no se ponía a su frente. La popularidad de Ondó, además, seguía siendo grande en sus antiguos feudos. Este problema, como tantos otros, acabaría resolviéndolo mediante el asesinato, tras la entrega de Ondó por el Camerún. Los partidarios de Atanasio Ndongo se sentían perjudicados por el reparto de sinecuras en la coalición gubernamental y unos pocos oficiales guineanos de la Guardia Nacional esperaban el momento de alzarse. El partido llamado "Idea Popular de la Guinea Ecuatorial" seguía fiel a Clemente Ateba y a sus viejos proyectos de federación con el Camerún. Este grupo, el más compacto y fanático, azuzaba a unas llamadas "Juventudes¡ Guineanas" constituidas por partidas de desempleados entregadas al pequeño bandolerismo y responsables de agresiones cada vez más frecuentes y graves contra súbditos españoles. Cuando planteé a Macías en Santa Isabel la necesidad de cortar estos desmanes, me contestó que carecía de control sobre Río Muni. . El 13 de febrero de 1968 salió Macías de Santa Isabel para emprender su tercer viaje a Río Muni desde la Independencia. Apenas llegado a Bata pronunció un discurso, al liberar a unos presos, lleno de amenazas para todos los españoles y ofensivo para nuestros oficiales de la Guardia Nacional, a los que insultó ante los nativos. Había decidido, en efecto, encabezar la demagogia antiespañola. Emprendió una gira por el Continente en la que atacó especialmente a los españoles madereros, mostrándose a veces más moderado respecto los que llamaba "españoles de clase media". Lo acompañaban a todas partes, en camiones, miembros de las "Juventudes" que alentaban un clima de excitación nacionalista a costa de los residentes españoles. El sábado 15 de febrero nos plantearon por primera vez la "multiplicidad" de banderas españolas. Desde el 12 de octubre sólo ondeaban en Bata tres, sin protesta alguna: en el acuartelamiento de la Guardia Civil, en la cancillería consular, y en la residencia del cónsul general. No había más banderas españolas en todo Río Muni. Entre las casas que el Estado español había retenido en Guinea, según los acuerdos firmados el día de la Independencia, estaba la que había sido residencia del capitán de la Guardia Territorial, que pasaba a serlo del cónsul general. Era esta casa objeto de los celos y de las apetencias del comandante Tray. Algo conviene decir de este personaje, que desempeñó en aquellos días un papel determinante al poner a Macías en el disparadero. Juan Tray, falangista voluntario en 1936, terminó la guerra como alférez provisional. Hechos los cursos de transformación era en 1968 comandante en el ejército español y el militar guineano de mayor graduación, ayudante de campo del Comisario General. Se caracterizaba por la unción con que abría a sus superiores, entre ellos a mí, las puertas del coche. Macías, que no desconfiaba de él por considerarlo inofensivo, le ascendió a teniente coronel y le puso al frente de su Casa Militar. Su actividad principal era la de turiferario del Presidente. Hombre de pocas luces, fue. presa de una megalomanía creciente impulsada por el recuerdo de las vejaciones de las que creía haber sido objeto durante su inusitada carrera militar española. Me había visitado en Santa Isabel para pedirme que gestionase su ascenso a coronel en el ejército español, que por cierto seguía pagando sus haberes. Me esforcé en escuchar con calma pretensión tan inaudita. Me figuro lo poco que hubiese durado Tray en el mundo de los vivos en la hipótesis, absurda, de haber logrado su aspiración: Macías hubiese visto en el coronel al hombre de Madrid llamado a derrocarlo. Me inclino a pensar que fue Tray, para lograr un anhelo inmobiliario, quien espoleó a Macías haciéndole ver que era inadmisible que enfrente del antiguo Gobierno Civil, donde el presidente vivía cuando estaba en Bata, se alzase la residencia consular española, con su bandera y con los guardias civiles que la protegían. Alguien, al parecer, enseñó a Macías la información de un período de Brazzaville en la que se decía que Bata con tanta bandera bicolor (¡tres!) daba la sensación de estar ocupada por España. (Pude comprobar después que había muchas más banderas camerunesas y gabonesas que españolas en la capital de Río Muni). El 15 de febrero el comandante Tray cruzó la calle para convocar al cónsul general de España por orden del Presidente. Como el cónsul general no estaba en la residencia sino en la oficina, ordenó Tray sin éxito al guardia civil de servicio que arriase una de las dos banderas consulares españolas. Macías se ausentó de Bata momentos después. El vicepresidente Bosío, por orden presidencial, convocó al cónsul general de España, Jaime Abrisqueta, para pedirle que retirase la bandera de su residencia. El cónsul general, hombre valeroso y leal, respondió que no podía tomar ninguna decisión sin instrucciones concretas del Gobierno a través del embajador. Informado por él, pedí instrucciones a la Cárcel de Corte. Me contestaron de Madrid que aunque el mantenimiento de dos banderas consulares era perfectamente legal según los Convenios de Viena, la cuestión era negociable por la vía diplomática normal. Mientras se negociaba mantendríamos la práctica establecida. El día l6 de febrero visité en Santa Isabel al ministro de Asuntos Exteriores, Atinaste» Ndongo. Le dije que el asunto de las banderas de Bata, como casi todos, era negociable y que podrían encontrarse fórmulas para que, dentro de la ley general de Guinea, no hubiese más que una bandera. El ministro, que aquel mismo día salió hacia Addis Abeba, se mostró de acuerdo con este criterio y con que no se arriase entretanto ninguna bandera. Idéntica gestión realicé con el vicepresidente Bosío, encargado en Santa Isabel del despacho de la presidencia de la República, y con el mismo resultado. El domingo 23 regresó Macías del interior a Bata y se enfureció al comprobar que, de acuerdo con lo convenido en Santa Isabel con sus representantes, seguían ondeando las banderas españolas. Convocó al cónsul general Abrisqueta, al que en una violenta escena declaró persona no grata, y mandó al comandante Tray que enviase un piquete de la Guardia Nacional a la cancillería consular. Ocho soldados entraron en el jardín, treparon por la fachada y descolgaron la bandera que posteriormente sería entregada en la residencia del cónsul general. El vicepresidente del Gobierno se. enteró inmediatamente de esta gravísima tropelía por un mensaje que le fue transmitido desde un barco mercante español fondeado en Bata. El almirante Carrero habló enseguida con Castiellla quien nada sabía aún, debido a las precarias y lentas posibilidades de comunicación de la embajada en Santa Isabel. De la conversación del vicepresidente con el ministro de Asuntos Exteriores salió un telegrama en que se me ordenaba actuar "de manera enérgica e inmediata". En el acuartelamiento de la Guardia Civil se había tocado generala y las fuerzas esperaban instrucciones para intervenir. Una interpretación literal de las que yo tenía me hubiese permitido ordenar dicha intervención. Veía sin embargo muy claro que una acción militar española en la Guinea recién independiente no era lo que quería el Gobierno español puesto que con ella nos hubiésemos encontrado con una crisis internacional y con la posibilidad de represalias sangrientas contra los españoles que vivían en las zonas no protegidas por nuestras fuerzas. Con toda la firmeza que fuese necesaria era preciso buscar una solución negociada para el problema de las banderas y para la expulsión del cónsul general, que habían creado enorme y justificadísima exasperación entre nuestros compatriotas. De acuerdo conmigo en todo momento, el coronel Alarcón ordenó a la Guardia Civil de Bata que no se moviese. Como nada podía resolverse en Santa Isabel decidí, después de solicitar nuevas instrucciones al ministerio de Asuntos Exteriores, pedir audiencia al Presidente de la República para el martes 25 de febrero, día en que se le esperaba en Bata después de un recorrido por Río Muni. El 24 había pronunciado Macías el más incendiario, hasta entonces, de sus discursos incitando a la población de Río Benito, adicta a Atanasio, a atacar a los madereros españoles "criminales" en lugar de enfrentarse al Gobierno de Guinea. Añadió lo siguiente: "El blanco lo que tiene que hacer es someterse pues si nos mandaron durante dos siglos ahora el negro también tiene que mandar al blanco y el que no quiera que se le mande que se vaya a su país". Con la aprobación del ministerio de Asuntos Exteriores, había decidido la adopción de una postura de firmeza respecto al honor de la bandera, pero sin cerrar en modo alguno al Presidente la posibilidad de una salida airosa. En cuanto llegué, en la mañana del 25, a la residencia consular quedó izada en ella la bandera española, pero hice llegar al mismo tiempo al Presidente, a través del secretario de embajada José Maeso una carta en la que se proponía una rápida solución negociada. La embajada de España estaba dispuesta a arriar una de las dos banderas si el Gobierno de Guinea dictaba una norma aplicable a todos los consulados. Otra fórmula alternativa sería que las banderas no ondeasen más que los días festivos. Rogaba por otra parte al Presidente que explicase al Gobierno español que -como suponía ser evidente- no había sido su intención ofender el honor de España, su ejército, o su gobierno. También pedía que se reconsiderase la declaración de persona no grata del cónsul general, por el carácter gravé y extraordinario de tal medida. Me recibió el Presidente en presencia del obispo de Bata y del ministro de Educación José Nsué (4). Empezó diciéndome que consideraba inadmisible que en vez de traerle los quinientos millones de pesetas que necesitaba le plantease asuntos sin importancia como el de la bandera, tanto más cuando ésta no había sido quemada sino cuidadosamente doblada. No aceptaba protestas ni reclamaciones porque era a él a quien correspondía protestar por la multiplicidad de banderas. Siendo él quien mandaba en el país estaba en su derecho de quitar todas las banderas que le viniesen en gana y de echarnos de las casas que ocupábamos. La Guardia Civil debía abandonar el país por estar compuesta de asesinos. Todos los oficiales españoles de la Guardia Nacional, incluso su jefe, eran traidores a Guinea. La embajada de España tramaba una conspiración para derribarlo con la complicidad de los madereros, que habían puesto una bomba en Mongomo para intentar asesinarlo. Yo, aún siendo "buena persona", no representaba a España sino a esos empresarios forestales a los que había ayudado para tratar de hacer triunfar en las elecciones a Bonifacio Ondó, por lo que no podría seguir en la Guinea Ecuatorial. Todo esto lo dijo Macías en tono fríamente airado. Le contesté que el honor de la bandera de España no era cuestión baladí y que el Presidente hubiese reaccionado de parecida manera si se hubiesen ofendido sus colores. Que mi intención había sido acordar una solución honorable. Que entre países soberanos los asuntos se negocian y no se resuelven mediante decisiones unilaterales. El propio Jefe del Estado español no tenía la facultad de dar órdenes al encargado de negocios de Guinea en Madrid. Le recordé mis esfuerzos constantes para resolver los incidentes planteados de manera amistosa y cómo en ocasiones había actuado, y eso lo sabían bien sus ministros, como abogado en Madrid de los intereses de Guinea. Rechacé las acusaciones contra los militares españoles. Me esforcé en mantener la calma y en hablar en tono respetuoso. Le dije finalmente que el Gobierno español deseaba seguir ayudando al pueblo guineano en sus primeros pasos independientes, y que también lo deseaban los españoles residentes en Guinea. Pero que ello no sería posible a costa del honor de España y de la seguridad de sus súbditos. La cuestión de la bandera, que había desencadenado la crisis, quedó superada puesto que el Presidente firmó una orden, cuya redacción había preparado yo, por la que de acuerdo con lo sugerido por nosotros se establecía que en todas las representaciones diplomáticas y consulares extranjeras no hubiese más que una bandera. En cuanto recibí este papel hice arriar la bandera de la residencia consular, que es la que había causado la irritación presidencial. Fui llamado por Macías una segunda vez en presencia, no ya del Obispo sino del ministro de Justicia Jesús Eworo (5), para hablarme de una supuesta huelga de maestros. (Lo que había sucedido en realidad era que los alumnos blancos, ante el clima de inquietud, no habían ido a las escuelas). Una tercera vez me llamó el Presidente para comunicarme formalmente que era persona no grata y debía abandonar el país. Apenas había vuelto a la residencia consular, me visitaron el ministro de Justicia, y el comandante Tray para darme un escrito, sin duda preparado con anterioridad, ordenándome la evacuación inmediata de dicha casa, cuya ocupación era contraria "a la soberanía de Guinea". Consideré que este escrito, por su contenido y su tono inadmisible, impedía, al menos de momento, cualquier posibilidad de diálogo. Dije al ministro y al comandante que la cuestión de la casa tenía menor, importancia pero que intentar expulsarnos de ella era una gravísima ofensa al Estado español que yo representaba. La crisis había estallado a pesar de haberse resuelto el problema de las banderas. Quiere esto decir que sus causas eran otras. En primer lugar el hueco presupuestario de los quinientos millones de pesetas. (Ya había dicho Macías, en diciembre, que si no las recibía echaría al embajador de España). Como hemos visto, esta cuestión también estaba resuelta por la actitud positiva del ministerio de Hacienda de España, aunque hubiese que trabajar las modalidades de la ayuda. Fueron los españoles inspiradores del "Banco de Guinea" quienes persuadieron a Macías eje que nunca recibiría ayuda económica de Madrid. En cuanto al detonante concreto de la crisis, lo sucedido en la mañana del 25 de febrero parece indicar que las apetencias del comandante Tray por la residencia del cónsul general jugaron un papel fundamental. Dado nuestro ánimo negociador también se hubiese podido encontrar una fórmula para trocar por otra la residencia consular. Si Macías no esquivó este enfrentamiento, sino que lo agravó, fue por una serie de motivos racionales e irracionales. Hemos visto cómo optó por ponerse al frente de los agitadores de Río Muni, antiespañoles pero enemigos suyos también. Al chocar con España lanzaba Macías un ¡viva Cartagena! que distrajo hacia nosotros la agitación. Calculó, y acertó en ello, que las fuerzas españolas no se moverían. Pero se equivocó muy gravemente al creer a quienes le decían que Guinea tenía otras fuentes de recursos internacionales que podrían sustituir a la ayuda española. A lo largo de estas últimas páginas he ido señalando algunas características de la personalidad de Francisco Macías. En su identificación con los gobernadores coloniales no podía aceptar protestas de nadie por muy fundadas que fuesen. Cuanta menos razón tenía, más vehemente era su reacción. No había nada ya que hacer con él. Ante lo que se nos venía encima pensé que nuestro deber principal era evitar una matanza de españoles. Así se lo dije a los oficiales de la Guardia Civil y de la Nacional que vinieron a verme al consulado. Les pedí que explicasen la situación a los españoles que estaban en el bosque y que los protegiesen, escoltando a los que, por sentirse amenazados, marchasen hacia Bata. En ningún caso debían realizar acto de ocupación militar. A los oficiales de la Guardia Nacional calificados de traidores por Macías, les dije que a partir de ese momento su única lealtad debía de ser hacia España. Gracias a la presencia de ánimo del capitán Navarro, que mandaba en Bata la primera Compañía Móvil de la Guardia Civil se pudieron librar muchos españoles de las iras de las "Juventudes". En esta tarea de protección de nuestros ciudadanos fue decisiva también la presencia en aguas de Bata de la fragata "Descubierta", que vino inmediatamente desde Santa Isabel con el coronel Alarcón a bordo. Este ejercicio de "diplomacia de cañonero" nos permitió disuadir sin ocupar. El coronel Eduardo Alarcón, con tanta inteligencia como entereza, negoció con Macías la salida de los españoles, militares algunos, que estaban en situación más difícil. A mi regreso a Santa Isabel, en la misma tarde del 25, se habían , tomado algunas medidas de precaución para asegurar la seguridad y , el tráfico del aeropuerto mediante la Guardia Civil. Mi preocupación, era evitar cualquier actuación de nuestros guardias que no fuese imprescindible para la seguridad de los españoles. Consulté con los mandos militares y su opinión, prácticamente unánime, coincidía con la mía: convenía mantener las fuerzas móviles en reserva en espera de instrucciones concretas de Madrid. Entre tanto la presencia de la Guardia Civil debía ser lo más discreta posible a fin de evitar incidentes e impedir que Macías alegase, como lo hizo mendazmente en mensaje a las Naciones Unidas, que España recolonizaba por la fuerza de sus armas la Guinea Ecuatorial. Tuve inmediatamente conversaciones con los ministros que estaban en Santa Isabel. Solamente los que eran de etnia fang se mostraron reticentes mientras los demás estaban entre apesadumbrados y espantados por la actitud de Macías. Siempre con el propósito de seguir dejando abierta las vías para una cada vez más improbable solución negociada, aseguré a los ministros, como era cierto, que las medidas precautorias adoptadas no implicaban amenaza alguna contra el Gobierno de Guinea. Se produjo un grave incidente al disparar unos tiros al aire los guardias civiles que se sentían acosados por la Guardia Nacional, que se dio a la fuga. En vista de ello el comandante de la Guardia Civil y yo negociamos un modus vivendi con los ministros guineanos por el que quedaban en el aeropuerto cuatro guardias civiles y cuatro nacionales mientras se establecía una patrulla mixta para mantener la seguridad en la ciudad de Santa Isabel. La noche del miércoles 26 transcurrió tranquila en Santa Isabel. Los ministros me convocaron para anunciarme que el Presidente había hecho un llamamiento a la calma y a la paz y pedirme que para evitar incidentes hiciera otro tanto. Me ofrecieron la radio para que dijese a los españoles que no corrían peligro. Les repuse que antes de tomar una decisión de tal importancia debía examinar la situación real. De regreso a la Embajada pude comprobar que el supuesto llamamiento de Matías, difundido por la radio de Bata, aunque empleaba de pasada las palabras "paz" y "tranquilidad" era absolutamente inflamatorio y acusaba a la Guardia Civil y al propio representante de España de haber lanzado una conspiración contra el pueblo de Guinea. Enseñé el texto a los ministros, que fingieron no conocerlo, y les rogué que tomasen medidas para que no fuese difundido por la Radio de Santa Isabel puesto que sin duda provocaría el pánico de los españoles de la isla, que todos queríamos evitar. Los ministros estaban dispuestos a ello, pero recibieron instrucciones directas de Macías para que la radio isabelina repitiese constantemente el peligrosísimo texto. Los españoles de Río Muni, muy justificadamente alarmados, habían decidido iniciar su repliegue hacia Bata. Hubiese sido irresponsable por mi parte tranquilizarlos y aconsejarles seguir en sus lugares de trabajo cuando Macías seguía azuzando a las turbas contra ellos. Siempre por orden del Presidente se tomaron el jueves en Santa Isabel una serie de medidas que agravaron la situación y atemorizaron a los españoles. La Guardia Nacional ocupó el aeropuerto, del que -para evitar choques fatales- se había decidido retirar a los guardias civiles. La Guardia Nacional guineana, empezó a ocupar la ciudad y fueron distribuidas armas a algunos particulares. Guardias "nacionales" rodearon la Embajada de España. Dije al ministro de Obras Públicas, encargado de la Defensa Nacional, que sobre el Gobierno de Guinea recaía íntegramente la responsabilidad del pánico provocado por sus medidas. Se transmitió el 28 un discurso de Macías de desenfrenada demagogia. La Guardia Civil y el embajador de España se habían convertido en sus cabezas de turco. Es evidente que Macías (que antes había contado con la Guardia Civil como freno a la Guardia Nacional) se había dado cuenta de que con el incidente dé las banderas se había ganado de manera definitiva la hostilidad de las Compañías Móviles de la Guardia Civil. Los ministros residentes en Santa Isabel, que a pesar de todo habían seguido manteniendo conmigo un diálogo cordial, empezaron a evitar, por orden de Macías, verme por separado y en nuestros encuentros tenían que estar presentes, vigilándose, los cinco. Convocaron una vez al mínimo cuerpo diplomático, del que yo era decano, como único embajador. El ministro de Sanidad leyó un memorial en que se daba la deformada visión oficial de los hechos. Como no había nadie capaz de traducirlo se produjo una situación extraña que decidí romper. Con la máxima frialdad asumí el papel de intérprete y traduje al francés y al inglés lo leído en castellano por el ministro Pedro Econg, sin suprimir por supuesto las referencias poco gratas a mi persona. A continuación rebatí el memorial en los tres idiomas. Entretanto Macías volvía a recorrer Río Muni con discursos cada vez más violentos. Dijo por ejemplo, el día 28 en Bindung que "el embajador de España sería tumbado". En discursos anteriores me había acusado de retener la famosa casa consular, de ordenar actos provocativos, de haber trabajado para que se aprobase la Constitución guineana en el referéndum y de haber apoyado a Ondó. "Ya no le queremos, hermanos" dijo refiriéndose a mí. Al mismo tiempo pedía -lo hizo también en telegrama al Jefe del Estado español- la retirada de la Guardia Civil. No sin astucia el Presidente Macías había centrado sus ataques en el embajador sin involucrar en ellos al Gobierno español. Así se lo conté por teléfono a Castiella, quien me dijo que no lo tomase personalmente pues "no ofende quien quiere sino quien puede". Le contesté que en modo alguno estaba herido mi amor propio. Aunque Macías nunca había puesto plazo a mi salida de Guinea después del telegrama declarándome persona no grata, mi regreso a Madrid podía, al darle satisfacción, aliviar la tensión. Estaba claro que yo había perdido toda validez como interlocutor de Macías y mi único papel útil era el de fusible. Aceptado este criterio fui llamado a Madrid, según la fórmula establecida, en consulta. Decidida mi marcha para el día primero de marzo fui convocado por los ministros guineanos que querían despedirse de mí. Lo hicieron de manera emocionada y contrita. Yo también me emocioné al darles un último abrazo. Todos fueron perseguidos más tarde por Macías y los más murieron por orden suya. En el aeropuerto me encontré con Atanasio Ndongo, quien llegaba de España en el avión que yo iba a tomar. Insistió en que yo iba a Madrid para informar y que volvería muy pronto. No fue así. En Barajas me recibieron muchos compañeros de la Carrera Diplomática que quisieron expresarme su solidaridad. Fueron momentos de emoción grande y compleja. El día 5 de marzo dio Atanasio Ndongo su golpe de Estado, trágicamente fallido. Macías se refirió siempre a este hecho, incluso en su proceso, como "el golpe del embajador Duran". Alguna vez he dicho que si hubiese sido mío no habría fracasado. No había en esta "boutade" la menor petulancia puesto que hubiesen seguido "mi" golpe dos compañías móviles de muy aguerridos guardias civiles. Mi primera embajada había sido, evidentemente, un fracaso. Los meses que pasaron hasta que tuve un nuevo destino fueron muy amargos. Los acontecimientos de Guinea pasaban por mi cabeza como una película en la que buscaba, obsesivamente, lo que hubiese podido hacerse de otra manera para alterar el triste resultado final. Mis jefes y amigos no me abandonaron. Don Fernando María Castiella tuvo el gesto de solicitar y obtener para mí una importante condecoración. Mis amigos guineanos, y los que lo habían sido menos, fueron cayendo asesinados. Sentí el dolor de estas muertes violentas. Incluso la de Francisco Macías, víctima de su locura y de quienes lo auparon a pesar de ella". ___________________ (*) El t "Puesto que habia que seguir adelante". La descolonizacion de Guinea a la fuerza tuvo que ser el resultado de los servicios secretos de Carrero Blanco y de alguna empresa petrolera. Si la Zapata off Shore propiedad de George H. W. Bush va hacia Rio Muni en junio de 1968 es logico que alli siguiese sin que nadie la molestase a 20 millas de la costa despues del 12 de octubre de 1968 hasta concluir sus trabajos. ¿Que pudieron ofrecer los norteamericanos al regimen de Franco? Esto tiene que estar en algun archivo. No hace falta ningun periodista. Basta con alguien que sepa buscar en el archivo de Alcala de Henares o en el de el Ministerio de Asuntos Exteriores. Es cierto que mucha gente dice que lo de Guinea es el secreto mejor guardado del Estado español; pero es que ya han pasado mas de 40 años. A ver si alguien tiene un dato, o una pista. |
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| John Enki | Publicado el Hoy, 09:46 AM |
| El periodismo está muerto Últimamente los periodistas hablan mucho sobre el futuro del periodismo. Pierden el tiempo: el periodismo lleva años muerto. Algunos se niegan a creerlo, y dicen que el periodismo está más vivo que nunca, pero me da la sensación de que mantienen esa postura porque quieren conservar sus altas nóminas. Otros dicen que sólo está enfermo, y que la culpa de su mala salud, la del periodismo, es de las nuevas tecnologías. Mienten: yo estaba presente cuando el periodismo fue asesinado por los propios periodistas. http://eldescodificador.wordpress.com/2010...mo-esta-muerto/ ¡Como decíamos ayer.....! |
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| Maripili | Publicado el Hoy, 06:58 AM |
| Riesgos en África central ElTiempo.com Jueves 9 de septiembre de 2010 actualizado hace 1 hora 48 minutos LONDRES. África central ha estado atrayendo últimamente cierta atención poco habitual. Los descubrimientos de grandes yacimientos de minerales y otras oportunidades han brindado una ocasión para diversificar la inversión, aparte de los predominantes sectores petroleros de Guinea Ecuatorial y Gabón. Se espera que Camerún atraiga 10.000 millones de dólares en los próximos años para explotar algunas de las más prometedoras nuevas reservas minerales de la región, mientras que Guinea Ecuatorial está impulsando el desarrollo de las infraestructuras. Por otra parte, BHP Billiton anunció el descubrimiento de unos 60 millones de toneladas de manganeso en el Gabón sudoriental, mientras que AREVA, de Francia, está formulando planes para construir una gran mina en la República Centroafricana para explotar los yacimientos de uranio. Pero la de los "recursos naturales" y "África" es una combinación que suele desencadenar alarmas, y África central no es una excepción. Existen importantes riesgos políticos relacionados con los intereses políticos y económicos superpuestos de las consolidadas minorías dominantes de la región, que causan dolores de cabeza a los inversores preocupados por su reputación. La corrupción es omnipresente y la mayoría de las empresas se ven obligadas con frecuencia a trabajar con socios elegidos por los gobiernos, que apenas pueden controlar. Un informe del Senado de los Estados Unidos, publicado en febrero, reveló flagrantes usos indebidos de los fondos estatales en Guinea Ecuatorial. El hijo del presidente Teodoro Obiang Nguema Mbasogo contrató, al parecer, a abogados, banqueros y agentes inmobiliarios de los Estados Unidos para trasladar más de 110 millones de dólares a los EE. UU. Entre el 2004 y el 2008, con los que compró una casa valorada en 30 millones de dólares en Malibú (California), un avión a reacción Gulfstream e innumerables bienes lujosos. Ahora está sometido a una investigación penal y afronta acusaciones de blanqueo de dinero, soborno y extorsión. El informe cita otras dinastías gobernantes de la región, incluido el clan Bongo, de Gabón, que también está acusado de uso indebido de fondos públicos. El riesgo político y la garantía de la permanencia en los cargos representan otros obstáculos para los inversores. En vista de las intromisiones políticas en el sector privado de toda la región, la mayoría de los grandes proyectos empresariales se llevan a cabo en forma de operaciones conjuntas con empresas controladas por el Estado (a veces dirigidas encubiertamente por miembros de las minorías gobernantes), lo que con frecuencia entraña pagos ilícitos para obtener contratos o licencias sin seguir los procedimientos de licitaciones oficiales. Cuando los regímenes cambian, esa clase de contratos puede ser objeto de investigación, como ha ocurrido en muchos otros países africanos. Semejantes cambios han sido bastante raros en una región dominada durante mucho tiempo por "hombres fuertes" como, por ejemplo, Omar Bongo, Obiang y el presidente de Camerún, Paul Biya. Sin embargo, la avanzada edad de Biya plantea importantes interrogantes sobre las posibles secuelas de una transición política y lo que esta podría significar para los contratos vigentes. La accesión al poder de Ali Ben Bongo en Gabón mostró que se pueden superar incluso las considerables amenazas planteadas por una transición en gran medida imprevista, pero en Camerún es probable que la sucesión sea menos cómoda. En los últimos años han quedado demostradas en varias ocasiones las posibilidades de conflictos, mientras que las divisiones de carácter étnico-regional, lingüístico y civil-militar indican que cualquier vacío de poder en la cumbre podría ser desestabilizador. Pero hay algunas señales esperanzadoras. La Comunidad Económica y Monetaria del África Central (Cemac) nombró recientemente a Lucas Abaga Nchama, de Guinea Ecuatorial, para que dirija su banco central, el Banco de los Estados del África Central (Beac). Se trata del primer ciudadano no gabonés que ocupa ese cargo desde la creación del banco, en 1972. Ahora los cargos directivos de la Cemac y del Beac corresponderán por turno a los seis miembros -Camerún, Chad, Gabón, Guinea Ecuatorial, República Centroafricana y República del Congo-, lo que podría presagiar una mayor integración regional. El cargo quedó vacante después de que algunos ejecutivos, la mayoría de ellos gaboneses, quedaran desacreditados en un escándalo de malversación de fondos que estalló en octubre del 2009. Un importante fraude en la oficina de París costó al banco unos 28 millones de dólares, lo que reveló las deficiencias de los mecanismos de auditoria y control. El nombramiento de Nchama representa una clara ruptura con el pasado, pues afirma que será el encargado de la reorganización. Pero sigue sin ser seguro que las nuevas caras de la región puedan acabar con la antigua tónica de mala administración y usos indebidos. Es necesaria una limpieza para restablecer la credibilidad, pero las perspectivas de reforma drástica siguen siendo limitadas, dada la ejecutoria de la mayoría de los Estados miembros, caracterizada por normas deficientes de contabilidad y transparencia. El nombramiento de Nchama fue un éxito para Guinea Ecuatorial en su larga aspiración de aumentar su influencia en la Cemac. El país ha dedicado parte del dinero obtenido con el petróleo a aumentar sus contribuciones al Beac y ahora aporta, al parecer, el 48 por ciento de las reservas de divisas de la Cemac. Esa estrategia parece haber dado fruto. Sin embargo, dada la implicación del clan de Obiang en graves corrupciones y uso indebido de fondos estatales, no es un buen presagio precisamente para la reforma regional. Con la posible excepción de Gabón, donde es demasiado pronto para evaluar la eficacia de las reformas propuestas por el nuevo presidente, la mayoría de los gobiernos de la Cemac están dirigidos por minorías dominantes provincianas que se dedican más a crear una apariencia democrática que a la liberalización política y económica auténtica. Ese estilo de gobierno brinda condiciones ideales para el uso indebido de los cargos públicos, el cual ha propiciado una corrupción endémica. Como con tanta frecuencia ocurre en el continente, la consigna para los posibles inversionistas atraídos por el auge en materia de recursos de África central debe ser 'caveat emptor'. http://www.eltiempo.com/opinion/columnista...ntral_7894950-1 |
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| Katharina Von Strauger | Publicado el Ayer, 04:16 PM |
CITA El caso Mattei La esperanza es que la sociedad civil llegue a comprender de qué burla se le hace objeto por parte de quien posee y administra el poder en su nombre, cuando no ejerce un constante e inexorable control democrático que limite sus abusos. jueves 17 de abril de 2008 Francesco Rosi El caso de Enrico Mattei (1926-1962) es paradigmático porque representa una voluntad del Estado nación de actuar independientemente y de manera soberana frente a los grandes poderes del mundo: las compañías petroleras, por ejemplo. El contexto de su actuación es el de la postguerra, los años posteriores a la segunda guerra mundial cuando el gobierno italiano le encarga desaparecer la Agip (la Pemex de Mussolini) y durante todos los años 50 no solo no la disuelve sino la reestructura y la integra al nuevo ENI, Ente Nazionale Idrocarburi. Enrico Mattei fue el que bautizó a las petroleras de su tiempo con el nombre de “las siete hermanas” que dominaban al mundo en materia de energéticos: Exxon, Mobil, Chevron, Texaco, Gulf, Royal Dutch Shell y British Petroleum. Ningún país podía entonces, hacia 1960, mover un dedo sin consultar con estas tansnacionales que influían hasta en al forma interna de gobernar. En la práctica las “sette sorelle” se han reducido a cuatro: Chevron-Texaco, British Petroleum, Exxon-Mobil y Shell. Cuarenta y cinco años después la composición de poder ha cambiado y ahora las siete empresas, de propiedad abrumadoramente estatal, son la Saudi Aramco, de Arabia Saudita; la Gazprom, de Rusia; la CNPC, de China; la NIOC, de Irán; la PDVSA, de Venezuela; la Pteobras, de Brasil, y la Petronas, de Malasia, que controlan casi un tercio de la producción mundial de gas y petróleo y más de un tercio de las reservas de ambos hidrocarburos. El caso es que Enrico Mattei se enfrentó a las grandes petroleras de su época y ese atrevimiento le costó la vida: el 27 de octubre de 1962, bajo una lluvia gris y ventosa, su jet privado se estrelló en Bascapé, antes de tocar tierra en el aeropuerto Linate de Milán. El secretario de la Defensa de entonces, Giulio Andreotti, se apresuró a declarar que había sido un accidente. Lo poco que después supimos fue por la película de Francesco Rosi, El caso Mattei, de 1970. La cinta es una exposición narrativa de tipo periodístico, con testimonios y documentos, fotografías y grabaciones, que deja la sospecha de que el avión de Mattei —interpretado admirablemente por Gian Maria Volonté— fue saboteado en el aeropuerto de Catania, en Sicilia. Alguien, aparentemente de la mafia o de los servicios secretos franceses, se introdujo en el aparato y desactivó algunos instrumentos, entre ellos el altímetro. Se trata de la historia de un político que realmente tenía el sentido del Estado. Enrico Mattei creía que, como Estado y como nación soberana e independiente, Italia tenía derecho a decidir a quién le compraba petróleo directamente. Con Mattei a la cabeza de las negociaciones, el gobierno italiano decidió comprar de manera bilateral petróleo a los países árabes, a Arabia Saudita y a Túnez, para sus refinerías. También le pareció natural y lógico, por el precio o por lo que fuere, traer petróleo de la Unión Soviética. No es improbable que haya sospechado, porque era tan astuto como un zorro, que las transnacionales petroleras lo iban parar de tajo. Pero lo hizo, con gran dignidad y con un discurso interesantísimo si pensamos en lo que era la geopolítica de su tiempo. Treinta y cinco años después, en 1997, se reabrió el caso en Italia. Llegó a establecerse que el testigo primero, el que declaró a horas del siniestro que había visto y oído una explosión en el cielo antes de que el pequeño jet se precipitara, había cambiado su declaración porque le regalaron una casa nueva. Luego. Se supone que su silencio fue comprado y que, en efecto, se trató de una bomba. Cuando se revisaron los archivos de la Rai (la tv italiana), donde se conservaba el video, se vio que había desaparecido el sonido. Sólo podría ahora acusarse a ese testigo, Mario Rochi, de dar falso testimonio y la ley de la omertà seguirá siendo la reina. Junto al presidente del ENI —según una nota de Roberto Montoya en El Mundo— murió el piloto Irnerio Bertuzzi y un periodista norteamericano, William McHale. Realmente Mattei era un obstáculo para las compañías petroleras estadounidenses. Muchas de sus operaciones en Europa occidental fueron obstaculizadas por Mattei, un hombre polémico y muy incómodo, de arrolladora personalidad. El ENI italiano era con mucho la compañía petrolera independiente más importante de Europa. La familia Mattei siempre pensó que las “siete hermanas” encargaron a la Cosa Nostra que, a través de la mafia siciliana, organizara el atentado contra Mattei y por eso mismo encargaron una investigación privada. Más tarde Tomasso Buscetta, uno de los mafiosos “arrepentidos” más creíbles de la justicia italiana, confirmó que a Mattei lo había asesinado la mafia siciliana por una petición especial hecha por una familia de Cosa Nostra de New Jersey, la tierra de los Soprano. Otro testimonio ha sido el de un exagente de la KGB soviética, Leonid Kolossov, que trabajaba en la representación comercial de la URSS en Roma y con la cobertura de corresponsal de Izveztia. De Estados Unidos viajó expresamente para supervisar el atentado el capo Marcello Carlos II Piccolo. Sus socios sicilianos pudieron inmiscuir en el equipo técnico de mantenimiento del aeropuerto de Catania a uno de sus “soldados” para que colocara el explosivo. http://resistenciamattei.blogspot.com/2008...aso-mattei.html CITA ACCATTONE Juan Ramón Jiménez de León Hoy 8 de agosto, cumpliría años mi madre Bertha, dedicado a su memoria, murió en la Clínica del ISSSTE Dra. Esperanza Flores, el 1 de Diciembre del 2009, en Sabinas, Coahuila. QEPD Accattone es un modismo italiano de los barrios bajos lumpenizados y se le dice a quien no le salen bien las cosas, además de flojo, sin ideología, mencionado en la novela Muchachos de la calle de Pier Paolo Passolini, ensayista, poeta, director de cine y un izquierdista defensor de lo que ahora se conoce como la LGBT, quien describe los barrios populares, la prostitución y temas que en esos años 60s apenas empezaban a tocarse en Europa. Han pasado 35 años desde la noche en la Passolini, fue brutalmente asesinado, el cadáver quedó convertido en un irreconocible amasijo de carne, sangre y huesos quebrados, eso sucedió en una solitaria playa de Ostia, en las cercanías de Roma. Desde entonces, los hechos, poco conocidos han sido: un juicio brumoso, una sombra de conspiración delictivo-política, un condenado de corto alcance, una sospecha de ocultismo... Cuando Giuseppe Pelosi (a) La Rana, un prostituto de las calles, entonces de 17 años, es el único condenado por el homicidio, dijo en una entrevista televisiva en 2005 que los autores del crimen habían sido tres personas de quienes ignoraba la identidad, Italia supo que era el momento de afrontar un fantasma de su pasado próximo. El Ministro de Justicia de Italia, Angelino Alfano, escribió al fiscal jefe de Roma señalándole que una parte de los italianos desearía saber quién mató al cineasta, tras lo que se reabrió el caso del realizador de películas como Mamma Roma y El Evangelio según San Mateo. De momento, extraoficialmente. Porque la Justicia, igual que en cualquier país, demora la decisión de reabrir el caso, pero los medios no. A lo largo de los años han sido muchos los intelectuales y amigos de Passolini, como la desaparecida escritora Oriana Fallaci-famosa por haber estado presente en la Noche de Tlatelolco, del 2 de octubre de 1968, en donde fueron asesinados por el ejercito mexicano, cerca de 300 estudiantes- y la investigadora Carla Benedetti, que han pedido la reapertura del caso. Giuseppe Lo Biando y Sandra Rizza acaban de publicar en Italia un polémico libro en el que desechan la teoría del asesinato casual y homosexual, para plantear otra en la que intervienen la mafia y la corrupción política italiana. El libro se titula Profondo nero (Negro profundo). En este libro de investigación sus autores plantean la sospecha de que el poeta, escritor y cineasta fue asesinado por profesionales del crimen y por cuestiones políticas. Al parecer, Passolini, y su proyecto cinematográfico llamado Petróleo, había descubierto datos irrefutables sobre el extraño accidente de aviación en 1962 en el que murió Enrico Mattei, presidente de la compañía estatal italiana de petróleo Eni, y el asesinato en 1970, a manos de la mafia, del periodista Mauro De Mauro, quien a su vez investigaba la muerte de Mattei. Los autores de Profondo nero creen que Passolini iba a develar en su película Petróleo el nombre de quien había mandado asesinar a Mattei, y más tarde a De Mauro. Es decir, que Passolini iba a mostrar datos nuevos, reveladores e incontestables sobre la palpable y directa relación existente en Italia entre el poder político y la mafia. En el nuevo libro, los autores entrevistan al asesino oficial del poeta, y éste les confiesa que el encuentro con Passolini no fue casual, que se pactó una semana antes, y que lo mataron 5 personas dándole una brutal paliza llena de patadas, puñetazos y bastonazos. Es más, Pelossi asegura que dos de esas cinco personas eran los hermanos Franco y Giuseppe Borsellini, conocidísimos ultraderechistas y fascistas desaparecidos en los años 1990 por el sida. Hay tantos puntos oscuros en torno el “caso Passolini”, que el pasado verano más de 700 intelectuales firmaron un manifiesto en el que exigían la reapertura del caso y nuevas investigaciones, partiendo, por ejemplo, del análisis concienzudo, y con las nuevas técnicas de investigación criminal existentes e nuestros días, de los ensangrentados restos de ropa que vestía Passolini la fatídica noche del 2 de noviembre de 1975, y que se conservan en el Museo Criminal de Roma. Por extraño que pueda parecernos, jamás se han realizado pruebas de ADN de los restos conservados, a pesar de que al parecer en ellos existen los suficientes restos de sangre como hacer numerosos análisis por completo reveladores. Primero, se descubrió que, la noche del crimen, Passolini estaba citado con un extorsionador que había robado los rollos de 'Saló, los 120 días de Sodoma'. Segundo, aparece un nuevo testimonio, la grabación de un pescador de Ostia recogida por Sergio Citti (cineasta y colaborador de Passolini), que asegura conocer los nombres de dos personas relacionadas al homicidio del 2 de noviembre 1975. Las declaraciones de este pescador se han entregado a los responsables de la justicia italiana para 'animarles' a reabrir la investigación. Tercero, el senador italiano Marcello Dell'Utri , quien en el 2004 había sido acusado de “ser garante de intereses mafiosos” y por lo tanto condenado a pasar 9 años en la cárcel cosa que evitó momentáneamente (actualmente se celebra en Turín el proceso de apelación), debido a ser muy cercano políticamente a Silvio Berlusconi, con quien fundó en 1991, Forza Italia, un movimiento de derecha, este político un siciliano de 68 años que trabajaba como presidente de Publitalia '80 (la compañía de publicidad de Silvio Berlusconi), ha revelado el hallazgo del capitulo perdido de la ultima novela de Passolini relacionada con el petróleo, un texto inédito, mecanografiado, de Passolini, que según se dice fue robado de la casa del cineasta antes de ser asesinado, según el senador del gobernante Partido Pueblo de la Libertad (PDL), fue presentado durante la XXI Exposición del Libro Antiguo de la ciudad italiana de Milán, que se celebró del 12 al 14 de marzo. Dicho texto habla de la empresa paraestatal petrolera ENI. Aunque parezca el guión de una película de Francis Ford Coppola y su clásica saga de El Padrino, la trama de la muerte de Passolini entronca ahora con la lucha de poder entre Enrico Mattei (presidente de Eni) y Eugenio Cefis, su sucesor (presidente de Montedison), dos empresas que controlaban el sector petroquímico italiano. Passolini, antes de morir, estaba investigando el papel que tuvo Cefis en la historia política italiana para su libro 'Petróleo', publicado incompleto en 1992. Según Passolini, muchas fuentes relacionaban a Cefis con tramas internacionales y mafiosas y con el atentado que terminó con la vida de Mattei en 1967. Por su parte el Senador Dell’Utri ya antes se había hecho famoso por sus afinidades fascistas, "Mussolini perdió la guerra porque era demasiado bueno. No era para nada un dictador despiadado y sanguinario como podía ser Stalin. Leyendo sus diarios, día tras días durante cinco años, del 35 al 39, es decir, en la vigilia de la decisión de entrar en un conflicto mundial ya iniciado, le puedo asegurar que encuentro a Mussolini un hombre extraordinario y de gran cultura. Un gran escritor, a la altura de Montanelli, cuyos diarios parecen las crónicas de un enviado especial, con frases breves y adjetivaciones eficaces como raramente he leído", sostiene Dell Utri en la entrevista que ha concedido a una web televisiva. "No fue culpa de Mussolini si el fascismo se convirtió en un régimen horrendo. Hay testimonios escritos del Duce en los que critica a sus hombres que han traicionado el fascismo, construyendo uno a su medida basado en el chantaje y la violencia. Su fascismo (el de Mussolini) era de naturaleza socialista". Este Senador italiano inmediatamente se puso como un sospechoso más de la muerte del controvertido cineasta y activista italiano. Las partes de 'Petróleo' -obra que Passolini no llegó a terminar- fueron publicadas en 1992, 17 años después de su asesinato, por la editorial Einaudi, pero sin las 27 páginas dedicadas a la muerte de Mattei, fallecido en 1962 en un accidente aéreo que en 2005, la Justicia italiana estableció que fue provocado; en la novela inconclusa se narra la historia de Carlo, un ingeniero de la burguesía de Turín que trabaja en Eni y que tiene una doble personalidad, angelical y diabólica--metáfora de la Italia falsa y mentirosa que describía el autor--,pero todo lo político gira alrededor de Enrico Mattei, quien había sido el pilar de la industria petrolera paraestatal italiana y la estaba lanzando a un proyecto geoestratégico de alianza con la naciente China Comunista. Enrico Mattei, empezó a los veinte años de gestión de carrera en una pequeña empresa en la que entró como obrero, luego se trasladó a Milán, donde inicialmente fue un agente de ventas de productos químicos y pinturas Meyer. Treinta años, comenzó un negocio en el sector químico, en el que tuvo un cierto éxito, llegando a ser el proveedor de las Fuerzas Armadas. En 1936 se casó con la bailarina austriaca Margaret Paulas. Fue en los círculos amigos que han dado vida a la corriente demócrata de izquierda. Se unió al Partido Popular Italiano y, posteriormente, se mantuvo comunicación con la zona demócrata del Vaticano. Durante la Segunda Guerra Mundial participó en la Resistencia Anti-fascista como partidario, entre los "blancos" (los relativos a la política católica), que muestra sólo un buen líder y un buen diplomático. Por su formación inicial dio una proyección de un buen administrador de armas, suministros, alimentos, medicinas, útiles y otros artículos, también logró tejer una red de información, en donde participaron varios sacerdotes, por el cual se obtiene la información "fresca" sobre los movimientos del enemigo. Non appena la sua attività cominciò a destare attenzione, assunse il nome di battaglia di "Marconi" e quando le cominciarono ad interessarsi più da vicino alla sua persona, perquisendogli la casa di Matelica, Mattei tornò a Milano dove - dopo un periodo di quiete - si mise a capo di una formazione operante nell'Pavese. -Tan pronto como su logística comenzó a despertar la atención de los fascistas y nazis, tomó el nombre de guerra de "Marconi" y cuando la SS comenzó a relacionarse más con su persona, registraron la bodega central de abastecimientos, pero huyó protegido por sus redes, Mattei regresó a Milán, donde - tras un período de tranquilidad. En 1944, se convirtió en el administrador de Alitalia y presidente de la convergencia izquierda católica. Mientras tanto, obtuvo un diploma en Contaduria y se unió con su hermano en Ciencias Políticas en la Universidad Católica. Inmediatamente después de la guerra Mattei fue encargado por el Estado Italiano para desmantelar el Agip, ente petrolero creado en 1926 por el régimen fascista, 'General Italiana Petroleum Company (Agip), pero en lugar de seguir las instrucciones del Gobierno, reorganizó la compañía que fue refundada en 1953 como ENI, y rediseñó su logo como el perro famoso de Julio Cesar, pero ahora de 6 patas que significaban las 6 divisiones de la empresa, la Liquigas, que se encargaba de la logística de abastecer gas natural a las industrias italianas, de hecho Milán desarrolló su gran industria debido a los bajos costos del energético; luego abrió la División de Petroquímica, para abastecer de fertilizantes baratos al campo y la producción de alimentos, para la auto-suficiencia alimentaria; las otras divisiones fueron Nuovo Pignone, Romsa, Snam, Anic, dedicadas a apoyar por ejemplo a nuevas industrias como las llantas Pirelli,a la industria automotriz, Fiat, Bugatti, Ferrari, Alfa Romeo, Lamborghi, Maserati, a la industria siderúrgica, a la industria nuclear, SoMiREN (Società Minerali Radioattivi Energia Nucleare), por ejemplo Italia estaba consiguiendo tecnología de Inglaterra y uranio enriquecido de la URSS, en fin AGIP-ENI vino a ser fundamental para el desarrollo industrial de Italia. Mattei dio un nuevo impulso a la perforación petrolera en el valle del Po, comenzó a construir una red de tuberías para la explotación de metano, y la abrió a la energía nuclear. Bajo su presidencia ENI inició negocios importantes y concesiones de petróleo en el Oriente Medio y un importante acuerdo comercial con la Unión Soviética y China, las iniciativas que ayudaron a romper el oligopolio cartelizado de las ' Siete Hermanas ', que entonces dominaban la industria mundial del petróleo y que veían con malos ojos el nacionalismo energético de Mattei, mas aun cuando se une en una coinversión con la petrolera estatal de Kadafi, Syrté de Libia. Mattei también introdujo el principio de que los propios países iban a recibir el 75% de los beneficios de la explotación de los depósitos de gas y petróleo, hoy ENI y su asociación con la libia Syrte y la francesa ELF están consideradas como la 6ª corporación multinacional de petróleo, al final Mattei triunfó sobre las Siete Hermanas. Aunque Mattei no participa activamente en la política, estaba cerca de la izquierda demócrata y fue parlamentario de 1948 a 1953. Murió en un misterioso accidente aéreo en 1962. A raíz de nuevas pruebas, en 2005 se estableció que el incidente fue intencional en la naturaleza. Mattei por su trabajo en 1961 fue galardonado con el doctorado honoris causa en ingeniería por la Facultad de Ingeniería (ahora Universidad Politécnica), Universidad de Bari fue recibido también otros títulos honoríficos, la Cruz de Caballero de la obra y la Estrella de Bronce Medalla del Ejército de Estados Unidos (05 de mayo 1945) y la ciudadanía honoraria de la ciudad de Cortemaggiore. Era el 27 de octubre de 1962. Y para un anónimo campesino de Pavia, cerca de Milán, era un día como cualquier otro. De repente escuchó el característico rugir de un avión. Elevó la vista y lo vio. Entonces la nave estalló. Y cayó en llamas en un campo sembrado, a pocos metros de un arroyo. Hizo un pozo de donde sólo sobresalía la cola. En su interior había un cadáver. Nadie supo en un primer momento que el muerto era Enrico Mattei, el influyente presidente del Ente Nacional de Hidrocarburos (ENI). El campesino contó su versión a las autoridades. Con su relato afirmaba la incómoda posibilidad de un atentado y descartaba la hipótesis de un accidente. Fue silenciado con dádivas. Hoy, casi 35 años después, el fiscal de Pavia, Vincenzo Calia, asegura que pronto se conocerá la verdad sobre la misteriosa muerte de Mattei. Calia reabrió el caso el 22 de mayo de 1995 y ordenó exhumar los restos de Mattei. Veinte años antes, la Justicia había cerrado la causa por falta de elementos capaces de demostrar, después de 12 años de investigaciones, la existencia de responsabilidades de terceros en el desastre. Mattei sufrió un atentado. La trágica desaparición del padre de la industria petrolera italiana fue llevada al cine por Francesco Rossi, en el memorable filme El caso Mattei, interpretado por Gian María Volonté. Ante la versión de un atentado contra la vida de Mattei, se mencionó a la mafia siciliana. No hubo pruebas. También se señaló a las siete hermanas, las grandes compañías petroleras estadounidenses, que miraban con poca gracia el empuje de Mattei en el desarrollo de iniciativas de interés nacional en hidrocarburos. Las sospechas alcanzaron también a la Organisation armée secrète u Organización del Ejército Secreto (OAS), creada por colonos franceses en Argelia. Según escribió el diario de Turín La Stampa, los peritos designados por Calia confirmaron la hipótesis de que Mattei sufrió un atentado, se cree que esto fue obra de los fascistas pues hallaron rastros de material explosivo en fragmentos metálicos extraídos de sus restos. Si bien en ambientes de la fiscalía de Pavia aclararon que el análisis pericial aún no está listo, puntualizaron que lo publicado por el diario contiene fragmentos de verdad investigativa. Y si la pericia confirma la tesis del atentado, es probable que la fiscalía dé a conocer los nombres de los presuntos instigadores. De todas formas, la fiscalía desmintió que las últimas investigaciones tengan relación con las declaraciones del mafioso arrepentido Tommaso Buscetta. En noviembre de 1994, Buscetta declaró que la tragedia no se debió a un accidente sino a un atentado cometido por la mafia siciliana para hacer un favor a una familia estadounidense de la Cosa Nostra. Los familiares de Mattei siempre estuvieron convencidos de que éste fue asesinado. Según Angelo Mattei un sobrino, su tío murió cuando estaba a punto de entrevistarse con el presidente John Kennedy para firmar un acuerdo con las petroleras, que habría puesto fin a las guerra de las siete hermanas. Para el periodista italiano Giorgio Pisanó, las noticias sobre la nueva pericia del caso Mattei no son una novedad. Pisanó fue uno de los primeros periodistas en llegar al lugar del accidente del avión de Mattei. ¿Fue Pasolini una víctima de las sombras más oscuras del ejercicio del poder en Italia de los fascistas de la OAS, del P2 de Berlusconi? ¿Lo asesinó la mafia siciliana? ¿Murió el cineasta para acallar sus descubrimientos sobre la muerte de Mattei? ¿Fue víctima brutal el poeta de una conspiración a cuatro bandas: mafia, poder político, poder energético, geopolítica pro árabe con Irán, Irak y Libia para que no se indagara más sobre el caso Mattei? O todo se reduce a lo que nos han contado desde hace años, es decir, a una historia terrible y vulgar de violencia sexual entre maricones en las solitarias cercanías de un playa invernal? ¿O tendrá algo que ver Mario Ferrari Aggradi, Fiscal General para el caso Mattei con el actual Secretario de Economía de Felipe Calderón, Bruno Ferrari? Todo en este asunto se revela de un color negro profundo, con implicaciones con los fascistas, con la CIA, el P2 de Berlusconi y el cartel mas peligroso del mundo, el petrolero de las extintas 7 hermanas, hoy una autentica petrocracia houstoniania y bushiana-straussiana. Economista, Académico, Periodista http://www.razonesdeser.com/vernota.asp?d=...mp;notaid=73384 |
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| Pepin | Publicado el Ayer, 11:23 AM |
| Rockefeller y las siete hermanas John Rockefeller, pese a nacer en el seno de una familia humilde, fue uno de los hombres más ricos y poderosos del planeta E De su mano surgieron las compañías petrolíferas más importantes de la época LaOpinionCoruña.es RAMIRO REIG A CORUÑA El petróleo es la pesadilla de los países desarrollados. A pesar de las campañas para reducir el consumo y de la búsqueda de energías alternativas, la demanda se mantiene constante, incluso va en aumento con la entrada de nuevos países -como China- por las vías de la industrializacion. La oferta, en cambio, no sólo se va agotando, sino que, según los expertos, tiene fecha de caducidad, lo cual lleva a un creciente encarecimiento. Pero esto no siempre fue así. A lo largo de los siglos XIX y XX, el petróleo era un bien abundante y una fuente de riqueza. John D. Rockefeller, uno de los hombres más ricos de su época, amasó su fortuna gracias a él En los tiempos en los que Rockefeller se hizo fabulosamente rico y mandaban en el mundo las siete hermanas, el petróleo fluía de la fuente como el agua, amenazando con hundir los precios. Fue precisamente la percepción de este problema y los drásticos métodos que empleó para solucionarlo lo que le hicieron multimillonario. Para entender lo sucedido es conveniente recordar que el negocio del petróleo pasa por tres fases estrechamente interconectadas, pero que, en los comienzos, funcionaban por separado: la extracción, el refinado y el transporte o distribución. Los extractores o productores eran propietarios de tierra que, como los buscadores de oro, habían descubierto un tesoro bajo el suelo. Habían invertido toda su fortuna en la construcción de los pozos, y querían rentabilizarlos al máximo sacando petróleo sin parar, lo cual llevaba a una caída de los precios. Los refinadores, que actuaban de intermediarios con el mercado, podían regular el flujo poniéndose todos de acuerdo, pero el temor a los comportamientos oportunistas -es decir, a que algún espabilado se descolgara- lo impedía. Y a todo esto se añadía que la última fase, el transporte al punto de destino dependía de las compañías de ferrocarril con un fuerte poder de negociación para imponer las tarifas. La Standard de Rockefeller John D. Rockefeller nació en 1839 en el seno de una familia modesta. El padre, vendedor ambulante, tenía aficiones teatrales, le tiraba la vida bohemia de la farándula y con frecuencia abandonaba a la familia para acompañar a los cómicos de la legua. El contraste entre la irresponsabilidad del padre y la abnegación de la madre marcó el carácter de aquel niño que se convertiría en gran hombre. Era una persona huraña y poco comunicativa, tenía una naturaleza enfermiza (aunque vivió hasta los 92 años) y, fruto de la educación materna, estaba poseído por la pasión del trabajo y del ahorro. Durante toda su vida, incluso cuando ya era la persona más rica de los Estados Unidos, llevó en una pequeña libreta la cuenta detallada, hasta el último céntimo, de sus gastos personales. En fin, un tipo poco recomendable para animar una fiesta, pero normal, de gustos sencillos y vida sobria. Una persona estricta, podríamos decir estrecha, que, como en la historia de Hyde y Jeckill, se trasformaba al entrar en el mundo de los negocios, convirtiéndose en un ser ambicioso, implacable con los rivales y sin escrúpulos ante la ley. Los juicios sobre su actividad empresarial difieren diametralmente. Chandler considera la Standard Oil como el ejemplo perfecto de la corporación industrial moderna por haber sido la primera en integrar las actividades de extracción, producción y distribución. Ida Tarbell, que era hija de uno de los productores atropellados por Rockefeller, nos lo presenta como un monstruo depredador y brutal en su conocido libro The History of Standard Oil. En general, los historiadores reconocen que supo crear un imperio, pero que lo hizo utilizando métodos poco ortodoxos. En este sentido, es la antítesis de Henry Ford, quien, tal vez por ello, le profesaba una especial antipatía. El imperio de Ford se construyó sobre la competencia leal, el de Rockefeller, mediante turbios manejos. En 1863, poco antes de terminar la guerra de Secesión, John Rockefeller tenía 24 años y había conseguido ahorrar, en una empresa de transporte, una cantidad suficiente para invertirla en un nuevo negocio, el del petróleo. Con la ayuda de dos socios construyó una pequeña planta de refino, una más de las veinte o treinta que existían en Cleveland (Ohio), y se dispuso a observar. Se encontró con un mercado caótico en el que los stocks de una oferta excesiva alternaban con estrangulamientos y escaseces provocados por el agotamiento de los pozos, las deficiencias técnicas o la falta de financiación. Rockefeller se dio cuenta de que aquello no podía funcionar hasta que unos pocos refinadores, en lugar de competir entre sí, tuvieran la llave del grifo y pudieran abrirlo y cerrarlo según les conviniera. Para conseguirlo dispuso una estrategia de aniquilación implacable de los rivales que no se avenían a sus propósitos monopolizadores. Negoció con las compañías de ferrocarril para que le otorgaran la preferencia en el transporte y le rebajaran las tarifas a cambio de un flujo constante de mercancías. El castigo o sobreprecio en las tarifas ferroviarias impuesto al resto de refinadores era tan desproporcionado que uno a uno se fueron rindiendo y pasando a manos de la Standard. Llegó entonces el momento de asestar el golpe a los productores. Estos no podían prescindir de la Standard, ya que ahora era la única planta refinadora de la región de Cleveland, pero podían haberle plantado cara si hubieran actuado unidos, porque la Standard necesitaba su petróleo (como veremos más adelante en el caso de la OPEP). Rockefeller les atacó por separado con astucia y violencia. Ida Tarbell cuenta la entrevista que tuvo con su padre: "Vengo a ofrecerle integrarse en mi compañía. Si lo desea, será recompensado. Sino le arruinaré en seis meses". El que no aceptaba la invitación no solía durar ni los seis meses prometidos, porque no podía dar salida a su producción. Un grupo de productores intentó desafiarle construyendo un piper-line para enviar el petróleo en bruto al puerto de Nueva York, donde la compañía holandesa Royal-Dutch se encargaría de refinarlo y exportarlo. De haberlo conseguido, la Standard se hubiera visto cogida por la espalda. Pero Rockefeller recurrió a la extorsión y el soborno de jueces y gobernadores. El piper-line fue declarado ilegal sin ningún fundamento jurídico, y la propia Guardia Nacional fue la encargada de cortarlo. Lo más gracioso del caso es que además se lo apropió la Standard. Desde luego, tiene razón Chandler al afirmar que la Standard fue un modelo de integración corporativa, aunque no parece que sea un ejemplo de honestidad. Una vez hubo controlado las dos primeras regiones petrolíferas (Ohio y Pennsilvania), la Standard se lanzó a acaparar cuanto petróleo surgía en el resto del país, que fue mucho. No insistiremos en la forma de conseguirlo, pues no varió en nada: acorralar y hacer la vida imposible a los competidores hasta que se rendían, y sobornar a las autoridades para que toleraran sus prácticas ilegales. Por ejemplo, acusada de prácticas monopolistas, la Standard se hacía llamar en cada Estado de manera distinta (Standard de Nueva York, de Nueva Jersey, de California, etc.) y los jueces, convenientemente aleccionados y lubrificados, afirmaban que eran compañías distintas. En 1890, veinte años después de su creación, la Standard controlaba el 85% del petróleo del país y exportaba más de la mitad. Tan sólo un lugar se le resistió: Texas. Dos compañías, Gulf y Texaco, salieron indemnes del ataque. Gulf pertenecía a una riquísima e influyente familia de banqueros, los Mellon (uno de ellos fue secretario del Tesoro en dos legislaturas) que prefirieron perder dinero mientras sufrían el asedio antes que ceder. Texaco agrupó a los productores independientes. Ambas ocuparán un lugar entre las siete grandes. En 1899, al cumplir los cincuenta años, John D. Rockefeller decidió retirarse de la gestión directa de la Standard. Dividió su inmensa fortuna, valorada en 700 millones de dólares, asignando la mitad a una fundación filantrópica y cultural. Su único hijo varón, John Rockefeller Jr., aunque continuó como accionista y alto cargo de la Standard, se alejó cuanto pudo de los asuntos petrolíferos y se dedicó a administrar la Fundación benéfico cultural a la que se debe la creación de la Universidad de Chicago y el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el MOMA, uno de los mejores del mundo. La fortuna familiar se canalizó por múltiples inversiones, entre otras, la compra del Chase National Bank, más tarde Manhattan Chase. En 1911, después de un larguísimo pleito, la Standard fue obligada a dividirse en 34 compañías independientes. Las siete hermanas Tres de las 34 empresas, la Standard de Nueva Jersey (Exxon), la de Nueva York (Mobil) y la de California (Socal o Chevron) siguieron desempeñando un papel decisivo en el mundo del petróleo, cuando pasaron a formar parte de las siete hermanas. Los treinta primeros años del petróleo (1870-1900) fueron americanos o, mejor dicho, de la Standard Oil. En Europa no había yacimientos ni tampoco preocupaba demasiado la cuestión. La utilización del keroseno y de otros derivados del petróleo estaba muy extendida en los Estados Unidos para resolver los problemas de iluminación y calefacción de una población muy dispersa, mientras que en Europa, con una población más concentrada, se utilizaban preferentemente instalaciones y redes de gas. Algunos inversores avispados (la banca Rothschild) habían adquirido concesiones en unos pozos recién descubiertos en la región del Cáucaso, en previsión de lo que pudiera ocurrir, pero los mantenían sin explotar. La apatía dio paso a un moderado interés a principios de siglo, cuando se comprobó que el petróleo era el combustible ideal para un nuevo tipo de motores, los motores de explosión, a los que se auguraba un futuro prometedor. Un rico comerciante inglés, que poseía una flota de barcos para el comercio con el lejano oriente, adquirió las concesiones del Cáucaso y creó la compañía petrolífera Shell. Por el mismo tiempo, un grupo de comerciantes holandeses encontraron petróleo en una isla de Borneo, perteneciente a Holanda, y crearon la compañía Royal Dutch. Como es de suponer, a la Standard, que exportaba un 50% de su producción, no le sentó nada bien el nacimiento de estas compañías, que, a través del Canal de Suez, podían controlar el abastecimiento de Europa y Asia. La compañía americana lanzó un tremendo ataque, y, para defenderse, las dos europeas se unieron creando la Royal-Dutch Shell. Estos hechos ocurrieron cuando ya se mascaba en el aire el enfrentamiento entre Gran Bretaña y Alemania que posteriormente desembocaría en la Primera Guerra Mundial. El lord del Almirantazgo británico, Winston Churchill -que luego sería primer ministro durante la Segunda Guerra Mundial-, intuyó que el petróleo podía ser un arma decisiva como combustible de los barcos, pero no se fiaba de la Royal-Dutch Shell por el peso que en ella tenían los holandeses. Para asegurar el abastecimiento de la marina se creó la Anglo-Persian Company (luego British Petroleum, BP), con un 50% de capital del Estado y teniendo como base los fabulosos yacimientos que se habían encontrado en Persia. Resumiendo el panorama: al comenzar la guerra del 14 se encontraban ya preparadas y en orden de combate las siete compañías que iban a protagonizar la historia del petróleo. Eran éstas: tres hijas de la Standard (Exxon, Mobil y Chevron), dos tejanas (Gulf y Texaco), una británica (Anglo-Persian, BP) y una anglo-holandesa (Royal-Dutch Shell). Un par de cuestiones atraerán nuestra atención: la formación de un cerrado oligopolio entre ellas y las implicaciones políticas del mismo. Las compañías norteamericanas disponían de pozos propios en su país, mientras que las europeas tenían que abastecerse de los pozos del extremo y Oriente Medio. Éste es un hecho importante a tener en cuenta. Cuando creciera la demanda y el petróleo americano no fuera suficiente, el control político de esas zonas sería de vital importancia. El pacto de Acnakarry La guerra del 14, en la que se utilizaron por primera vez vehículos blindados, submarinos y monoplanos alimentados con gasolina o diésel, supuso un incremento notable de la demanda. Al terminar, en 1918, las compañías se encontraron con un exceso de capacidad productiva que provocó una caída momentánea de los precios, pero la creciente difusión del uso del automóvil volvió a disparar la demanda. Como había ocurrido en los tiempos de Rockefeller, la lucha encarnizada entre las compañías, unida al caudal incesante de petróleo en bruto que salía de sus pozos, les llevaba a una competencia a la baja que amenazaba con destruirlas. A todo esto hay que añadir que algunos gobiernos europeos crearon compañías estatales de refino (ENP, luego Agip, en Italia; CPF, luego Total, en Francia; Campsa, luego Repsol, en España) que no disponían de pozos y buscaban ansiosamente quien les surtiera al precio más bajo posible. El escenario estaba preparado para que las compañías se enfrentaran por el control de las regiones petrolíferas. Una consecuencia de la guerra, de gran trascendencia para el futuro fue el hundimiento del imperio otomano, que se extendía por todo el medio Oriente, desde Egipto hasta Irak, y era el lugar de mayor riqueza petrolífera del mundo. El sultán turco, llevado de la tradicional enemistad con Rusia, se había puesto de parte de Alemania y en contra de Gran Bretaña. Durante el transcurso de la guerra, el Gobierno británico fomentó la rebelión de las tribus árabes contra el sultán, donde jugó un papel destacado el peliculero Lawrence de Arabia, que les prometió la independencia. Y cumplió su palabra al estilo británico, es decir, creando estados títeres y protectorados, y asegurándose el control de los recursos. Esto trajo como consecuencia que las compañías petrolíferas de la órbita británica, la Anglo Persian (BP) y la Shell, se encontraran con una formidable base para plantar cara a las compañías americanas. Pero el enfrentamiento no se produjo. Lo que había llevado a cabo Rockefeller en 1870, eliminar a los competidores arruinándolos, era demasiado arriesgado, por no decir imposible, en 1920 y a escala mundial. En lugar de esto, las siete grandes compañías se reunieron en 1927 en el castillo de Acnakarry (Escocia) y llegaron a unos acuerdos para regular el mercado en su propio y exclusivo beneficio: 1) Se repartieron la región del Oriente Medio, Irán para los británicos, Arabia Saudí para los americanos. 2) Se comprometieron a aumentar la producción conjuntamente y de forma proporcional a las disponibilidades de cada compañía. 3) Establecieron unos precios de referencia a respetar por todos. Estos acuerdos, que blindaban el cerrado oligopolio del petróleo, no siempre fueron cumplidos por los siete firmantes, pero se aplicaron de forma inflexible a los de fuera, cortando de raíz cualquier conato de desobediencia. Así, Campsa, que para su creación había expropiado los puestos de distribución de Shell en España, fue castigada a no recibir suministro de ninguno de los siete y tuvo que buscarlo en la Rusia comunista. Con gran pesar, por cierto, del ministro español Calvo Sotelo, creador de Campsa, y del presidente de la Shell, Dieterlee, ambos fervientes anticomunistas. Pero business is business. Dieterlee -al lado del cual Rockefeller era una hermana de la caridad- se tomó como una ofensa personal que el Gobierno de Primo de Rivera encontrara una salida al problema de abastecimiento, y maniobró en las bolsas internacionales para hundir la peseta. Como Primo de Rivera presumía de haber conseguido la paridad oro de la peseta, los ataques a la baja, provocados por los agentes secretos de Dieterlee, debilitaron enormemente su posición política. Más grave que el desplante español fue la rebelión mejicana, ya que, en este caso, no se trataba de quedarse con unas cuantas gasolineras, sino de la expropiacion por parte del Gobierno de todos los pozos propiedad de la Standard. El presidente Cárdenas, movido sobre todo por los abusos que sufrían los trabajadores, decidió nacionalizar la producción creando la Petrolera Mexicana, Pemex. Su intención era negociar con otras compañías unas condiciones más favorables de venta del crudo, pero las siete grandes se unieron declarándole el boicot. Como Pemex no tenía plantas de refinado ni una posición en el mercado, tuvo que vender a pequeños compradores -España entre ellos-, que no podían absorber toda su producción. Cuando ya estaba arruinada, las compañías americanas entraron como socios. Había quedado suficientemente claro que las siete hermanas no permitían bromas con su autoridad. Pero aún tenían que demostrar que estaban dispuestas a todo. En 1951, una revolución dirigida por el general Mossadecq destronó al sha de Persia y nacionalizó los pozos de la Anglo Persian (BP). La respuesta fue inmediata y contundente. La CIA preparó el terreno sobornando a unos cuantos militares y, cuando estos se alzaron contra Mossadecq, el Ejército británico intervino en su apoyo. El sha fue depuesto en el trono, y los antiguos dueños en los sillones de la Anglo-Persian. El asunto más tenebroso en el que presuntamente se vieron implicadas las siete hermanas fue el célebre caso Mattei. Como antes se ha indicado, algunos países que habían llegado tarde al reparto del botín crearon compañías petrolíferas nacionales. Al carecer de pozos propios debían plegarse a las exigencias de las siete grandes. En España, el INI tuvo que pactar con la Shell el suministro de petróleo bruto para la refinería de Escombreras. En Italia, el presidente del ENI, Enrico Mattei, una persona singular, idealista y audaz, estaba empeñado en conseguir la independencia energética de Italia. El descubrimiento de unos ricos yacimientos de gas metano en el Valle del Po dio fuerza a la compañía, y Mattei, rompiendo el cerco de las siete hermanas, se lanzó a negociar directamente con países del norte de África donde las prospecciones auguraban bolsas importantes de gas y petróleo. Les ofrecía acuerdos al 50%, cuando las grandes compañías estaban pagando el 10% a los países del Oriente medio, y no ocultaba la vertiente política de sus planes. La suficiencia energética permitiría a Italia liberarse de la asfixiante tutela política de los Estados Unidos, y a los países que luchaban por la independencia les daría respaldo económico. Ni las siete hermanas ni el Departamento de Estado americano podían consentir que un buen señor rompiera las reglas del juego. El hecho es que, cuando Mattei volaba hacia Libia para firmar un acuerdo, el avión estalló en el aire. Como dicen los detectives, ¿qui prodest? ¿a quién le venía bien la muerte de Mattei? La rebelión de la OPEP Los años 60 fueron un tiempo de consumo de petróleo a manos llenas. Coches de gran cilindrada, autopistas, gasolineras por todas partes y combustible barato demandado insaciablemente y consumido hasta el despilfarro. Fue una época dorada para las compañías en la que obtuvieron ganancias fabulosas. Pero los años 60 fueron también los de la descolonización, la independencia de Argelia, la formación de los estados africanos, la aparición de grandes líderes en los países del Tercer Mundo (Nasser, el Che, Lumumba...), la toma de conciencia antiimperialista... Estos hechos, decisivos para la historia contemporánea, tuvieron una importante repercusión en el mundo del petróleo. Para algunos países, liberados de la tutela política, la presencia de las compañías petrolíferas aparecía como un signo ignominioso de su dependencia económica. Las concesiones habían sido adquiridas en otros tiempos a un precio irrisorio que contrastaba insultantemente con los fastuosos beneficios que las empresas obtenían. De aquí que la primera reivindicación de los países propietarios de pozos fuera participar en los beneficios. Las compañías, que nadaban en la abundancia, cedieron a sus modestas peticiones y acordaron la cesión de un 20% de los beneficios obtenidos de los pozos. A principios de los 70, las tensiones entre las compañías y los países productores, que se habían unido en una asociación, la OPEP, subieron de tono. La OPEP reclamó una participación en los beneficios del 50%, amenazando con reducir la producción si no se le concedía. Las compañías no hicieron el menor caso, pensando que las amenazas eran una bravata y que, llegado el caso, bastaba que algún país se descolgara para echarlo todo a rodar. Sorprendentemente, la unidad se reforzó debido a una provocación política. La agresión de Israel a Egipto indignó tanto a los países árabes que decidieron realizar un boicot de venta de crudo al que, por primera vez, se unieron todos los países productores. El éxito de la operación demostró el poder de la OPEP y animó a sus integrantes a pasar a una acción más firme y ofensiva. A partir de 1973 y hasta 1980, con algunos altibajos, los países productores se mantuvieron unidos en la decisión de racionar la oferta de petróleo en bruto con vistas a encarecer los precios de venta. El precio del barril en bruto pasó de 5 dólares a 30. El mango de la sartén había cambiado de manos. Ahora eran los países suministradores, y no las compañías, las que tenían la llave del grifo. El agotamiento de los recursos Los países industrializados, después de pasar por una severa crisis, reaccionaron con políticas de ahorro energético (coches más pequeños y normativas restrictivas, entre otras) y la búsqueda de alternativas. A este hecho se unió el hallazgo de nuevos yacimientos petrolíferos -en el mar del Norte, Alaska, golfos de Guinea y Méjico- al margen de la disciplina de la OPEP, que tampoco era mucha, ya que algunos países comenzaron a descolgarse de los acuerdos y a producir por encima de lo marcado. A finales de los 80, el precio del barril había bajado a la mitad (15 dólares), y en la década de los 90 se estabilizó en torno a los 20 dólares. Parecía haberse alcanzado un equilibro entre consumidores y productores, pero era una apariencia falsa. La entrada de nuevos países por la vía de una industrialización acelerada ha multiplicado la demanda, precisamente en un momento en que se ha hecho evidente lo que ya se sabía, pero no se quería ver, que la oferta de petróleo es finita y está en trance de agotarse. Las restricciones en la oferta, que recientemente empujaron el precio del barril por encima de los 100 dólares (aunque en este momento ha vuelto a bajar prácticamente a la mitad), algo impensable hace unos años, pueden deberse a presiones especulativas, pero son inevitables. Las grandes compañías pugnan por asegurarse el aprovisionamiento y lanzan las campanas al vuelo cuando descubren nuevos yacimientos, pero el problema subsiste y es insoslayable. Ya no es cuestión de ver quién gana, sino de ponerse de acuerdo para administrar racionalmente los recursos, algo que no puede conseguirse sin cambiar la cultura del consumo ilimitado. http://www.laopinioncoruna.es/secciones/no...-siete-hermanas |
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| Francisco Alegre | Publicado el Sep 7 2010, 05:21 PM |
| PRISA obtiene un resultado de explotación de 420 millones entre enero y agosto El beneficio neto del grupo aumenta un 54% con respecto al mismo periodo de 2009 con 97 millones EL PAÍS Madrid ELPAIS.com Economía 07-09-2010 El grupo PRISA, editor de EL PAÍS, ha logrado un resultado de explotación (EBITDA, beneficios antes de impuestos, amortizaciones e intereses) de 420 millones en los ocho primeros meses del año y ha obtenido un beneficio neto de 97 millones, un 54% más con respecto al mismo periodo de 2009. El EBIT (resultado antes de impuestos e intereses) se ha situado en 285 millones de euros. Según ha informado PRISA en un comunicado, el grupo ha facturado 2.064 millones de euros frente a 2.182 millones obtenidos en el mismo período del ejercicio anterior. De no haber sido por el cambio en el modelo de explotación del fútbol, los ingresos habrían crecido un 0,4%. Por negocios, Audiovisual representa el 52,5% de los ingresos, Educación (21,8%), Prensa (12,7%) y Radio (12,2%). En los primeros ocho meses de 2010, un 25% de los ingresos ha procedido del área internacional. Por países, destaca la contribución de Brasil y Portugal (45% del total). En su conjunto el área internacional mantiene un ritmo de crecimiento importante, registrando un aumento de ingresos del 7,0%. División audiovisual El área Audiovisual ha facturado 1.083 millones de euros y obtiene un EBITDA de 191 millones, con un margen del 17,6%. Digital+ obtiene un EBITDA de 189 millones de euros y continúa mejorando sus tasas de cancelación. El mes de agosto es el quinto mes consecutivo que muestra una disminución de cancelaciones respecto al mismo periodo del año anterior. Durante este periodo se han cerrado acuerdos con Jazztel, Telecable y Orange para la distribución de contenidos y continúan las conversaciones para cerrar con el resto de operadores. La base de abonados de Digital + se sitúa a 31 de agosto de 2010 en 1.760.320 abonados. El ingreso medio por abonado (ARPU) se mantiene en 41,7 euros por abonado medio y mes. Canal+ liga ha alcanzado 800.000 abonados. Cuatro ha continuado con un comportamiento positivo durante los primeros ocho meses del ejercicio 2010, acabando el mes de agosto con una audiencia media del 7,2% en 24 horas y 7,5% en prime time, la franja horaria de mayor audiencia. También fortalece su posicionamiento en los perfiles más interesantes para los anunciantes, alcanzando un 9,4% y un 10,2% de audiencia en los targets comercial y core target, respectivamente. Cuatro acumula un EBITDA negativo a Agosto de 21 millones de euros como consecuencia fundamentalmente de la explotación del Mundial de Fútbol. TVI, la cadena de televisión en abierto de Media Capital, mantiene su liderazgo en Portugal, tanto en audiencia 24 horas como en prime time. Durante los primeros ocho meses de 2010, TVI ha registrado un 33,9% de audiencia media y un 39,2% en prime time. Mantiene el beneficio en todas sus áreas de negocio El negocio de Educación continúa mostrando su fortaleza. Santillana ha mejorado sus ingresos un 2,7% hasta los 450 millones de euros y su EBITDA alcanza los 149 millones de euros. Destaca el crecimiento en Brasil (+37%), Perú (+22%), México (+17%) y Colombia (+14%). La Radio ha aumentado su facturación un 7,6% hasta alcanzar los 253 millones de euros, con un incremento del 16,3% de su EBITDA y una mejora significativa de márgenes (23,3% versus 21,5%). La radio internacional ha facturado un 33,5% más y sus ingresos publicitarios han mejorado un 36.9%. El área de Prensa ha facturado 263 millones de euros incrementando su EBITDA un 4,3% con una mejora de márgenes (10,1% versus 9,4%). EL PAÍS ha facturado178 millones de euros, ha obtenido un EBITDA de 18 millones de euros (con un margen de EBITDA del 10%) y su beneficio neto ha alcanzado los 8 millones. EL PAÍS continúa siendo uno de los pocos periódicos de referencia en el mundo que obtiene beneficios, revalidando su liderazgo absoluto entre la prensa de pago en España y elevando la distancia sobre su más directo competidor. AS consigue ingresos de 57 millones de euros (+22,6%), un EBITDA de 9 millones (+55,8%), y aumenta los ingresos publicitarios un 73,3%. 45,95 millones de usuarios únicos En el área Digital, los ingresos publicitarios se incrementan un 38,1%. El grupo alcanza 45,95 millones de usuarios únicos mensuales de media (+24,4%). Destaca el crecimiento de As.com (+41,2%), ELPAIS.com (+10,5%), donde aproximadamente el 30% de los usuarios únicos son internacionales, Los40.com (+21,6%) y Cuatro.com (16,6%) y Media Capital (+14,8%). La publicidad del grupo crece un 9,1% hasta alcanzar los 608 millones de euros. Destacan los crecimientos en el negocio Audiovisual (+14,9%), en la Radio (+9,7%) y en la Prensa (+3,1%). Según añade la nota, los gastos por intereses de financiación disminuyen un 34,8%. Además, recuerda que con fecha 19 de Agosto de 2010, el grupo PRISA remitió a la Comisión del Mercado de Valores de EE UU (SEC por sus siglas en inglés) el formulario de registro F-4 con las últimas modificaciones introducidas en el acuerdo con Liberty Acquisition Holdings Corp. (LIBERTY). Su contenido está disponible en las páginas webs de la SEC y de PRISA . http://www.elpais.com/articulo/economia/PR...elpepueco_8/Tes Beneficios antes de impuestos, amortizaciones e intereses. Computando los meses de enero a agosto. Claro y si computan los ingresos unicamente todavia ganaran mas. A ver el beneficio que declaran en el Impuesto de Sociedades; ajustes extracontables incluidos. |
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| Pepin | Publicado el Sep 7 2010, 06:54 AM |
| "No me acuerdo si yo tenía ingresos, los temas económicos los lleva mi marido" JOSE A. HERNÁNDEZ Madrid EL PAÍS España 07-09-2010 Rosalía Iglesias Villar, esposa de Luis Bárcenas, ex tesorero del PP, fue imputada en el caso Gürtel porque se descubrió una cuenta corriente a su nombre con un millón de euros pese a que carecía de ingresos. La investigación también encontró su nombre en una promoción residencial de Majadahonda financiada con fondos de sociedades que la trama Gürtel tenía en el extranjero. Tras su declaración, el juez le retiró la imputación. Lo que sigue es un amplio resumen del interrogatorio: Fiscal. ¿Qué ingresos tenía en 2002 y 2003? Rosalía Iglesias. Eh..., vamos a ver, yo ingresos en el año 2002, 2003, no me acuerdo si tenía algún ingreso porque todos los temas económicos relacionados con nuestro patrimonio, con nuestro..., vamos, nuestro..., todos los temas económicos los lleva mi marido y..., no sé si en el año 2002, 2003 yo tenía alguna fuente de ingresos, eh..., no, no lo sé. F. No... ¿tenía algún trabajo remunerado? R. I. No, vamos a ver, no..., yo tenía un taller de restauración y tengo un taller de restauración, pero bueno, es un tema..., somos varias socias, y bueno, pues funcionamos un poco a nivel de amistad, a nivel particular y no..., no como grandes empresarias, ni nada por el estilo, con lo cual no sé si tenía algún ingreso, estaba en función del trabajo que podía realizar en ese momento, mayor o menor, en función del número de muebles que podía restaurar. F. Las declaraciones tributarias que usted presentó por esos dos años en el Impuesto sobre la Renta, ¿las presentó conjuntamente con su esposo? R. I. Es que..., no lo sé, vamos a ver, las declaraciones como le he dicho antes, todos los temas económicos los lleva y los ha llevado siempre mi marido, en el que confío plenamente (...) yo no he hecho nunca ninguna declaración..., de renta, ni nada de eso, siempre esos temas los ha llevado él, me imagino que con..., vamos me imagino no, con el asesor (...) Yo los temas económicos nunca los he llevado, ni los llevo, ni los llevaré nunca..., mi marido posee los conocimientos adecuados para hacerlo y yo ni los tengo ni tengo ningún interés en hacer una declaración de la renta porque sé que lo puede hacer mucho mejor que yo. F. Usted lo que hacía era firmarlo entonces, cuando ya estaba terminada. R. I. Sí. F. ¿Usted recuerda en esos años haber manejado o haber sacado del banco, o haber hecho ingresos en cantidades importantes en efectivo? R. I. No. F. ¿Usted recuerda que compraran en el año 2002 unos inmuebles en Marbella? R. I. No me acuerdo del año, pero sí que tenemos una casa en Marbella, eh..., pues no sé si era el año 2002, no me acuerdo el año, pero estamos en el 2010, bueno, pues aproximadamente puede ser eso y nosotros llevábamos ya 10 años viviendo en otra casa que teníamos ahí en Marbella, en Golden Beach, que es la que vendemos, y esa casa además está a mi nombre. F. ¿Cómo pagaron esos inmuebles que compraron en Marbella? R. I. Pues la casa de Guadalmina la compramos pues con la venta de Golden Beach, de la otra casa, y luego con un dinero que..., eso sí que mi marido, en un momento determinado, porque era una cantidad importante y era, pues en fin, algo..., algo fuera de lo cotidiano, me explico con la venta de unas acciones de Endesa. F. ¿Usted conoce a Francisco Correa? R. I. Sí, claro que le conozco, le conozco porque es una persona que ha estado durante muchos años ligada al PP, con lo cual he coincidido, no sé si muchas, en varias ocasiones con él en cenas, con más gente, y en determinados eventos que él organizaba. F. ¿Cuándo le conoció? R. I. Ay, ni idea, no sé, hace muchísimos años. F. ¿Recuerda haber tenido participación en un proyecto inmobiliario en Majadahonda? R. I. Absolutamente ninguna, lo digo con esa rotundidad, porque como he visto en el periódico tantas cosas pues..., aunque yo, insisto, todos estos temas ni los he llevado, ni los voy a llevar, porque no me... no es un tema para..., en fin, a mí me gustan otro tipo de cosas, cuando he visto eso..., estoy tan sorprendida, pero como de tantas otras cosas, o sea, no, no tengo absolutamente ninguna participación en ese sitio, en Pozuelo o en Majadahonda. F. ¿Si ustedes hubieran hecho conjuntamente alguna participación apalabrada por su esposo, lo que sí podría ser, como ha manifestado en relación con las declaraciones tributarias y con el manejo de las cuentas bancarias, es que fuera un proyecto, una participación que hubiera hecho él y en el que se hubiera consignado su nombre? R. I. No lo sé, yo me imagino que no, porque si hay algo que hubiera estado a mi nombre me lo hubiera dicho, claro... F. Usted recuerda haber entregado una cantidad de... 150..., 20, equivalen..., el equivalente a 25 millones de pesetas, para participar en una, en algún tipo de..., promoción... R. I. Mire, yo no he tenido 25 millones de pesetas en mi mano nunca, se lo puedo garantizar, o sea, y le agradezco que me lo diga en pesetas, porque si no, no sé de qué cantidad estamos hablando, no, no he entregado jamás a nadie esa cantidad de dinero. F. Ni ha percibido beneficio alguno derivado de ninguna operación inmobiliaria... R. I. ¿Qué a mí alguien me haya dado dinero?, por supuesto que no. F. Usted directamente no. R. I. No, no, por supuesto. Asociación de Abogados Demócratas (Adade). En el informe de la policía, de la Agencia Tributaria, que obra en las actuaciones, página 14, se dice que tiene usted una cuenta en Caja Madrid, sucursal de Príncipe de Vergara, 32, ¿eso es cierto? R. I. Mire, según consejo de mis abogados no voy a responder a ninguna pregunta. Juez. ¿A ninguno de los restantes letrados tampoco? R. I. No, según el consejo de mis abogados, no señoría, no voy a contestar a ninguna. http://www.elpais.com/articulo/espana/acue...lpepinac_14/Tes |
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| Katharina Von Strauger | Publicado el Sep 2 2010, 09:29 AM |
Terror y economía LORETTA NAPOLEONI EL PAÍS Opinión - 2-09-2010 Estados Unidos acaba de solemnizar el regreso a casa de sus tropas de combate en Irak. Dejan atrás una democracia sin gobierno y una nación étnicamente dividida. Entretanto, en Afganistán el Ejército talibán continúa avanzando y Osama Bin Laden sigue huido. Washington y sus más fieles aliados no solo no han ganado la guerra contra el terror sino que además están en quiebra. Asolados por deudas insoportables y víctimas de la peor recesión existente desde 1929, esos países temen que las agencias de calificación rebajen la categoría de sus economías. ¿Existe una relación entre ambos hechos? Para contestar a eso tendremos que reconsiderar la idea de Osama Bin Laden, tomada por absurda, de que el 11-S infligiría una herida mortal a la economía de Estados Unidos. Aunque el ataque supuso un daño insignificante para Wall Street, la respuesta de la Administración Bush puso en marcha una cadena de acontecimientos negativos. La Patriot Act, introducida pocas semanas después de la destrucción de las Torres Gemelas, no consiguió frenar la financiación terrorista sino que provocó una masiva huida del dólar: por miedo a ser perseguidos, los inversores musulmanes repatriaron inversiones por un valor aproximado de un billón de dólares; para evitar la vigilancia de las autoridades monetarias norteamericanas, la banca internacional sugirió a sus clientes cambiar a inversiones en euros en lugar de en dólares; finalmente, las organizaciones criminales y terroristas trasladaron sus actividades de lavado de dinero de Estados Unidos a Europa. Ya desde diciembre de 2001 estos hechos provocaron un retroceso de la demanda de dólares, haciendo bajar así el valor del billete verde. En 1993, Dick Cheney había puesto claramente de manifiesto el deseo de los neocon de relanzar la hegemonía mundial estadounidense. Irónicamente, la guerra contra el terror representó esa oportunidad tan largamente codiciada. En consecuencia, era necesario un cambio de régimen en Irak para asegurarse una base amiga en el corazón de una región estratégicamente importante. Con el fin de recaudar fondos con los que financiar una aventura militar tan ambiciosa, la Administración Bush acudió al mercado internacional de capitales y en pocos años vendió bonos del Tesoro por valor de 4.000 millones de dólares. Para que la deuda de Estados Unidos fuera competitiva, la Reserva Federal redujo drásticamente los tipos de interés, que cayeron del 6% en vísperas del 11-S al 1,2% a comienzos del verano de 2003, cuando Washington creyó que había ganado la guerra en Irak. El presidente de laFed, Alan Greenspan, continuó con esta estrategia incluso cuando la economía mundial estaba creciendo demasiado deprisa y en realidad necesitaba establecer tipos más altos para prevenir la formación de burbujas financieras. Durante más de una década se ha empleado la bajada de los tipos de interés como instrumento para contrarrestar las crisis recurrentes de la globalización -como la del rublo y la crisis asiática- y la pequeña recesión desencadenada en el mundo occidental por el 11-S. Hoy sabemos que esa política en realidad no ha resuelto nunca los problemas subyacentes, sino que los ha ocultado hasta la crisis siguiente. Si la Casa Blanca y la Reserva Federal hubieran prestado atención a las señales de una economía global sobrecalentada -el boom del mercado inmobiliario y el creciente endeudamiento de los años noventa-, las cosas habrían sido diferentes y posiblemente el mundo habría evitado la grave crisis económica en la que se encuentra. La brusca caída de los tipos de interés norteamericanos y mundiales entre 2001 y 2003 creó las condiciones ideales para la extensión de la crisis de las hipotecas subprime y la titulización de malas deudas, génesis de la restricción crediticia. Esa política también precipitó la bancarrota de Islandia, un país que acumuló una deuda de 12 veces el volumen de su PIB, y la crisis de solvencia de Grecia. En ambas circunstancias, gigantes de Wall Street tales como Goldman Sachs y JP Morgan Chase se aprovecharon de los menguantes tipos de interés para dejar que países, compañías y personas vivieran por encima de sus posibilidades. Naturalmente, durante el proceso, se embolsaron grandes cantidades de dinero. La obsesión de Washington por una intervención militar impidió también la formulación de una política efectiva para frustrar la financiación del terrorismo, que nadie consideró nunca como una prioridad real. Los países europeos, que tenían una larga experiencia en antiterrorismo, consintieron ese desvarío. Incluso no pudieron alcanzar un acuerdo sobre la regulación de los paraísos fiscales hasta que la recesión contrajo los ingresos por impuestos, lo que indujo a los ministros de Finanzas a perseguir a los evasores fiscales. Así es cómo los europeos supieron que desde el 11-S su continente se había convertido en el epicentro global del lavado de dinero, gracias principalmente a diversas joint ventures entre el crimen organizado italiano y los magnates de la cocaína de América Latina. El mundo ha cambiado drásticamente mientras Estados Unidos hacía su guerra contra el terror: Occidente gastó un dinero que no tenía luchando en una guerra que no tenía nada que ver con llevar a Osama Bin Laden ante la justicia; para sustentarla, Estados Unidos alimentó una masiva burbuja financiera que finalmente estalló; desde América Latina, el narconegocio llegó a Europa vía África occidental gracias también a la novedosa colaboración con organizaciones armadas tales como Al Qaeda del Magreb; y los talibanes han llamado exitosamente a las puertas del comercio de la heroína utilizándolo para financiar su guerra contra las fuerzas de la coalición. La oculta interdependencia entre terrorismo y economía va bastante más allá de la restricción del crédito, de la recesión y de la crisis del euro. Desde el 11-S ha ido extendiendo las fronteras de un mundo en la sombra que amenaza con reemplazar al nuestro si no nos desprendemos del legado de la guerra contra el terror. Traer a las tropas a casa no es suficiente; debemos centrar la atención en el verdadero objetivo de esta guerra, en la cuerda de salvamento del terrorismo: el dinero. http://www.elpais.com/articulo/opinion/Ter...elpepiopi_4/Tes |
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| Indalecio | Publicado el Aug 31 2010, 10:05 AM |
| "No soy un Don Quijote, porque mis molinos de viento son reales" BARBARA CELIS Cambridge (Massachusetts) EL PAÍS Cultura 02-03-2009 Lingüista revolucionario, activista tenaz y sempiterno idealista. Noam Chomsky (Filadelfia, 1928) es uno de los intelectuales estadounidenses más conocidos y mejor valorados fuera de su país. Pero en EE UU sólo quienes están vinculados a los círculos políticos de izquierdas no descafeinadas saben su nombre. A él no le sorprende: por algo es el autor de libros como Los guardianes de la libertad. En él, junto a Edward Herman, desmenuzó en los ochenta el modelo de propaganda que impera en los grandes medios de comunicación estadounidenses, analizando cómo y por qué determinadas informaciones y opiniones -como la suya- se silencian sistemáticamente. Ahora, cuando acaba de cumplir 80 años, coinciden en las librerías españolas un libro suyo, Sobre el anarquismo (Laetoli) y Entrevista a Noam Chomsky, de Vicenç Navarro (Anagrama). Anarquista declarado y tan optimista como para seguir apostando por un futuro donde el socialismo libertario vuelva a hacerse realidad, como ocurrió durante la Guerra Civil española, aún ocupa un despacho en el MIT (Massachusetts Institute of Technology), donde ha sido profesor de lingüística desde los años cincuenta. Oficialmente se jubiló a principios del siglo XXI, pero sigue acudiendo a diario al edificio de formas sinuosas y colores chillones diseñado por Frank Gehry que alberga el departamento de filosofía y lingüística del MIT en Cambridge (Massachusetts). Se diría que su luminosa estancia, llena de libros y presidida por una enorme foto de Bertrand Russell, es su segunda casa. La otra parte de su vida, la de activista político, tampoco apunta hacia la jubilación. Tras haber publicado decenas de libros, la mayoría para criticar la política exterior estadounidense Chomsky sigue escribiendo y recorriendo el mundo dando conferencias. La nula respuesta de Obama a la invasión israelí de Gaza, la lluvia de millones para salvar a los bancos de su país o el resultado de las recientes elecciones estadounidenses son temas que siguen haciendo pensar a este octogenario sereno, que no aparenta su edad y que recibe a EL PAÍS en vaqueros y zapatillas deportivas. Pregunta. El modelo económico de la prensa tradicional atraviesa sus horas más bajas. ¿Cree que los cambios que se están produciendo, motivados en parte por el peso que ha tomado Internet favorecen la irrupción de grupos sociales con menos poder en el ámbito de la comunicación? Respuesta. Las fuentes de información todavía están en la prensa tradicional. Internet te da más variedad de opiniones, pero si realmente quieres saber los hechos, qué es lo que está pasando en los sitios, las opciones siguen siendo las mismas. No hay tantas fuentes de información como parece. Yo creo que la prensa tradicional va a sobrevivir. Encontrarán una manera de entender y utilizar la Red en su propio beneficio. Eso sí, la calidad sigue disminuyendo. La información es hoy más homogénea que nunca. P. ¿No cree que las puertas que ha abierto la Red constituyen una amenaza para ese sistema de poderes del que usted hablaba en Los guardianes de la libertad? R. Internet es un sistema muy valioso, pero también está amenazado. La próxima batalla es la lucha por la net neutrality. El acceso a Internet ya está restringido porque hay que pagar por él, pero ahora las empresas quieren que sea más fácil llegar a unas webs que a otras, en detrimento de quienes no pueden pagar por estar entre las de acceso rápido. Hay que evitar que eso ocurra. P. Usted es uno de los mayores críticos con la política internacional de su país, pero, curiosamente, sus opiniones raramente aparecen en la prensa estadounidense. R. Estados Unidos probablemente sea el país con el mayor grado de libertad de expresión del mundo, el Estado tiene capacidades muy limitadas para reprimirla porque en 1964 abolió el llamado acto de sedición. Pero la libertad tiene muchas dimensiones y otras formas de control, por ejemplo a través del impacto de la concentración de capital. Por eso usted verá mis artículos en Johanesburgo, pero no en The New York Times. P. Europa siguió las pasadas elecciones presidenciales con detalle casi enfermizo. ¿Por qué cree que Estados Unidos sigue fascinando a los europeos? R. El mundo de las relaciones internacionales es bastante parecido a la mafia. Y si tienes una tienda pequeña, te preocupa lo que piense el padrino, porque es peligroso. Europa se preocupa de lo que el padrino piensa, pero no creo que en realidad siguiera la campaña. Siguió todo lo que es superficial, sin entrar en los programas. P. ¿Cree que la crisis económica podría provocar una crisis de valores que lleve a un cambio en la forma de organizarnos social y políticamente? R. Ya está ocurriendo, creo que está bajo la superficie, y la mayoría de la gente la está empezando a sentir de forma instintiva. En la literatura popular del siglo XIX, uno de los temas principales es que quien trabaja el molino debería poseerlo. Hay muchos escritos de la revolución industrial de campesinos que dicen: 'El sistema industrial nos ha quitado nuestra cultura, nuestra individualidad, nos ha convertido en herramientas en manos de otros'. Esas cosas las escribió gente que jamás había oído hablar del anarquismo o del marxismo, pero lo pensaba de forma instintiva. Esta crisis vuelve a impulsar esas ideas. P. Según los políticos, la mayor amenaza para la seguridad mundial ya no es el terrorismo, sino la inestabilidad provocada por la crisis. ¿Cómo interpreta usted ese mensaje? R. Inestabilidad tiene un significado técnico: subordinación a EE UU. ¿Qué ha hecho Obama para lidiar con la amenaza? Rodearse de gente que contribuyó a crear esta crisis, como Timothy Geithner, Laurence Summers, los banqueros, y encontrar una fórmula para rescatar el sistema que ellos dominan y controlan. Todos los millones que Occidente está volcando para salvar sus instituciones financieras no sirven de nada frente a una crisis mucho mayor: hay mil millones de personas al borde de la muerte por inanición. Ésa es la crisis verdaderamente grave, y ese dinero no hace nada por ellos. Curiosamente, no lo he leído en un periódico americano, sino en uno de Bangladesh. Lo que más me sorprende, además, es que los periodistas de aquí nunca mencionen que todas las medidas que ha tomado Obama son exactamente las contrarias que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) recomiendan a los países pobres para salir de sus crisis. P. Acaba de cumplir 80 años, ¿qué le hace seguir luchando? R. Imágenes como ésa. [Chomsky indica un cuadro que cuelga de su despacho en el que se ve al ángel exterminador junto al cardenal Romero y seis intelectuales jesuitas asesinados en El Salvador en los ochenta por los escuadrones de la muerte]. Uno de mis fracasos es que ningún estadounidense sepa qué significa ese cuadro. P. ¿Se ha sentido alguna vez como un Don Quijote? R. No, porque los molinos son reales y algunos incluso los hemos abatido."La prensa tradicional hallará la forma de usar la Red en su beneficio" "La calidad de la información sigue bajando: cada vez es más homogénea" http://www.elpais.com/articulo/cultura/soy...elpepicul_1/Tes |
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| manolo pizarro | Publicado el Aug 31 2010, 12:30 AM |
| Ante el pánico a la quiebra, algunos alcaldes estudian cerrar el ayuntamiento y entregar las llaves. LD. http://www.libertaddigital.com/economia/al...ves-1276400587/ El estallido de la burbuja inmobiliaria ha provocado un desplome de ingresos fiscales sin que, al mismo tiempo, los poderes locales hayan apostado por la necesaria reducción de gastos y endeudamiento público. Más bien al contrario, ya que la deuda de los consistorios sigue en aumento. La insostenibilidad de las cuentas públicas y el riesgo de que los alcaldes tengan que responder personalmente con sus bienes a las deudas contraídas por el Consistorio está generando un estado de pánico en numerosos municipios. Y es que, según un auto del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía emitido el pasado julio, la Justicia podrá imponer "multas coercitivas" sobre los "patrimonios personales" de los alcaldes en caso de que el ayuntamiento no cumpla sus compromisos de pago a las empresas privadas. Carlos Fernández, presidente de los alcaldes gallegos: "No nos queda más remedio que reducir gastos y ajustarnos a los ingresos previstos, teniendo en cuenta además que cada vez hay más fallos en el cobro de impuestos, se generan menos ingresos por actividades económicas y urbanismo y llegarán menos fondos de otras Administraciones" y admite que algún municipio gallego corre el riesgo de no pagar las nóminas de sus funcionarios. --------------------------------------------------- Alucino leyendo estas cosas... parece que en este país, los que gobiernan y han gobernado los ayuntamientos, mientras recogían en abundancia no eran responsables de nada, me consta que capiaban de ZParo. Menuda pandilla de descastados, reducir gastos y ajustarse a los ingresos es lo que hace todo currante desde que le suben el IBI, el impuesto de circulación, los transportes urbanos, los aparcamientos publicos, las plazas de la hora, la recogida de basura, la factura del agua, el porcentaje de la venta de los hidrocarburos y energía dentro del municipio, etc. Lo único que me consuela de esta crisis, es que terminará poniendo a cada mangante en su sitio, tiempo al tiempo. Saludos. |
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| Versión Lo-Fi | Fecha y Hora Actual: 9th September 2010 - 03:56 PM |